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Imagina que esta mañana, como es rutina, vas a desayunar con tu familia. Solo que cinco minutos antes de sentarse a la mesa, discretamente colocas al centro una botella de vino tinto. Sin descorchar. ¿Qué sucede? Lo más probable es que alguien pregunta qué hace esa botella ahí. O que nada suceda: a...
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La mota y el vino tinto

Ricardo Sala, Wordpress

Jueves 30 de enero de 2014 (06/02/14)
Wordpress ver en ricardelico.wordpress.com






Imagina que esta mañana, como es rutina, vas a desayunar con tu familia. Solo que cinco minutos antes de sentarse a la mesa, discretamente colocas al centro una botella de vino tinto. Sin descorchar. ¿Qué sucede? Lo más probable es que alguien pregunta qué hace esa botella ahí. O que nada suceda: a menudo hay cosas sobre la mesa que no corresponden con el desayuno. ¿Cuánto te sorprendería si alguien distinto de ti se hace de un sacacorchos y de copas, y acompaña sus chilaquiles o fruta con unos sorbos de vino tinto? ¿Cuáles son las probabilidades de que la inocente travesura mañanera de colocar ahí la botella, conduzca sin más al alcoholismo de tu hijo o hija?

Este ejercicio pretende ilustrar la compleja relación que guardamos con el vino tinto: una bebida aceptada socialmente, legal por supuesto, y sujeta a patrones de conducta más o menos definidos que reducen su impacto a la salud –en cierta medida– y potencían su aprovechamiento para el deleite, las mejores de las veces colectivo.

La cannabis como el vino tinto puede tener un lugar en la sociedad. Ya lo tiene, pero la ilegalidad y el estigma han arrastrado a la relación que existe entre esta planta y esta especie de primate, hacia las subculturas y el secretismo. Los cambios en su estatus legal están generando una relación más abierta y pronto más visible de los usuarios con la cannabis. Esta nueva relación social irá definiendo tiempos, lugares y formas adecuados para un consumo u otro, aceptados socialmente. Siempre habrá subculturas más extremas, siempre habrá individuos que abusan. Pero así como con el vino tinto hemos llegado a patrones conductuales que nos sirven de herramientas para evitar el abuso del vino tinto –o para reducir sus daños– por caminos similares llegaremos a conductas y mecanismos que coloquen a la marihuana en un lugar menos dañino que en donde está ahora.

La mota está hoy todavía en las manos del crimen organizado, en las manos de personas en situación de riesgo, en las manos de policías dispuestos a “sembrarla” a jóvenes para llevarlos al MP o extorsionarlos. Debería estar en las manos de personas responsables: consumidores, productores, legisladores, reguladores, médicos y comerciantes responsables, dedicados a reglas claras y transparentes.

Éso es la legalización. Poner el vino tinto o la mota sobre la mesa del debate público, no va a hacernos abrir la botella de vino tinto, ni nos va a convertir a todos en pachecos. Poner la mota en la legalidad, tampoco. Al contrario, aprenderemos a lidiar con esta planta y sus derivados, con su deleitable floración psicoactiva así como con sus riesgos y daños, sin enriquecer al “narco”.

¡Salud!

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