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Perseguir las drogas es absurdo :: Drogas México
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Miguel de la Vega

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Perseguir las drogas es absurdo
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Su biografía dice que es un filósofo. Pero en realidad Fernando Savater es mucho más: es un hombre que ama los caballos porque su padre lo llevaba a las carreras; es una delicia cuando habla lo mismo de la muerte que de un buen whisky; es el hombre sabio que vive de explicar el...
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Perseguir las drogas es absurdo

Fernando Savater, Miguel de la Vega

2 de noviembre de 2014 (04/11/14)
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Su biografía dice que es un filósofo. Pero en realidad Fernando Savater es mucho más: es un hombre que ama los caballos porque su padre lo llevaba a las carreras; es una delicia cuando habla lo mismo de la muerte que de un buen whisky; es el hombre sabio que vive de explicar el mundo al hombre común.

Lejos de las poses del intelectual que se ubica en el Olimpo, Savater es irreverente y desenfadado en el trato. Pero es estricto en el razonamiento e implacable en los argumentos.

En una visita de dos días al Distrito Federal, acepta hablar de todo: de Ayotzinapa y el poder corruptor del narcotráfico; de la legalización de las drogas y sus años mozos con la "golden"; de cómo ser ciudadano a cómo ser un fanático.

¿Cómo explica la movilización de la sociedad ante el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos?

Lo que no me explico es cómo puede haber las desapariciones y los crímenes. La movilización, relativamente, es más explicable.

¿Por qué?

Que la gente reaccione ante un hecho como éste, con las perspectivas criminales que abre, demuestra que la gente no está todavía dormida ni indiferente.

Tardamos mucho en reaccionar, ¿no?

Ha habido una tendencia a considerar que, más o menos, ese tipo de corrupción entre autoridades y criminales era cosa del pasado. Que vuelva a aparecer y con una manera tan cruda y tan violenta y tan ofensiva como este caso, lógicamente, a la gente le remuerde la conciencia.

¿Qué se podría hacer con el caso de Ayotzinapa?

Habrá que investigar, enviar indagadores que sepan honradamente descubrir o buscar lo que ha ocurrido. Pero, sobre todo, lo que hay que definir es qué se va a hacer para evitar que esto vuelva a ocurrir. Cuáles son las leyes, cuáles son las modificaciones legales, las institucionales que hay que tomar para que esto no vuelva a pasar.

¿Qué tuvo que descomponerse en México para que llegáramos a donde estamos hoy?

La persecución de la droga es un absurdo porque no produce más que males en las sociedades. Ha terminado por formar un negocio tan fabuloso que eso crea grupos adictos a ese dinero fácil y a la violencia que le rodea. Y esos grupos se compran políticos y, de alguna manera, corrompen la estructura social. Entonces, claro, hay que combatir el narcotráfico en su raíz económica.

Hace unos 30 años, usted dijo -o predijo- que los gobiernos de Latinoamérica no podrían acabar con el narco y que éste les iba a socavar su poder.

Me temo que, más o menos, eso es lo que pasó.

Está pasando...

No se puede acabar con las drogas. Vamos a tener siempre ese tipo de cosas al alcance de la mano. Lo que pasa es que la prohibición las convierte en una mercancía de un precio y de una irresistible función económica que hace millonarios a los más desaprensivos de la sociedad.

¿La corrupción es sólo un asunto económico o de falta de ética?

La falta de ética es algo personal. Es verdad que corruptos hay en todas las sociedades. Lo más grave es cuando eso se envuelve, además, en una trama criminal.

¿Qué es lo que más le sorprende de una situación como ésta?

Que las cosas vayan resbalando hasta llegar a estos extremos. Todas las plantas, cuando son pequeñas, se pueden arrancar con facilidad. Pero, bueno, cuando son un árbol, es muy difícil.

Hablando de ciudadanos y ciudadanía: ¿somos culpables el resto de los mexicanos?

Culpables, no. Responsables, sí. En una sociedad democrática, políticos somos todos. Es evidente que alguna responsabilidad tiene uno en esa corrupción de instituciones, en ese apoyo de lo que no debe ser. Por eso hay que plantearse no sólo buscar culpabilidades y darse golpes de pecho, sino enmendar la situación.

Buscar responsables, pero para cambiar las cosas...

¡Exactamente! No simplemente decir: “bueno, vamos a ver a quién colgamos como culpable”. El problema es qué hacemos para que esto no vuelva a ocurrir.

Hay una insistencia en culpar de todo al Estado, como si fuera un ente ajeno a los ciudadanos.

Eso es absurdo. Si el Estado funciona mal es porque funcionamos mal nosotros. Nosotros somos el Estado. Los que abusan en nombre del Estado es porque nosotros los dejamos.

¿Eso significa que tenemos el Gobierno que nos merecemos?

No tanto. Tenemos el Gobierno que consentimos. No ponemos los medios eficaces para impedir que eso ocurra.

Usted padeció una dictadura. ¿Ve alguna similitud entre el México actual y el del 68, por ejemplo?

Una cosa es una democracia imperfecta y otra cosa es una dictadura más o menos completa, ¿no? Yo he vivido 28 años de mi vida bajo un dictador, que era Franco.

Esa sí era dictadura...

Claro. Hoy la democracia, tanto la de España como la de México, está llena de defectos -y soy el primero en denunciarlos-, pero nunca diré que eso es peor que la dictadura o que eso es peor que Franco.

Para el caso de Ayotzinapa, ¿funcionaría una Comisión de la Verdad?

Una comisión que busque la verdad sí sería interesante. Es decir, alguien que lleve a cabo la investigación imparcial, profunda, no tratando de encontrar una respuesta superficial, sino buscando las raíces de lo que ocurrió.

¿A qué se refiere con superficial?

¡Hombre! Superficial sería simplemente buscar un culpable ad hoc. En estos casos, pues el que apretó el gatillo, el último de una cadena de responsables.

Hay quienes proponen al juez Baltasar Garzón, ¿necesitaríamos una figura así?

Necesitaríamos un buen juez. Es decir, no un juez Garzón, que ha cumplido sus funciones en otros ámbitos. En México habrá jueces responsables y lo que hace falta es dejarles las manos libres para que actúen. No hace falta importar uno foráneo, ¿no?

¿Qué pasaría si nunca aparecen los muchachos?

Sinceramente, ojalá me equivoque en esto, creo que no van a aparecer. Me alegraría muchísimo que me equivocara.

¿Sería preferible que aparezcan muertos a que sigan desaparecidos?

En cierto sentido sería preferible, porque eso despeja una duda y permite el duelo de los familiares. Lo otro es más cruel todavía.

Como a Al Capone

Savater no le da muchas vueltas: la solución está en legalizar las drogas. Sólo así, afirma, se le quitaría a los cárteles la fuerza económica, el poder corruptor.

¿El narcotráfico es una forma de terrorismo?

El narcotráfico puede desembocar en usos terroristas: atentados, asesinatos selectivos, etcétera.

Y cuando tenemos instituciones dominadas por el narco, ¿eso qué es?

El narco es un poder económico, irresponsable ante cualquier tipo de tribunal, que sólo busca la complacencia del poder egoísta de los que lo ejercen y que, naturalmente, puede comprar poderes del Estado.

En español...

Cuando alguien tiene un enorme poder económico, policías, políticos, etcétera, pueden ceder y dejarse comprar.

¿Y eso cómo se podría evitar?

Primero, acabando con el poder económico de los traficantes.

Lo dice como si fuera muy fácil. ¿Cómo se hace?

Cosa sencilla: a Al Capone se le acabó legalizando la venta de alcohol. Se acabó así con el poder de los que vivían de vender alcohol clandestinamente. No estaría mal seguir ese ejemplo.

¿Y usted cree que Enrique Peña podría aventurarse a siquiera pensar en legalizar las drogas?

¿Pensar? Yo creo que lo ha pensado mucho. Pero una cosa es pensarlo y otra es decirlo en voz alta. Hace tres, cuatro años, en Monterrey tuvimos una mesa redonda con el ex presidente Ernesto Zedillo, Óscar Arias... Y todos estaban bastante decididos en ese momento a que la despenalización era un camino que había que seguir. Yo dije: “lástima que no lo pensasteis cuando estabais en el poder”. Yo lo llevo diciendo hace como 30 años, pero como no tengo poder, nadie me hace caso.

¿Usted consume drogas?

Yo he tomado, prácticamente, de todas las drogas que hay en el mundo, legales e ilegales. Pero, vamos, me divierten más las legales porque tienen menos requisitos: el whisky, los puros habanos...

¿Y de las no legales?

Me acuerdo de la marihuana “Golden” colombiana de los años mozos, que era estupenda. Hombre, yo soy de la generación que disfrutaba mucho con ella...

[Fragmento]

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