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Jóvenes y Farmacodependencias
Las plantas del alma
Los alucinógenos en las culturas contemporáneas, un patrimonio cultural


Vol X N59 enero—febrero 2003 No debe olvidarse que muchos de los productos de las plantas psicotrópicas, utilizados hoy con diversos fines, fueron...Este pedazo de tierra, hoy llamado Mesoamérica, siempre ha sido un cruce de caminos. Una extraña geografía, no prevista por los creadores de mundos, ni ofrecida formalmente por ningún Dios a sus...
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Las plantas del alma

Xavier Lozoya

Miércoles 1 de enero de 2003 (02/09/05)
Arqueología Mexicana Vol X N59 enero—febrero 2003
No debe olvidarse que muchos de los productos de las plantas psicotrópicas, utilizados hoy con diversos fines, fueron extraídos de diversas plantas de uso ritual y extático con un contexto cultural propio. Así, se insertaron en otros ámbitos sociales, con otros valores culturales y, sobre todo, con otros propósitos.




Este pedazo de tierra, hoy llamado Mesoamérica, siempre ha sido un cruce de caminos. Una extraña geografía, no prevista por los creadores de mundos, ni ofrecida formalmente por ningún Dios a sus habitantes, que viven y mueren de los sueños de los viajeros que pasan por aquí y nos dejan obsesionados con los mitos de sus lugares de origen. De ahí que nuestra identidad sea motivo de continua controversia, porque definir la esencia del ser en estas latitudes varía según el grado de asimilación de las quimeras ideológicas que cada cierto tiempo arriban a estas playas, con dogmas y certezas que después se borran, como lo hacne los trazos en la arena con el agua del mar.

Por eso, para algunos, ese quehacer permanente se nutre de la necesidad de asir el trazo e interpretar la huella de las ideas y formas que han ido configurando nuestra temporal identidad y nuestras costumbres. Se trata de interpretar las cambiantes ideas y prácticas, responder a las mismas preguntas con argumentos nuevos que muy pronto se vuelven viejos. Es el caso de las plantas hoy llamadas psicotrópicas, que aunque han estado siempre presentes en las culturas de distintos tiempos, lo hacen bajo una constante reinterpretación de sus usos y propósitos. A estas plantas se les ha llamado plantas mágicas, plantas para hablar con los dioses, plantas que producen éxtasis o plantas que trastocan los sentidos y modifican la percepción de la realidad, según los términos y explicaciones que cada cultura va acuñando con el tiempo. Las plantas psicotrópicas son las que guían el alma (del griego psykhe, "alma", y tropos, "guiar, dirigir"). Dado que todavía hoy el término coloquial de alma conserva su misteriosa raigambre y su definición depende de la cultura y conocimiento que cada individuo detenta, habremos de recurrir al mito, a la leyenda y a la frágil historia de los pueblos.

Las Busicao, "plantas del no morir", de los chinos

El origen en nuestro territorio de estas plantas se remonta, probablemente, a epocas antiquísimas, si habremos de hacer caso a las leyendas e historias de los tiempos más lejanos. Por ejemplo, entre los antiguos escritores del mundo ( y entre ellos los chinos como los verdaderamente más antiguos), un geógrafo chino del siglo XVI antes de nuestra era, Guo Po, asegura en su tratado llamado Shan jing (Libro de los montes y de los mares) que su mar del punto cardinal este (oceano Pacífico) fue cruzado por los navegantes chinos desde la más remota antigüedad, en dirección al nacimiento del Sol: América. Dice que los emperadores de la época Zhou —de tiempos tan antiguos que los sabios de la dinastía Han (200—500 a. C.) la calificaban de época primitiva, mágica, filosóficamente descabellada, y en la que las fuerzas sobrenaturales todavía eran naturales— enviaron en grandes barcos hacia esa región del este, que llamaban Costa Blanca, a los fangshi, sabios alquimistas, astrólogos e inventores dle taoísmo, en busca de las busicao, "plantas del no morir", cuya ingesta limpiaba los sentidos, aclaraba la percepción del mundo y proporcionaba la inmortalidad. Ésta se adquiría con la ingesta de las busicao porque tenían la capacidad de alterar los elementos llamados hun y po, dos fuerzas intangibles del organismo humano; hun dirige las esencias o emanaciones del pensamiento, y po las esencias o emanaciones de la carne, las vísceras y los huesos. Las dos fuerzas corporales circulan por los vericuetos del cuerpo humano y ejercen una función revitalizadora, que alarga la vida de los individuos y les permite la plenitud.

Cuentan los antiguos cronistas que, pasado el tiempo, la nueva moralidad prohibió las aventuras de inmigrantes chinos hacia el este de su mundo porque la inmortalidad debía ser vista sólo como un premio para aquellos que oraban según los cánones de una nueva ética que, siglos después, Confuncio se encargó de sistematizar, denigrando todo intento de buscar la inmortalidad material, actitud que calificó de antisocial y no filial, ya que separa al hombre de sus obligaciones con el Estado y lo aparta de sus ritos sociales. Quizá fue América el territorio donde aquellos muy antiguos asiáticos buscaron las busicao, caminando por las regiones heladas de blancura mitológica y llegando por el mar del este, que al empujar los barcos de arriba abajo depositó a lso buscadores en las costas del Pacífico norteamericano. Si no, ¿cómo explicar que las plantas (algunas de ellas presentes también en Asia) calificadas hoy como psicotrópicas se esparcieran por nuestro territorio, marcando un sendero que parte de la costa este de Norteamérica y baja a todo lo largo del continente, siguiendo la ruta del nómada poblador de América?

Plantas como la Amanita muscaria, la Datura spp., la Brugmansia spp., la Lophophora spp., la Ipomoea spp., entre otras, pasaron a formar parte de rituales, llamados después extáticos, de todos los pueblos americanos durante muchos siglos más.

*Tonalli y Yályotl*

Los antiguos mesoamericanos dejaron dicho a los pueblos que les sucedieron que el cuerpo humano estaba formado por carne y huesos, y por dos entidades intangibles y luminosas llamadas tonalli y yályotl, lo cual lo aprendieron de los enigmáticos sabios toltecas, pueblo llegado mucho antes por el mar.

Tonalli y Yályotl, concluyeron mucho tiempo después los nahuas de los siglos XV y XVI, son elementos que se almacenan en el cuerpo, en el que entran por orificios naturales y lo recorren como aire, calor y luz, dando vida. Al momento de nacer, el tonalli, como manifestación intangible que acompaña a la luz-calor que emite el Sol, ingresa en el cuerpo por un orificio que después desaparece, la mollera del cráneo. Durante la frágil niñez y después, durante la vida de adulto, siempre se corre el riesgo de perder el tonalli, que fácilmente se escapa por alguno de los siete orificios naturales del cuerpo humano.

Para los antiguos mesoamericanos, la plenitud fue entendida como un estado de equilibrio vital, que dependía de la buena circulación del tonalli por todo el cuerpo, mientras que la enfermedad y la muerte (¿la inmortalidad?) se asociaron a la pérdida o salida de este elemento intangible. Para ellos, también ciertas plantas eran capaces de permitir la visualización de este elemento regulador de la actividad del cuerpo humano, al ser ingeridas por el especialista en curar, el tícitl, que, influido por "la luz" de la esencia vegetal, modificaba su visión del mundo y se adentraba en el diganóstico del estado que guardaba el tonalli en el paciente, en el gobernante y en la comunidad.

En esas culturas, las plantas psicotrópicas eran consideradas sagradas y solamente podían ser consumidas por los iniciados, por aquellos que detentaban el conocimiento del tiempo y sus engaños para conocer el destino de la comunidad. Cuando las administraban para curar a otros buscaban con ello modificar, regular o manipular el tonalli. Desde el ancestral yetl o tabaco (Nicotiana rustica), que se masticaba o fumaba para producir el trance, hasta los tolohuaxíhuitl o toloaches, "el señor reverenciado" (Datura stramonium, D. inoxia, D. metel), que permiten "ver la claridad", los ritos se practicaban en una armoniosa sucesión de deberes y funciones de unos cuantos iniciados, severamente educados, portadores de la conciencia colectiva y devotos del bien común. Religión y ritual hacen del péyotl o peyote (Lophohora williamsii) y de los teonanácatl, "carne de dios" (Psilocybe mexicana, P. semperviva, P. yungensis, P. caerulescens), recursos sagrados que "abren" el tonalli y descifran el lenguaje de los dioses mostrando la eternidad, adelantando el tiempo, visualizando el porvenir, con sus peligros, y confirmando el cercano final de pueblos cuyo mito de la Creación les imprimió una fatalista visión de la existencia.

*Una nueva cosmovisión: cuerpo terrenal y cuerpo espiritual*

Tiempo después llegaron otras ideas y nuevas quimeras. Lo hicieron por el mar del otro lado, por el que cambió nuestra ubicación a occidentales, hace ya 500 años. Ellos venían de Europa y también querían llegar al este, pero sabían que la Tierra era redonda, así que tomaron la dirección opuesta para llegar al mismo punto cardinal dando una vuelta completa, esperando desembarcar en las costas de la India, donde se hallaban los indios, de quienes esperaban obtener, por cierto, otras plantas, las llamadas especias.

Pero se toparon con la franja de tierra desconocida y nos llamaron los indios del Occidente. Llegaron con su Dios y sus sueños de orden, con la intención de volver a empezar la construcción de un Nuevo Mundo. Sería diferente al Viejo, sería mejor, sin los pecados y errores de sus ancestros europeos. Un mundo ideal, de pueblos obedientes y sumisos a los mandatos de la fe cristiana; un buen mundo donde esperar la muerte que libera de la carne, las vísceras y los huesos, que son impuros, pero subliman el alma —elemento intangible y luminoso—, esencia ontológica del ser vivo, que después de la muerte es trasladada a un paraíso habitado por Dios, donde se accede a la inmortalidad.

Los españoles arrasaron con todo lo construido por los pueblos de Mesoamérica en los anteriores 2 000 años o más. Decidieron que era mejor partir desde el inicio; destruirlo todo, construir todo desde el cimiento, ofrecer a Dios una Nueva Ciudad, con unos nuevos fieles y seguidores que, si bien, creían en pueriles cosas inexistentes, representaban a la infancia de la humanidad, inocente y dócil, idónea para ser moldeada por una nueva quimera. Por eso se destruyó el saber de los pueblos conquistados y todas las formas de posible reproducción del conocimiento anterior. Todo se hizo en nombre de la Utopía.

En la época colonial, tonalli se tradujo como alma, y aunque en ese tiempo el conocimiento europeo sobre esta entidad era la herencia que Aristóteles dejó en su obra Acerca del alma —en la que creyó sistematizar lo dicho por otros sabios del antiguo mundo—, su discusión e interpretación profundas quedaron en manos sólo de los eruditos, mientras que los representantes de la religión cristiana simplificaron el pensamiento aristotélico para los fines más pragmáticos de la evangelización. Utilizaron un concepto dual a partir de la propuesta de San Pablo de dividir al hombre en cuerpo terrenal y cuerpo espiritual (este último asiento del alma); el cuerpo espiritual no tnedría la conformación del cuerpo terrenal, imaginándolo como una entidad etérea y luminosa (fina sustancia celestial de la luz) que comparte las mismas cualidades de Dios (espiritualidad e inmortalidad). El mensaje catequizador en el Nuevo Mundo estableció que los humanos viven en una continua lucha interior entre la carne y el espíritu, que los deseos de la carne van en contra del espíritu y viceversa, ya que son opuestos entre sí. El cuerpo terrenal, con la connotación de sede de los instintos pecaminosos, debe estar sometido al control del espíritu. A su vez, este espíritu proviene y está poseído por el espíritu divino, que es otrorgado al creyente durante el bautismo y sirve de fuerza transformadora y dadora de vida en su vínculo con Dios. Los vicios son obra de la carne mientras las virtudes son fruto del espíritu. La inmortalidad se alcanza para el cuerpo espiritual como resultado del comportamiento ceñido a los principios morales y sociales que establece el cristianismo. Es el cuerpo espiritual el que se encuentra con Dios en el paraíso después de la muerte del cuerpo terrenal. La comunicación con Dios y la ulterior inmortalidad se alcanzan a través del sacrificio cotidiano, constante, mediante la severa educación de un espíritu que no pregunta, no inquiere y se doblega a la voluptuosa carne.

En este nuevo contexto estaba prohibido a los habitantes del México colonizado el uso de plantas psicotropicas para curar el tonalli y practicar sus rituales religiosos, ceremonias que fueron percibidas por los frailes españoles como manifestaciones de una intuición precivilizada del alma y el cuerpo espiritual de personas que no habían recibido la palabra divina, peligrosas costumbres "idolátricas" que debían ser erradicadas.

Los archivos de la Santa Inquisición en México dan cuenta de la escrupulosa y sistemática forma en que se persiguió en la Nueva España el uso de plantas, bajo sospecha de ser instrumentos de comunicación con el Diablo. Sus efectos "emborrachadores" y productores de "visiones" ponían en riesgo la labor de construcción de la espiritualidad de una sociedad que transitaba hacia una nueva y diferente cosmovisión. Abundaron las denuncias y los juicios a los indios por consumir péyotl, ololiuhqui y tolohuaxihuitl y, más de una vez, la Inquisición alcanzó con su castigo al consumidor de estafiate, tabaco y otras yerbas medicinales que cayeron en las listas de lo prohibido.

Nuevos colonizadores han llegado a nuestras playas y su interés por las plantas vuelve a ser, anecdóticamente, el mismo: la busqueda de la inmortalidad. Es la época de la racionalidad que impera sobre la sensibilidad. El conocimiento científico y la instrumentación tecnológica con sus herramientas y su nueva fe para prolongar la vida humana indefinidamente... Hasta ahora se ha logrado solamente alargar la vejez, con problemáticas consecuencias económicas y sociales antes insospechadas, pero no se va a cejar en alcanzar una "buena calidad" de vida larga para los habitantes de algunos lugares selectos del inmenso imperio en formación.

*¿Donde ha quedado el hu, tonalli o alma?*

Todo parece indicar que se ha abandonado la discusión entre alma y espíritu y ambos términos han pasado a ser considerados, en la práctica, sinonimos, no sin detrimento de algunas posiciones de teoría teológica, que tiene cada vez menos adeptos. En nuestro medio, para las personas que por su educación podríamos considerar "actuales", el alma se ubica ahora bajo el concepto de alguna forma de energía, término que ha facilitado la comunicación intercultural entre los iniciados de Oriente y Occidente. Aunque provista de una imagen menos etérea, esa alma sigue siendo identificada con la luz (para los modernos chinos corresponde al chi que circula por los "meridianos" acupunturales) y se cree que recorre el cuerpo humano mientras esta vivo, por caminos desconocidos anatómicamente, actuando aquí y allá de manera no visible para el ojo humano. Todos confirmarían que esa alma energetizada les es propia y única, alojándose, para unos, en la parte baja del tórax y, para otros, con, dentro o alrededor del cerebro. Pero sus manifestaciones, efectos y, sobre todo, el destino de esa "energía" después de la muerte sigue perturbando a quienes se toman el trabajo de pensar en el tema.

Por otra parte, la trilogia cuerpo—mente—espiritu en la cultura a la que hoy pertenecemos ha sustituido a la grotesca imagen de la carnalidad versus la espiritualidad virtuosa y, bajo la inlfuencia mecanicista de los últimos siglos, se concede al cuerpo su condición de maquinaria orgánica y al cerebro el papel de centro de cómputo generador de instrucciones. Sin

embargo, se sigue dejando espacio a la intangible alma, aun cuando el cerebro—mente nos parece cada vez mas semejante al conjunto de microcircuitos de una computadora electrónica.

Para los filósofos californianos que inspiran a los creadores de películas, the force empieza a sustituir al alma en la simplona cosmovisión estadunidense, que todo lo convierte en una lucha contra el "mal" en una perspectiva etnocéntrica que deja pequeños a los fanáticos de la historia antigua.

Quiza los sueños sean imagenes holográficas y las pasiones exceso o carencia de un neurotransmisor químico en la "red" de la mente, pero "lo otro" que algunos todavía esperan llevar al cielo y, los menos, confían en que después de su muerte regrese nutriendo el vuelo de la mariposa de la "Teoría del Caos", sigue aún sin un nuevo abordaje intelectual, por lo que las antiguas y las nuevas religiones seguirán dominando el tema en su provecho.

Por su parte, las plantas psicotrópicas —cuyo blanco es ahora la psique, traducida ahora como "mente"— han vuelto en los años recientes con una imagen éticamente mejorada, después del zafarrancho sociopolítico de los años sesenta del siglo XX, producido por algunas de las más antiguas y conspicuas especies botánicas del alma que, modificando la química del cerebro, lo alteran. Los enteógenos("Dios dentro de mi"), plantas que durante los años sesenta del siglo pasado acapararon la atención de las élites de iniciados del imperio norteamericano,con compuestos como los derivados del ácido lisérgico, la mezcalina y la dimetiltriptamina, la psilocibina y otros, terminaron dislocando el orden social del stablishment

y pusieron en tensión los resortes de la "seguridad nacional" estadunidense.

Mientras la experimentacion fue permitida y el conocimiento difundido, su estudio, realizado por los científicos de nuestro tiempo, abrió las puertas al entendimiento del lenguaje neuroquímico del cerebro, parientes moleculares de los que hacen posible el lenguaje de la computadora cerebral.

De este lenguaje ya se conoce el alfabeto, parte de la gramática y en algunos casos se llega a comprender una que otra fase, pero todavía no se entiende un parrafo y mucho menos la intención del autor de cada autobiografía producida por la mente—alma.

Algunos de los productos de las plantas psicotrópicas de hoy (que alteran la mente) logran modificar el estado de ánimo (Nicotiana tabacum —con la nicotina—, Coffea arabica —con la cafeína— y Theobroma cacao —con la teobromina), hacen dormir al insomne (Valeriana spp. y Pasiflora spp.) o emerger a los deprimidos hacia la superficie de la coherencia conductual

(Hypericum perforatum o yerba de San Juan y Piper mestisticum o Kava—kava), detienen el proceso de deterioro de los circuitos que construyen la mente (Gingko biloba), mejoran la memoria o alivian la percepción del dolor de manera casi mágica (Papaver somniferum).

*El alma y el entorno cultural*

Sin embargo, no debemos olvidar que la mayor parte de estos antiguos productos, y de otros que se difundieron hace algunos decenios, fueron extraídos de plantas usadas en las prácticas rituales y extáticas de diversos pueblos, y que, separados del contexto cultural en que se utilizaban, fueron insertados en otros ámbitos sociales, con otros valores culturales y, sobre todo, con otros propósitos.

Estos productos cumplen hoy un papel estrictamente medicinal dentro del paradigma médico que caracteriza a nuestra época en la cultural occidental, es decir, son usados como nuevos medicamentos para afecciones del cerebro—mente y se aplican de manera mas o menos congruente con las expectativas de los pacientes y su entorno cultural. Pero, ¿cuál es ese entorno cultural?

Francis Fukuyama, que se ha convertido en el sociologo ilustrado del neoliberalismo, asegura en su reciente obra, El fin del hombre, que 28 millones de estadunidenses (10% de la poblacion total) combaten exitosamente su depresión emocional con un medicamenteo psicotrópico que modifica las concentraciones en el cerebro del neurotranmisor llamado serotonina. El autor concluye que así se ha logrado incrementar el sentimiento de autoestima de 28 millones de personas, cuestión considerada por el como un hito revolucionario que perfila el futuro manejo de la sociedad y termina comparándolo con el soma propuesto por Aldous Huxley en su Mundo feliz. Lo que sorprende es que en ningún momento de su extensa obra pregunte: ¿por qué están deprimidos los estadunidenses?

En nuestro tiempo, caracterizado por la incesante búsqueda de la inmortalidad a través del dinero y el conocimiento científico dentro de la industria de la medicina, buena parte de los novedosos recursos curativos han sido desvinculados de la raíz cultural en la que originalmente emergieron como producto de la intención y experiencia colectiva de otros

pueblos. En lo que a plantas con efectos sobre el cerebro se refiere, durante la segunda mitad del siglo XX se formaron espacios comerciales basados, unos, en el fenómeno de la adicción concebida como el motor de un extenso mercado, al conocerse los efectos de dependencia fisiológica que producen los compuestos de algunas plantas psicotropicas, como la

Erytroxylum coca (fuente de la cocaína) y el Papaver rhoeas (fuente de la morfina), con sus respectivos y numerosos derivados sintéticos. Pero también se han creado otros espacios, como el mercado para el sector farmacéutico mundial, que apuesta a la modificación temporal que acompañan a los trastornos de la conducta, hoy muy comunes, y cuyo crecimiento sigue siendo espectacular en una sociedad que antepone el bienestar individual por encima del colectivo.

El alma va siendo poco a poco blanco de los fitofármacos, por lo menos mientras el sustrato cultural en el que anida no se modifique, sustrato que casi cien años despues es una mediocre herencia de un psicoanálisis comercilizado y egolátrico que puso énfasis en convertir la existencia en una continua búsqueda individual de medios y recursos para mantenerse confortablemente suspendido en vilo, mientras la colectividad se desteje.

Quizás, en el futuro, las aguas del mar traigan a nuestras playas nuevas quimeras a este cruce de caminos. Como hemos visto, ya ha pasado antes.

Xavier Lozoya, medico e investigador en plantas medicinales del Centro Medico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social.




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