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México, peor que Colombia. Entrevista con el investigador Jorge Restrepo T
Cuando la policía es el enemigo. Una víctima de Giulianni
Alcohol y conducta sexual


A Nadia Zepeda un grupo de policías le fabricó un delito en venganza por oponerse a ser violada por ellos, y desde hace...En la cárcel extrañas todo. Hasta el ladrido de un perro. Algo que en la prisión femenil de Santa Martha Acatitla no se escucha.  Raro en el Distrito...
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Cuando la policía es el enemigo. Una víctima de Giulianni

Alberto Nájar

14 de agosto de 2005 (22/08/05)
La jornada ver en jornada.unam.mx

A Nadia Zepeda un grupo de policías le fabricó un delito en venganza por oponerse a ser violada por ellos, y desde hace casi tres años está en la cárcel. Es el saldo de la política de mano dura que recomendó el ex alcalde neoyorquino, Rudolph Giulianni y que, a pesar de los discursos, aún cobra víctimas en la ciudad de la esperanza



En la cárcel extrañas todo. Hasta el ladrido de un perro. Algo que en la prisión femenil de Santa Martha Acatitla no se escucha.

 

 

Raro en el Distrito Federal, la ciudad donde los perros son el registro de la noche: no hay colonia que se salve de sus ladridos.

 

Nadia Ernestina Zepeda Molina lo sabe, y tal vez por eso los extraña. Porque tras las rejas la nostalgia es caprichosa: a veces se entretiene en el color de la ropa, el sabor de algún alimento o la seguridad de un baño privado.

 

Pero sobre todo se queda en las ganas de dormir, comer, caminar o pensar sin miedo. Eso que se llama libertad.

 

Hace dos años y siete meses que Nadia perdió ese privilegio, después de ser acusada sin pruebas de vender droga. En enero de 2003 policías del grupo Sagitario de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) capitalina la detuvieron, y quizá en venganza porque no permitió ser violada, le sembraron más de 300 gramos de cocaína.

 

El caso, abundante en irregularidades, trascendió las fronteras mexicanas después de que Amnistía Internacional solicitó la liberación de Nadia y, sobre todo, reivindicar su inocencia.

 

Está difícil. La chica, quien en diciembre próximo cumplirá 21 años de edad, perdió todos los juicios, basada la sentencia de jueces y magistrados sólo en la palabra de los policías que la detuvieron.

 

La única alternativa es tramitar su preliberación, a principios de 2006, y después conseguir que se sancione a los uniformados ­probaría la falsedad de sus acusaciones- quienes al parecer cuentan con el respaldo de las autoridades capitalinas:

 

En la SSP no se ha investigado la denuncia por abuso sexual que interpuso Nadia Zepeda, con el argumento, señala el director de Asuntos Internos Javier González del Villar, de que ella "no ha probado los hechos".

 

Y en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), donde hace dos años se presentó un par de denuncias por la detención arbitraria y el intento de violación a la joven, ni siquiera se han integrado las averiguaciones previas del caso.

 

Para la policía de la ciudad es, como se dice en el argot de los abogados, una cosa juzgada.

 

•••

 

Curioso, pero Nadia dice que Santa Martha es una prisión cómoda. Y tal vez así sea, comparada con las condiciones del Reclusorio Oriente donde la joven pasó casi dos años.

 

"Éramos 12 por celda donde había cuatro camas, un baño para todas y sin lugar para guardar tus cosas", cuenta. "Usábamos huacales (cajas de madera donde se almacena fruta) colgados en las paredes, todo el reclusorio estaba lleno de esos".

 

­¿Y cómo conseguiste cama?

 

­No tuve, me pasé un año durmiendo en el suelo en un colchoncito de hule espuma. Fue bastante difícil, la primera vez que vi el dormitorio me eché a llorar, le llamé a mi mamá y le dije que estaba super feo, era impresionante ver huacales colgados por todos lados.

 

­¿Y en Santa Martha?

 

­Aquí cada quien tiene su espacio. Las estancias (celdas) son más grandes, cada una con zotehuela y un baño con canceles para guardar la privacidad. Además somos cinco por celda, cada una con un camarote y espacio para guardar tus cosas.

 

Por eso dice que Santa Martha es una cárcel cómoda, aunque de todos modos "es como una pesadilla de la que quieres despertar pero te pellizcas y no sales, porque se trata de tu realidad".

 

El mal sueño inició la tarde del 23 de enero de 2003, cuando Nadia, acompañada de su ex novio, Marco Antonio Vitela y de Armando García García, fue detenida cuando caminaba por una calle de la colonia Agrícola Oriental.

 

"De pronto llegaron un coche negro y un camión blanco, bajaron como 30 policías encapuchados que se metieron a una casa; se escucharon disparos, nos espantamos pero apuntaron con sus armas y empezaron a revisarnos", recuerda. "Se quedaron con mi (teléfono) celular, unas pulseras y el dinero que traía".

 

Los policías separaron a Nadia a quien exigían que entregara "el perico" (cocaína). Luego, ordenaron que se desnudara pero la joven se negó. Entonces los agentes enfurecieron.

 

Con golpes e insultos subieron a los adolescentes al camión blanco sin identificación alguna, y durante varias horas hostigaron sexualmente a la muchacha.

 

De acuerdo con la abogada del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, Luisa Pérez Escobar, los policías "realizaron tocamientos" a Nadia y la obligaron a hacer sentadillas sin ropa interior.

 

Uno de ellos, José Fernando Juárez Ramos, fue el más insistente e incluso advirtió a la chica que si no había pitufo (sexo oral) "te va a cargar la chingada en el reclusorio".

 

Cumplió. Después de varias horas de pasearlos en el camión, los policías cambiaron a los adolescentes junto con el taxista Julio César Rodríguez Sarabia ­detenido antes que los jóvenes­ a la patrulla FE034, donde permanecieron agachados, Nadia en pleno forcejeo para evitar que el policía Juárez Ramos metiera su mano dentro de la blusa.

 

La siguiente escala fue en la glorieta de Insurgentes. "Había mucha gente, fotógrafos y policías. Fue en ese momento que sacaron del camión la droga que supuestamente traíamos", recuerda la chica.

 

Se trataba de una bolsa con 193 grapas de cocaína, una báscula, una mochila donde apareció una piedra del mismo enervante y más de nueve mil pesos. "Eso lo traían los policías antes de detenernos, ninguno de nosotros lo había visto", insiste la adolescente.

 

El viaje terminó en la agencia del Ministerio Público Federal ubicada en la Zona Rosa, de donde Nadia y el taxista Rodríguez Sarabia salieron, dos días después, hacia el Reclusorio Oriente. Los otros dos detenidos fueron liberados tras admitir que eran adictos a la cocaína. También negaron conocer a la chica.

 

La base de la consignación fue el parte informativo de los policías Juárez Ramos, Pascual Cruz Castillo y Guillermo Flores Hernández, un documento pleno en contradicciones.

 

Por ejemplo, según los policías, al ser detenido el taxista traía "en la bolsa trasera derecha del pantalón que vestía" una báscula marca Nikita, algo virtualmente imposible pues este aparato es demasiado grande para portarse en ese sitio.

 

Además, en su primera diligencia el agente del Ministerio Público (MP) encargado del caso señaló que la marca de la báscula consignada era Tanita.

 

En su parte informativo los policías aseguraron haber confiscado "una bolsa transparente con 250 gramos al parecer de cocaína". Dos semanas después de la captura, un actuario del juzgado Quinto de Distrito ­a donde se consignó el caso­ determinó haber recibido una piedra de esta droga "con un peso aproximado de 165.4 gramos". Nadie supo lo que pasó con el resto de la droga.

 

No fueron éstas las únicas irregularidades. En su documento los policías señalan que al realizar un patrullaje por la colonia Agrícola Oriental vieron a los detenidos que formaban un semicírculo en la calle Sur 12, pero en ningún momento señalan que portaran la bolsa y la mochila que presentaron después ante el MP.

 

También describen con detalles la forma como supuestamente traían la droga los jóvenes, pero durante el juicio no pudieron explicar la manera como se realizó la captura: el agente Cruz Castillo declaró que fueron sus dos compañeros quienes revisaron a los detenidos, pero el policía Flores Hernández afirmó que este procedimiento lo hizo únicamente Fernando Juárez.

 

Además, se equivocaron en la hora de la aprehensión: mientras los detenidos y un testigo de los hechos afirmaron que ocurrió antes de las siete de la tarde, los uniformados juraron que fue "a las 20:45 horas".

 

Por si fuera poco, la SSP informó a la juez Olga Sánchez Cordero (hoy ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación) que el día de los hechos los tres policías estaban francos (en descanso); que no ocurrió ningún operativo del grupo Sagitario y que en la policía capitalino no existe la patrulla FE034.

 

La mayor irregularidad, empero, fue un informe de la SSP presentado durante el juicio con supuestas denuncias ciudadanas que señalaban a la adolescente como vendedora habitual de droga en la colonia.

 

El problema es que la chica, al momento de la captura, tenía más de dos años de residir en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Ese 23 de enero había regresado a la capital para efectuar unos trámites escolares.

 

Pese a estas contradicciones, Nadia Zepeda fue sentenciada a cinco años de prisión, condena que fue ratificada por el Cuarto Tribunal Unitario en Materia Penal. Y hace unos meses, a la chica le fue negado un amparo contra la resolución.

 

Era su última oportunidad para salir de prisión.

 

•••

 

­¿Qué sientes al escuchar que estás sentenciada?

 

­Ay, no se, es como si la poquita esperanza que tenías se te viene abajo. Hay mucha decepción, impotencia, coraje...

 

­¿Contra los policías que te detuvieron?

 

­Contra ellos, contra el sistema de justicia que no funciona bien. Aquí me he encontrado a muchas mujeres que les pasó lo mismo que a mí, que son inocentes pero no pudieron defenderse.

 

Estos casos, explica el segundo visitador de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Alejandro Delint García, son producto "de la política Giulianni", los días "en que el gobierno de la ciudad entró en la lógica de las estadísticas, cuando se fijó como meta detener a 22 mil personas" en un año.

 

Los más afectados con tal estrategia fueron "la gente pobre y los jóvenes", detenidos generalmente por su apariencia. Fueron tantos los abusos policiacos, que incluso la CDHDF emitió la recomendación 6/2004 que contenía 78 casos de detenciones arbitrarias, la mayoría de los cuales, reconoce Patricia Colchero Aragonés, coordinadora de seguimiento de recomendaciones de la Comisión, no se han resuelto.

 

"Los peticionarios no quieren ratificar las denuncias", reconoce. "La gente se siente intimidada o no cree que sirva de algo hacerlo".

 

Hay razones para la desconfianza. Dentro de la recomendación la CDHDF pidió castigar a los policías que se les haya comprobado algún abuso, pero hasta el momento "no ha habido ni una sola sanción", aunque los expedientes siguen abiertos.

 

Es la misma situación en que se encuentra la denuncia por abuso sexual que interpuso Nadia en la SSP: los acusados siguen en activo "porque no se encontraron suficientes elementos para sancionarlos", afirma el director de Asuntos Internos de la corporación.

 

"Unicamente existe el dicho de la hoy sentenciada contra los policías", subraya González del Villar. "Pero si se encuentran elementos que comprueben alguna conducta penal de ellos, los vamos a sancionar; aquí no se encubre a nadie".

 

Más allá de las buenas intenciones, lo cierto es que los abusos policiacos continúan. De acuerdo con el visitador Delint García, en lo que va del año se han presentado 346 quejas por aprehensiones sin motivo, especialmente de jóvenes y personas de escasos recursos. La mayor parte fueron realizadas por policías preventivos y agentes de la Policía Judicial capitalina.

 

Y entre esos elementos, dice Nadia Zepeda, seguramente se encuentran los policías que le arruinaron la vida. Por eso no estará conforme hasta que se les castigue.

 

"No es justo que ellos vivan una vida normal mientras yo sigo en este infierno, que sigan trabajando y cometiendo injusticias", sentencia. "Hay que ponerles un alto y por eso se pide la sanción y la reparación del daño, porque está claro que me fabricaron un delito".

 

­¿Se puede reparar el daño?

 

­Es algo con lo que tengo que aprender a vivir. Aunque salga de aquí jamás podré olvidar que estuve en prisión, que lo borre de mi persona o la memoria de mi familia. Por eso pido el reconocimiento de mi inocencia, que no me arruinen el futuro.

 

Un proceso que no será fácil. Además de la experiencia de la cárcel, a Nadia le queda una huella más de lo que llama "una pausa en mi vida": el día de su captura los policías le propinaron una patada en la pantorrilla derecha que lastimó seriamente los músculos.

 

Ahora Nadia Zepeda no puede brincar ni correr con libertad.


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