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Dos caras de una moneda: criminalidad y salud. Otra guerra perdida de Fox :: Drogas México

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(imagen: http://cienciados.com/causas-y-consecuencias-de-la-adiccion-a-las-nuevas-tecnologias/)

Inauguran congreso contra adicciones
Dos caras de una moneda: criminalidad y salud. Otra guerra perdida de
La farmacodependencia, tema prioritario de salud pública en México


Suplemento MasiosareEl autor, quien como funcionario público estuvo ligado a temas de seguridad nacional, examina en este texto la ineficaz 1. Criminalidad   Las noticias escandalosas se suceden diariamente. Se pierde el registro del ayer por importante que fuera. Se va postergando con un gran riesgo la consideración de...
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Dos caras de una moneda: criminalidad y salud. Otra guerra perdida de Fox

Jorge Carrillo Olea

28 de marzo de 2004 (30/05/05)
La jornada ver en jornada.unam.mx


Suplemento Masiosare
El autor, quien como funcionario público estuvo ligado a temas de seguridad nacional, examina en este texto la ineficaz




1. Criminalidad

 

 

 

Las noticias escandalosas se suceden diariamente. Se pierde el registro del ayer por importante que fuera. Se va postergando con un gran riesgo la consideración de hechos nacionalmente trascendentes.

 

Desde ayer se está perdiendo una guerra en todos los frentes, "una guerra que vamos a llevar a las últimas consecuencias", como llamó Vicente Fox a su política contra las drogas, y según evidencias visibles, esas consecuencias son definitivamente negativas.

 

Más de 70 ejecuciones antes de terminar febrero han alarmado a la sociedad. Los secuestros, los de técnica desarrollada y los simples y elementales van al alza, los que se denuncian y de los que se sabe por medio de la comunicación comunitaria. Los crímenes callejeros son cada vez más frecuentes y lastimosos y muchos de ellos tienen atrás la disputa por los espacios para dominar la oferta cada vez más expandida de las drogas, antes sólo las suaves y ahora también duras: cocaína, heroína y drogas de diseño. Estos son indicadores, los más estrepitosos, de que la criminalidad, particularmente aquella vinculada con las drogas, está en su pleno apogeo.

 

En su contienda mediática estéril, el procurador general de la República intenta hacer válida la idea de que tantos muertos y tanta sangre son sólo porque hay eliminación entre bandas y que ello se debe a que la autoridad les están cerrando espacios. Visto desde esa perspectiva, debemos estar muy satisfechos pues se están matando entre sí. El procurador elude destacar dos cosas: la capacidad de regeneración de las cúpulas criminales, y que su deber es la persecución del delito, cualesquiera que sean sus orígenes y protagonismo. El se asila en cuidadosos discursos y entrevistas.

 

El secretario de la Defensa carga contra los jueces por no imponer penas más severas. Valientemente unos periodistas le recuerdan quiénes son los que dictan las leyes. Lo que tal vez ignora el secretario es la debilidad y defectos de técnica jurídica con que se formulan las averiguaciones previas, cargadas de fallas a la hora de consignarlas. Quizá tampoco se haga cargo cabalmente de la escasa calidad profesional de los Ministerios Públicos que representan a la sociedad durante los juicios, para no hablar de corrupciones.

 

La relación de la Procuraduría General de la República con la Agencia Antidrogas Estadunidense (DEA) se ha relajado. En 1992 se le fijaron reglas para su presencia en el país que merecieron el calificativo de inflexibles y paralizantes por parte del procurador estadunidense William Barr. Hoy los agentes de la DEA, de vuelta a las andadas, dan órdenes a agentes mexicanos, recolectan y dan información, se mueven sin límite por todo el territorio, pagan colaboradores ilegales, participan en operativos, portan armas, no informan de sus actividades. Los "envíos controlados" se reanudaron. Estos son tráficos de drogas organizados por la DEA para cruzar varios países como señuelo para detener narcotraficantes. Son actos flagrantes contra el derecho mexicano. Todo lo prohibido en el pasado está de regreso.

 

Otras formas criminales vinculadas a las drogas también florecen. De acuerdo con informes de la Oficina contra las Drogas y el Delito, de la ONU, antes Junta de Fiscalización de Estupefacientes, crecen la producción de enervantes y el tráfico de drogas. Informes de la Oficina para la Política sobre Drogas de la Casa Blanca indican que "el principal impedimento para alcanzar éxito (en México) es la debilidad institucional y la corrupción endémica" (www.whitehousedrugpolicy.gov/).

 

Por inútil, queda fuera una discusión sobre la calidad de los recursos humanos, del desarrollo tecnológico de la investigación, de la calidad de la información propia y de la que se recibe de la DEA, y de la suficiencia de los recursos financieros disponibles.

 

Hablan mucho el gobierno y algunos funcionarios y particulares de reformas al código para aumentar las sanciones. No quieren aceptar que las actuales serían suficientes si se lograra una procuración y una administración de justicia confiables; así aumentaría el número de indiciados que llegaran a ser sentenciados. La falla está en los procedimientos malamente aplicados, no sólo en las leyes. Ellos son la causa fundamental de la impunidad.

 

El deber de la lucha contra el crimen es inevitable. La discusión son los métodos y los resultados, pero en lo que existe una completa omisión es en la falta de enfoque social del problema. Un bosquejo de despenalización, la prevención efectiva de las adicciones, la asistencia sanitaria y la reinserción social no existen.

 

Bajo estas premisas, la "guerra" de Fox, salvo cambios sustantivos en ella, ya muy difíciles de conseguir por él, está francamente, con consecuencias casi imprevisibles, en una ruta de perdición.

 

2. Salud

 

La criminalidad es el más espectacular indicador del hecho de que el fenómeno de las drogas va resueltamente al alza. Desde el punto de vista humano debiera crearnos igual o mayor dolor el tema de la salud vinculada a ellas. Miles y miles de jóvenes cada año entran en una incógnita que sólo una parte logra resolver satisfactoriamente en un marco de libertad informada. Alguien diría: es un fenómeno más de la juventud que desaparece con la misma.

 

No todas las drogas son rechazables en principio. Lo que es crucial para todo usuario potencial es su dificultad para elegir apropiadamente si ser usuario o no, sin suficiente información. En su caso, la clasificación de "duras y suaves" es una alerta sobre una diferencia capital pero es insuficiente. Poner límites a las cantidades y frecuencia, esto es, al consumo excesivo, es el otro gran reto.

 

De ahí el valor formidable de la prevención, que debería ayudar a concluir afirmativa o negativamente en una decisión sobre el uso, pero mediante información suficiente. Hoy los jóvenes se vinculan o no con la droga sin un marco informativo de referencia. No eligen inteligentemente, actúan por curiosidad o por el empuje social; no pueden saber así cuál es su límite.

 

Hermanas inseparables de la prevención son la asistencia sanitaria a adictos y el apoyo para la reinserción social. En México, como resultado de un deslumbramiento de décadas por el solo combate a la producción y tráfico, tenemos estas tareas humanitarias casi en el olvido.

 

Son a tal grado ausentes las tareas de prevención que hasta advertir su abandono es difícil. Debiendo ser el objetivo prioritario de todo esfuerzo en la materia, no lo es. No nos es familiar ningún programa informativo, ya sea escolarizado, a través de los medios, de organizaciones de servicio social y actualmente con posible gran éxito en Internet. Se debiera informar, preferentemente a la juventud y hasta niñez, de las características de las drogas, del efecto de su uso o de su abuso, de las modalidades siempre perversas de su oferta, de los costos en salud, económicos, y sobre la desintegración social que pueden producir. La tarea de sensibilizar a la sociedad para participar en la creación de una cultura selectiva no existe. Se teme provocar reacciones en estratos atávicos con gran capacidad de escandalizar, como ha sucedido con temas como la planeación familiar y el aborto.

 

La asistencia sanitaria no existe como responsabilidad de Estado y en el universo privado han proliferado "clínicas", que además de ser costosísimas, muchas de ellas carecen de control de calidad. Son verdaderas simulaciones que prosperan con la salud y el patrimonio de sus asistidos. Así, la rehabilitación está reservada para los muy pudientes que pueden costearla en establecimientos privados nacionales y muchos de ellos en el extranjero.

 

Para tener un ejemplo comparativo de una política de Estado responsable podría señalarse genéricamente el caso de la española. La población española total es poco menos de la mitad de la nacional mexicana, aunque con mayores índices de consumo. Es útil señalar que sus servicios sanitarios atienden en tratamiento a cerca de 100 mil adictos en rehabilitación en 489 centros ambulatorios, 55 unidades hospitalarias, 97 comunidades terapéuticas y mil 595 centros de suministro de metadona (www.mir.es).

 

No nos es familiar tampoco una estructura de oferta de servicio social, ya sea oficial o privada, que ofrezca auxilio al ex usuario para su adecuada reinserción social, ya sea que enfrenten problemas de salud, laboral, de carácter judicial o con ninguno de ellos. Hablar de un sistema de albergues, becas, ayudas condicionadas, programas productivos, asistencia legal, etcétera, es impensable.

 

Seguimos la agenda estadunidense: "repriman la producción y el tráfico", y nos cubrimos simplemente con un enunciado sobre la prevención. Nunca hemos conocido de un programa nacional que fuera apoyado técnica o financieramente por el gobierno de aquel país, pero sí ha concurrido para cohibir el tráfico: 17 mil 858 millones de dólares en 2001 (www.whitehousedrugpolicy.gov).

 

El manejo integral del problema es inexistente. No hay programas estatales, menos municipales. De la participación del sector salud sólo se registra el escándalo originado por Guido Belssaso, y la participación real de otras secretarías, como Educación, que es forzosa para la información preventiva, es imperceptible. Cuando la Secretaría de Hacienda ha actuado es en función de la presión internacional o como preocupación propia de carácter hacendario, totalmente desligada a la preocupación por la salud nacional. No existe una instancia de coordinación intersecretarial que dé dirección y corrección y nadie preside el esfuerzo. Nadie manda, una vez más.

 

 

 

tuopinionjc@hotmail.com

 

 


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