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Estimulantes tipo anfetamínico.
Cultura general y medidas de reducción de daños en torno a anfetaminas, metanfetaminas, éxtasis, MDMA..

Tachas a 25 pesos
Felices como adictos
Anfetamina o metanfetamina


La velocidad y el desafío como normas de conducta entre la población joven de la capital. Esto se puede deducir de los accidentes automovilísticos que persisten en la urbe: los accidentes de tránsito alcanzan aquí su mayor índice y primera causa de muerte entre quienes tienen 15 y 29 años de edad, de acuerdo con cifras oficiales....
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Felices como adictos

Sergio González

Lunes 1 de marzo de 2010 (31/03/10)
Revista Chilango ver en chilango.com





La velocidad y el desafío como normas de conducta entre la población joven de la capital. Esto se puede deducir de los accidentes automovilísticos que persisten en la urbe: los accidentes de tránsito alcanzan aquí su mayor índice y primera causa de muerte entre quienes tienen 15 y 29 años de edad, de acuerdo con cifras oficiales.

Los jóvenes chilangos gustan de beber cocteles que aceleran su euforia y prolongan la ebriedad en días de fiesta o de entretenimiento nocturno: energizantes y licores de alto grado. Por ejemplo, Jägermeister y Boost, el llamado coctel "Perla negra". A volar duro. Por vía de la red Twitter, el otro yo rapidísimo de la tribu juvenil, pueden evadir a tiempo los retenes de la prueba de alcohol punitiva que las autoridades imponen a los automovilistas por las noches.

Pero resulta difícil engañar al cuerpo: los expertos advierten que puede haber daños graves en el sistema cardiaco y el hígado cuando se ingiere ese tipo de cocteles. A pesar de eso, 60% de los jóvenes los consume, y si de por sí el efecto es severo, mezclado con "tachas", pastillas o cápsulas de éxtasis (MDMA o 3,4-metilendioximetanfetamina), la consecuencia se vuelve digna de un relato del Libro Vaquero: alegre, fascinante y letal.

El imaginario que se impone para acompañar tales gustos proviene de la instantaneidad hiperquinética de internet, los videojuegos y el resto de los gadgets que la generación de los nacidos hacia 1980 y después ha empleado desde temprana edad. Algo supersónico, pluridimensional y compulsivo. Lo malo es que la realidad tiende a ser lenta, opaca y obstaculizadora. Los intereses vitales suelen ser los bares, el ocio, la narcosis, la indiferencia radical que describió tantos años atrás Irving Welsh en Trainspotting, y que puso al día Daniel Krauze en su novela Cuervos después de aclimatarla a la Ciudad de México y su épica urgente en torno del consumo de Jägermeister y éxtasis.

Los datos públicos expresan que en todo el país hay 4.7 millones de adictos. Los rasgos importantes del tema señalan un incremento "importante" del consumo de cocaína, que ya suman 1.7 millones, y que se han cuadruplicado las metanfetaminas respecto de la década anterior. Los consumidores de marihuana se cuentan por más de 3 millones. Las cifras, sin embargo, se limitan al diagnóstico general, sin que sepamos más de la proveniencia socio-económica de los adictos.

Puede columbrarse que las drogas citadas (alcohol, cocaína, marihuana y metanfetaminas) son sustancias todo-terreno en términos de edad, sexo, clase social y ocupación laboral. En esta década nuestro país dejó de ser territorio de paso para las drogas y se convirtió en su mercado. De allí que si se quiere aventurar un vistazo a los rituales de personas y colectividades al respecto, se deben fundirlos como en una sala de montaje fílmico.

Los adictos chilangos de mayor edad representarán al personaje de Al Pacino/Tony en la ya clásica Caracortada de Brian de Palma cuando alardea contra sus enemigos con la cara empolvada de cocaína. ¿O pensarán en las fantasías de ser yuppies tardíos, semejantes a los que imperaron en las metrópolis estadounidenses 25 años atrás? Quizás los toxicómanos de edad intermedia en México encuentran el sendero de la vida en las ideas de Drugstore Cowboy de Gus Van Sant y su asociación entre el consumo de drogas y el pandillerismo.

A su vez, los amantes de las drogas acudirán a las escenas de Réquiem por un sueño de Darren Aronofsky y su historia del consumo de drogas igual a degradación, previa estancia placentera en los brazos de la bella Jennifer Connely/Marion. Aunque más bien la mayoría de los consumidores de marihuana deben experimentar las delirantes aventuras de Piña express de David Gordon Green.

Con todo, la pobreza y la desigualdad de la enorme mayoría de los más nuevos adictos mexicanos los devuelve a los márgenes que consignó una generación atrás Paul Leduc en su etno-película ¿Cómo ves? sobre los arrabales urbanos, que ya se han expandido a todo el país. Los rituales de la adicción en México reflejan el encuentro indeseado con un retroceso irreversible y el auge de la incertidumbre. Contra la velocidad, se impone la lentitud destructiva y la estrechez generalizadas.

Sergio González Rodríguez es como, podemos ver, un adicto que recibe sus dosis de irrealidad en salas oscuras, repletas de adictos como él: cinéfilos sin remedio, devoradores de palomitas.


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