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El Fresa de Iztapalapa :: Drogas México
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Carlos Alberto Zamudio Angles

Inauguración de Biblioteca Cannábica en Puebla
El Fresa de Iztapalapa
Legalizar. Un informe


Esta historia es la de miles de jóvenes que en la delegación más poblada y más pobre de la ciudad se vinculan a las redes del narcomenudeo

Las primeras ocasiones que salí a la calle tenía cinco o seis años. Nada más salía a la entrada de mi casa pero ya era territorio desconocido. A
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El Fresa de Iztapalapa

Carlos Alberto Zamudio Angles

Viernes 1 de octubre de 2010 (01/10/10)
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Esta historia es la de miles de jóvenes que en la delegación más poblada y más pobre de la ciudad se vinculan a las redes del narcomenudeo

Las primeras ocasiones que salí a la calle tenía cinco o seis años. Nada más salía a la entrada de mi casa pero ya era territorio desconocido. A la semana que nos cambiamos a San Miguel Teotongo estaba todo depre porque no tenía amigos, no conocía a nadie de la calle. Una noche fui a la tienda con mi mamá y cuando regresamos estaba una bandita de morros y morras que se me quedaron viendo, le dijeron a mi mamá que si me dejaba salir a jugar, y cuando regresamos a casa en fa me salí y nos presentamos, fue como empecé a salir con la bandita de vecinos. Eso fue de los ocho años a los 14. Al principio eran juegos infantiles, las estrías, las cebollitas, hasta el resorte llegué a jugar. Conforme crecimos se hizo la división entre hombres y mujeres; cuando ya éramos prácticamente puros machines jugábamos futbol y cosas más rudillas: el burro castigado, burro entamalado, la bolita, las medias, los madrazos y hasta ahí. Para entonces estaba entrando en la secundaria, era un poquito más rebel y “la calle” empezó a tomar otra noción, ya no eran sólo las calles aledañas a mi casa, también las aledañas a la secundaria y todas las del recorrido. En las calles del recorrido tenía identificados los puntos donde podía quedarme un rato, los videojuegos, el videoclub, alguna esquina donde podía sentarme a ver y que no se le hacía raro a la gente que estuviéramos ahí. El tipo de banda con el que me empezaba a juntar en la calle ya era más diversa, no sólo la banda fresita, ya era conocer güeyes que se drogaban; en la calle que vivía había otra bandita de güeyes grandes pero no les parlábamos porque eran mariguanos, cementos y bien briagos.

En esta nueva noción de calle no era tanto el espacio lo que la diferenciaba sino la edad. En la secundaria se está en una edad adolescente y hay otras cosas que importan más, como llamar la atención y las chicuelas. En un principio me pareció importante quedarme con otros güeyes enfrente de la secundaria a ver qué pasaba, había mucha banda que no era de la secundaria y nada más iba para ver qué enganchaban. Todo el primer año fue de estar enfrente de la secu; veía cómo se madreaban los güeyes y pues no me pareció algo muy cabrón aunque era la primera vez que enfrentaba eso. Aprendí las relaciones que se necesitan para estar en la calle: dónde estás, quién se junta ahí, quién te puede hacer el paro, a dónde correr en determinado momento. El último año comencé a conocer banda del otro polo, salía de casa hacia la secundaria pero como andaba con una vieja me empecé a desafanar de mis amigos. Cuando salimos de la secu ya no tenía mucha banda con la cual jalar y empecé a juntarme en unas máquinas; conocí una banda ahí y cotorreábamos, empecé a conocer banda por allá abajo y me dieron el bautizo, se llamaban Los Cotorros. Eso fue como a los 15 años. Ya habían cambiado los intereses y la forma de divertirse, empecé a hacer menos deporte y estaba en el pedo de querer verme chido; empecé a fumar tabaco y a juntarme con la banda.
[Fragmento]...


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