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Narcotráfico

DF: alarmante aumento en consumo de drogas
Los colores del narcotráfico
Cocaína al paredón, sicofármacos al poder


Como la más patética analogía, el narcotráfico ha tomado los colores de la bandera nacional: el verde de la mariguana, el blanco de...   Hace décadas que en México se siembra, cosecha, transporta, comercializa y, por desgracia, cada día se consume más todo tipo de enervantes. Desde luego, los cultivos más productivos han sido la mariguana y...
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Los colores del narcotráfico

Javier Ibarrola

Miércoles 18 de mayo de 2005 (19/05/05)
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Como la más patética analogía, el narcotráfico ha tomado los colores de la bandera nacional: el verde de la mariguana, el blanco de la cocaína y el rojo de la sangre que todos los días se derrama en el país.



 

 

 

Hace décadas que en México se siembra, cosecha, transporta, comercializa y, por desgracia, cada día se consume más todo tipo de enervantes. Desde luego, los cultivos más productivos han sido la mariguana y la amapola, sin olvidar la producción de drogas sintéticas.

 

Apenas hace unos años, México se convirtió en una de las rutas principales del tráfico de cocaína producida en Colombia y otros países sudamericanos. Este veneno se consumía preferentemente en Estados Unidos y algunos países europeos, pero no tardó mucho tiempo para que su venta en México pasara del mayoreo al menudeo en forma incontrolable.

 

Los últimos cuatro gobiernos, incluido el actual, han declarado dramáticamente que el narcotráfico es un asunto de “seguridad nacional”, por lo que se lanzaron a una “guerra” que, como todas las guerras, se convirtió en una larga e increíble exposición de cifras.

 

Si se sumaran las superficies sembradas por los narcotraficantes y que cada gobierno ha publicitado como destruidas, ya se habría acabado varias veces la superficie del territorio nacional.

 

En esta guerra, de suyo perdida, han muerto cientos de servidores públicos, agentes judiciales, soldados, etcétera, más por accidentes relacionados con las operaciones que en enfrentamientos directos con los delincuentes. También han fallecido muchos campesinos, no precisamente narcotraficantes, y desde luego delincuentes. Han sido detenidos y consignados miles de campesinos dedicados a esa actividad, impulsados muchos por la necesidad.

 

Reportes de la Procuraduría General de la República hablan de la detención, en lo que va del gobierno, de 25 mil personas ligadas al narcotráfico. Las diferentes instancias gubernamentales se vanaglorian de haber capturado a muchos de los llamados capos del narcotráfico, pero no tantos como para detener ese gran consorcio criminal. Ya se ha dicho que cuando cae un capo surgen de inmediato otros diez.

 

Esta guerra ha generado enormes capitales para los narcotraficantes y para la gente relacionada con ellos, léase empresarios, banqueros, industriales, etcétera.

 

Tengo registrada en mis archivos la plática que sostuve en el principio del presente gobierno con el secretario de la Defensa Nacional, general Gerardo Clemente Ricardo Vega García, cuando en el último desayuno ofrecido a los periodistas con motivo del Día de la Libertad de Expresión (2001) me dijo: “Siempre que se habla de narcotráfico todos voltean a ver a los militares que se han pasado al enemigo, pero nunca a los grandes empresarios que se han beneficiado del negocio, como Roberto Hernández, presidente del Banco Nacional de México, quien en su propiedad de Punta Pájaros, Quintana Roo, tiene grandes almacenes de droga”.

 

Las enormes ganancias del tráfico de drogas han generado también altos niveles de corrupción entre diversas autoridades, policías, ministerios públicos, jueces, militares y algunos políticos, pues constantemente existe la sospecha, muchas veces fundada, que con su consentimiento, y en ocasiones sin percibirlo, sus campañas políticas se han apoyado en recursos del narcotráfico.

 

Por otra parte, la nación ha destinado enormes recursos para esta “guerra” como pago de emolumentos a los servidores públicos, compra de equipo de todo tipo incluyendo vehículos terrestres y aéreos, refacciones, combustibles, etcétera. Además de contar con información vía satélite para localización de plantíos y ubicación de campos aéreos clandestinos. Pero con todo ello, para militares de alta graduación esta guerra está perdida.

 

No es exagerada la afirmación de que, según las cifras de cada gobierno, serían varias las veces en que se ha destruido todo el territorio nacional en cuanto a sembradíos de enervantes.

 

El último reporte de la Secretaría de la Defensa Nacional indica que sólo en una operación realizada a partir del pasado 1 de abril en los estados de Sonora, Sinaloa, Durango y Chihuahua se destruyeron casi dos millones de hectáreas de mariguana y amapola.

 

Una cifra tomada al azar indica que de diciembre de 1994 a julio de 1997 se destruyó casi un millón de hectáreas, lo que demuestra, por otra parte, el tremendo aumento en el cultivo de enervantes.

 

Como la más patética analogía, el narcotráfico ha tomado los colores de la bandera nacional: el verde de la mariguana, el blanco de la cocaína y el rojo de la sangre que todos los días se derrama en el país.

 

La Secretaría de la Defensa Nacional, en su sitio de internet, coloca casi todos los días un reporte sobre la lucha contra el narcotráfico, con promedio de captura y destrucción de cinco toneladas de droga.

 

“Incansable lucha”, “incansable labor”, “buenos resultados”, “permanente trabajo”, “fuertes golpes”, “combate frontal”, “incansable trabajo” son los calificativos más usados en la información sobre la guerra contra el narcotráfico que dan diariamente 30 mil efectivos del Ejército, por más que se sabe de una reciente reducción de cinco mil hombres.

 

Pero el rojo del asunto es aún más grave que el verde y el blanco.

 

Sólo en Sonora, donde se acaba de instalar una nueva Zona Militar (Navojoa), en lo que va del año se han registrado 42 ejecuciones atribuibles al narcotráfico. La más reciente fue la del abogado Mario Sotelo Martínez, quien fue acribillado con ametralladoras AK-47. Dos días antes, cuatro hombres jóvenes fueron igualmente ejecutados en Caborca, Sonora. En Chihuahua otro abogado, Nicolás Ramírez Gutiérrez, fue ejecutado a balazos. En Michoacán, para seguir en este mundo de cifras rojas, en menos de 24 horas tres personas fueron asesinadas a balazos. La policía, en ambos casos, no tiene la menor pista.

 

Y por si faltara alguna señal de lo que está sucediendo, ahí queda la ejecución del diputado local del PAN por Sinaloa, Saúl Rubio Ayala, ocurrida el lunes en el municipio de Sinaloa de Leyva. Rubio Ayala, en plena campaña político electoral, asistió en octubre del año pasado al funeral del famoso narco Miguel Ángel El Ceja Güera Beltrán Lugo.

 

Mientras, en la Ciudad de México, un narcotraficante guatemalteco, Otto Roberto Herrera García, sobre quien pesa una orden de extradición a Estados Unidos, se fugó tranquilamente del Reclusorio Preventivo Sur sin que nadie sepa cuándo ni cómo.

 

¿Qué hacer?, le he preguntado a diversos militares que tienen o han tenido a su cargo misiones antinarcotráfico. Desde luego, todos coinciden en que no es posible bajar la guardia pues la salud de la nación está en peligro, pero también consideran la necesidad de que la lucha se dé en otros ámbitos.

 

Una variante a contemplar es una relación más amplia con Estados Unidos para establecer nuevas estrategias no sólo de combate, sino de convencimiento interno, es decir trabajar más dentro del mayor mercado de consumo del mundo.

 

Incluso, hay quien ya menciona la posibilidad de legalizar el uso de drogas, controlando la producción y endureciendo las penas a los que comercializan la droga en escuelas, universidades y centros de trabajo, de diversión, recurriendo a la clausura inmediata de los establecimientos y consignación de propietarios y demás responsables.

 

Reforzar las actividades preventivas, atención a drogadictos en instalaciones de salud, suministro bajo control médico a drogadictos, incluidos los reos en prisión para evitar los grandes nexos de corrupción que existen en todos los niveles.

 

Lamentablemente, lo único cierto es que el mal avanza, el narcotráfico crece y los carteles se vuelven más poderosos en todo sentido.

 

Es claro que esta es una guerra que jamás se va a ganar sólo con balas o esperando que los narcos se exterminen unos a otros.

 

 

 

fuerzasarmadas@prodigy.net.mx y

www.prodigyweb.net.mx/fuerzasarmadas

 

 


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