Loading
Buscar en Drogas México

   

¿Una elección narcotizada? :: Drogas México
autor

René Delgado

[ No hay fichas posteriores ]
¿Una elección narcotizada?
[ No hay fichas anteriores ]


Creer que las precampañas corren por una pista incomunicable con la narcoviolencia, es tanto como creer que en México ocurre todo sin que...La elección de Arturo Montiel para competir por la candidatura presidencial tricolor, la renuncia de Andrés Manuel López Obrador al gobierno del Distrito Federal para entrar de lleno a la escena electoral o el...
AGO
6
2 0 0 5

0 comentarios


¿Una elección narcotizada?

René Delgado

Sábado 6 de agosto de 2005 (07/08/05)
Reforma ver en reforma.com

Creer que las precampañas corren por una pista incomunicable con la narcoviolencia, es tanto como creer que en México ocurre todo sin que nunca pase nada



La elección de Arturo Montiel para competir por la candidatura presidencial tricolor, la renuncia de Andrés Manuel López Obrador al gobierno del Distrito Federal para entrar de lleno a la escena electoral o el curso de la precampaña de Acción Nacional son, sin duda, el acontecimiento político del momento. Pero concentrar la atención en eso, desconociendo el creciente desafío planteado por el narcotráfico y el crimen organizado al Estado mexicano, es cerrar los ojos frente a la violencia que, sin control ni contención por parte de la autoridad, puede colapsar el proceso preelectoral y electoral.

 

 

Insistir en la idea de que la precampaña electoral corre por una pista paralela, distinta e incomunicable con la actividad del narcotráfico y el crimen organizado es tanto como creer que en México ocurre todo sin que nunca pase nada. No es así.

 

En el país están ocurriendo cosas que, en un descuido, podrían arrojar por resultado una elección narcotizada: un concurso que, de pronto, podría verse afectado por la violencia, o bien, del cual surgiría un nuevo gobierno —cualquiera que éste sea—, sin posibilidad de gobernar por la virtual inexistencia de un auténtico Estado de derecho.

 

...

 

 

Más allá de la simpleza con la que el gobierno federal interpreta la narcoviolencia como producto de los golpes asestados a los capos de la droga y, por lo mismo, como una absurda condecoración a su desempeño, es claro que el mapa de la guerra entre los cárteles se ha sobrepuesto al mapa electoral. Esos mapas se están sobreponiendo.

 

Algo más que una coincidencia debe de ser el que en las entidades donde recientemente hubo elecciones estatales o municipales, es donde las ejecuciones, los levantones y las confrontaciones con arsenales mucho más sofisticados que los rifles de asalto y los revólveres, están teniendo lugar. En el desciframiento de esa aparente coincidencia, quizá, podrían encontrarse claves de los vasos comunicantes entre la política y el narcotráfico.

 

Tijuana, Culiacán, Nuevo Laredo, Cancún y, ahora, Acapulco son las plazas calientes que llaman la atención por el grado de violencia que registran. Sin embargo, a esas ciudades se agregan —con brotes de violencia nada despreciables— Ciudad Juárez, Monterrey, Guadalajara y la misma capital de la República. Esto, desde luego, dejando de lado puntos en Michoacán, Veracruz, Quintana Roo, Sonora y otras entidades que ya tienen noticia de lo que es la actividad violenta del narcotráfico.

 

¿Se puede desvincular un proceso democrático-electoral del territorio donde tendrá registro, sobre todo, cuando en ese territorio varias de sus plazas más importantes escapan al Estado de derecho? ¿Se puede creer en una contienda cívico-política, cuando en esas plazas se desarrolla una guerra económico-criminal que vulnera las condiciones mínimas necesarias para desarrollar aquella otra contienda?

 

Por más que se insista en que la brutal expresión de la narcoviolencia no debe ser motivo de preocupación política y social porque, como dice increíblemente el mismo presidente de la República, es un asunto entre narcotraficantes, la ausencia del Estado de derecho se está expandiendo aceleradamente a lo largo y ancho del territorio nacional y está teniendo un derrame que rebasa con mucho la idea de que no afecta otras esferas del quehacer nacional.

 

...

 

 

La evidencia de ese derrame que se pretende negar es Nuevo Laredo.

 

El conflicto diplomático que está generando con Estados Unidos la narcoviolencia en esa plaza, es una luz roja de lo que podría ocurrir si, en verdad, el gobierno y los partidos no prestan atención al significado del desafío planteado por el narcotráfico y elaboran de consuno una estrategia para someterla y contenerla.

 

La narcoviolencia, acéptese o no, tiene ya un delicado efecto en la relación con el principal socio de México que es Estados Unidos. Puede creerse, como sostienen algunos funcionarios mexicanos, que el embajador Antonio Garza exagera la nota, pero el punto es que —exagerada o no— esa descalificación apalanca cualquier tipo de presión que, relacionada o no con el narcotráfico, Estados Unidos pretenda ejercer sobre México. Presiones que, fincadas en un innegable ambiente de inseguridad pública, tomarían al gobierno mexicano en un momento de debilidad: la contienda electoral supone, por la naturaleza de aquel concurso, el debilitamiento del gobierno.

 

Si eso es grave, no menos lo es que en distintos sectores de la sociedad permea la impresión de que el gobierno mexicano actúa —aun dando palos de ciego— frente a la narcoviolencia no en función de garantizar a la ciudadanía mexicana el derecho de vivir en un estado de orden y paz pública, sino en función de la presión de Estados Unidos. La cínica desatención de la autoridad del clamor nacional por recuperar calles, plazas y alamedas de manos del crimen organizado, se vuelve orden precisa si es queja de la Embajada de Estados Unidos.

 

Se puede estar o no de acuerdo con la decisión de Estados Unidos de cerrar su consulado en Nuevo Laredo, pero no se puede negar que, en razón de esa presión, el gobierno mexicano está reaccionando. La seguridad de los ciudadanos mexicanos no aparece como motivo de esa reacción. Y eso es delicado.

 

...

 

 

Formando fila detrás de ese problema, aparece Acapulco.

 

En lo que va del año, ese destino turístico acumula 35 homicidios, 20 de ellos con las características propias de las narcoejecuciones. Esa plaza tiene un valor importante en el plano del turismo y sucede que su incorporación a la escena de la narcoviolencia ocurre en un momento en que la actividad turística vive un repunte económico importante.

 

Si en esa plaza —que es otra puerta de entrada internacional— al gobierno estadunidense o a cualquier otro gobierno extranjero comienza a inquietarle el nivel de la violencia, el gobierno mexicano no podrá manifestar sorpresa si, de pronto, surgen las recomendaciones para evitar visitar ese plaza.

 

La amenaza de convertir Acapulco en un punto de la guerra de Los Zetas contra Los Pelones está ya hecha. Y, así, aunque el gobierno crea que todo se reduce al enfrentamiento de cárteles que ponen los muertos, el derrame de esa violencia está anunciado en Acapulco y, de ese modo, se abre otro frente más en el problema.

 

...

 

 

En el campo diplomático, económico y social, la narcoviolencia está derramando innegablemente su actuación pero eso no es todo y, quizá, ni siquiera es lo más grave.

 

En todas esas plazas donde el narcotráfico despliega su puesta en escena, la actividad político—electoral será, en el mejor de los casos, un fuerte dolor de cabeza. Si hace algunos meses, a raíz de la ejecución del periodista del semanario Zeta, Francisco Ortiz Franco, el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos visitó la plaza, haciéndose acompañar de un convoy del Ejército, ¿qué se va a hacer cuando un precandidato acuda a hacer proselitismo a algunas de esas plazas?

 

Esa interrogante puede tener muchas respuestas. Es posible que los precandidatos resuelvan borrar del itinerario de su campaña esas plazas pero, entonces, cómo se va a explicar a la ciudadanía que hay lugares de la República no aptos para participar del proceso cívico electoral. Es posible que el gobierno tenga que montar muy fuertes operativos en torno de aquellos precandidatos que resuelvan ir a ellas pero está por verse qué dicen los precandidatos. Es posible, y este es el punto más delicado, que el narcotráfico encuentre en la contienda electoral condiciones más que adecuadas para desarrollar su propia campaña paramilitar.

 

Resulta increíble que el gobierno y los partidos jueguen con la peligrosa ilusión de que la narcoviolencia y el proceso electoral corren por pistas distintas y no adviertan que esa violencia puede descarrilar el proceso electoral. Creer que la incipiente democracia mexicana está blindada frente a la actividad del narcotráfico cuando los más simples acuerdos políticos no encuentran espacio entre los competidores, es jugar con fuego. Pero con un fuego que, por el tipo de arsenal que está mostrando el narcotráfico en sus enfrentamientos, es mucho más que un simple fuego.

 

...

 

 

Pueden el gobierno y los partidos políticos insistir en la idea de que una cosa es el proceso electoral y otra, completamente ajena y distinta, es la actuación del narcotráfico. Pueden cerrar los ojos y decir que no ven nada que altere "la normalidad democrática", para dar lugar a una competencia secuestrada donde el ganador, cualquiera que éste sea, antes de asumir el gobierno sea ya rehén de un cuadro de ingobernabilidad, con peligrosas expresiones de violencia.

 

Pueden seguir en esa idea pero lo que no pueden negar es que están dando lugar a una elección narcotizada. Narcotizada porque ha perdido noción de las condiciones del terreno donde pretende llevar a cabo la competencia, o bien, narcotizada porque, a fin de cuentas, es el crimen organizado el que determinará su curso, sus accidentes, su valor y sus posibilidades.

 

La degradación que vive el país en renglones directamente vinculados con el Estado de derecho y con la convivencia civilizada que toda democracia supone, está acelerando su ritmo y perfilando un escenario en extremo peligroso.

 

Si el gobierno, los partidos, los precandidatos y la autoridad electoral no reaccionan en serio frente al cuadro claramente perfilado en el horizonte, pueden seguir en el concurso de la descalificación, la frivolidad, el despilfarro y la chapuza para ver quién ocupa la Presidencia para encabezar un gobierno sin destino. Vamos para animar una elección narcotizada.

 

 


ver en reforma.com


estás viendo:
¿Una elección narcotizada?
volver arriba
Narcotráfico


comentarios
Entrar para agregar comentario:
entrar


DrogasMexico.org es un proyecto de Convivencia y Espacio Público AC y el Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas AC.
Agradecemos el apoyo de Open Society Foundation, Angelica Foundation y Tides Foundation