El mismo día que el presidente Calderón aceptó que debía debatirse la legalización de las drogas, el pasado martes 3 de agosto, adelantó su posición, que es la negativa a que eso pueda ocurrir.
El Presidente sostiene -tiene todo el derecho de exponer su postura- que la legalización implicaría “un aumento enorme del consumo de varias generaciones de mexicanos” y esto por la “disminución de precio... (y) también por la disponibilidad”.
El Secretario de Salud de inmediato salió a secundar la posición del Presidente y fijar la postura del gobierno que es negarse a la legalización. Las autoridades de Estados Unidos también se pronunciaron afirmando que su política era la prohibición.
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Un diálogo amplio entre los distintos actores y regiones del país puede ofrecer: conocer lo que realmente piensa la ciudadanía, abrir camino a otras maneras de ver y hacer las cosas y, finalmente, articular una política de Estado a partir de lo que surge del diálogo.
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