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sobre Drogas México (Vive Con Drogas)
Manifiesto Pacheco


El 11 de noviembre de 2005, alrededor de 100 personas se dieron cita en la cancha de fútbol de Gabriel Hernández para la...11 de noviembre. Los vecinos reían, ocasionalmente. Aunque la mayor parte del tiempo guardaron silencio. Eran las 7 de la tarde.  El frío del otoño es todavía más fuerte en el cerro del Guerrero, en la cancha...
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Javier Chávez

Lunes 12 de diciembre de 2005 (12/12/05)
Vivecondrogas El 11 de noviembre de 2005, alrededor de 100 personas se dieron cita en la cancha de fútbol de Gabriel Hernández para la proyección del documental



11 de noviembre. Los vecinos reían, ocasionalmente. Aunque la mayor parte del tiempo guardaron silencio. Eran las 7 de la tarde.

 

 

El frío del otoño es todavía más fuerte en el cerro del Guerrero, en la cancha de fútbol de la colonia Gabriel Hernández. Desde allí se ven las luces de la Ciudad. Se encienden poco a poco y con distintos colores. Es difícil creer que allá abajo hay una ciudad gris, en obra negra.

 

100 personas nos hallábamos reunidas en la cancha de fútbol. Algunas horas antes, la coordinación entre vecinos, Convive, A.C. y Casa y Ciudad , A.C., consiguió que una cancha pedregosa se convirtiera en sala pública de cine. El café corrió a cuenta de los vecinos; el equipo de sonido, sillas y una lona, a cargo de la delegación Gustavo A. Madero. Todo estaba listo, aunque con una demora de 60 minutos. Los vecinos fueron pacientes. Esperaron. Querían ver la película de Constantino Miranda, "Ojos rojos", esa que Constatino realizó en 1998 para retratar el consumo de solventes de sus vecinos, los chavos banda de Naucalpan.

 

La proyección del documental era el resultado de meses de trabajo con vecinos de la colonia Gabriel Hernández. Mediante este evento, Convive reforzaría la participación ciudadana, la recuperación de espacios públicos y le daría el micrófono a los vecinos para discutir un tema: las drogas.

 

Cada vez que se trata un asunto como las drogas, se invita a personas con doctorados y otros títulos nobiliarios. Rara vez se escucha la opinión del resto, de los legos, más aún de los ciudadanos legos que padecen directamente la corrupción policiaca, el narcomenudeo y las decisiones y opiniones verticales. Pareciera que ellos no pueden opinar. Para eso existen los doctores universitarios con teorías, cargos pomposos y palabras de más de cinco sílabas. ¿qué pasaría si vivieran un tiempo en colonias como la Gabriel Hernández?

 

En el evento de Convive había pocos posgraduados y no hablaban. Los que viven de hablar jamás hubieran aceptado acudir a barrios marginados a externar su opinión. Están más cómodos en auditorios con universitarios que no cuestionan sus insufribles monólogos. La intención en la Gabriel era otra. Si bien se brindaba información, la tarea consisitó en que el micrófono pasara de mano en mano, en alentar el debate público, en que los asistentes dijeran qué onda con ellos y las drogas. En un tema como las drogas, todos tenemos algo qué decir, ya sea una condena, una apología o una recomendación. Y de eso se trataba: externar las opiniones sobre las drogas.

Convive coordinó el evento. Y en todo momento la organización recibió el apoyo de los vecinos, Casa y Ciudad, la delegación y otras instituciones.

 

En la colonia Gabriel Hernández se rodó Lolo, una película ochentera sobre chavos banda. Esta colonia se ubica al norte de la Ciudad. Más allá del límite presupuestal de las estaciones del Metro, la Ciudad continua su expansión. Comunidades y asentamientos irregulares devoran los cerros. La Ciudad explota. Algunas calles más adelante de las estaciones del Metro Indios Verdes o Martín Carrera, el mundo parece estar en permanente construcción o destrucción, según se vea. Casas en obra negra, microbuses contaminantes, chimecos con mofles que despiden espeso humo negro, todo eso conforma el panorama. No es muy alentador. Es como estar en un cuento cyber punk desmadrado. Después de pagar los 3.50 pesos, me doy cuenta que piso la delegación Gustavo A. Madero. Un montón de datos se despliegan en mi cabeza. En esta delegación, el consumo de drogas como la mariguana y la cocaína se reporta con el índice más alto en todo el D.F., según el Consejo de Población del Gobierno del Distrito Federal. Segundo lugar en narcomenudeo, según la Secretaría de Seguridad Pública del D.F., sólo después de Iztapalapa. Segunda delegación más insegura, precedida de Iztapalapa y antes de Cuauhtémoc.

 

En el cruce de San Juan de Aragón y Centenario, varios chamacos, con ropas raídas, mugrientos y estopas en las manos, limpian los parabrisas llenos de polvo de los chimecos a cambio de unas cuantas monedas. Más adelante, se ven las señales luminosas de Elektra y Farmacias Similares, además de la propaganda electoral que ya comienza a joder indiscriminadamente el paisaje urbano con promesas, lemas y sonrisas. Pero en la colonia Gabriel Hernández no hay colores. Sólo una gran barda que rodea el cerro del Guerrero con un mensaje en letras gigantes: BEJARANO.

Más abajo, las casas son grises. Los políticos dicen que se trata de asentamientos irregulares. Pero los vecinos han comenzado a organizarse y mediante actividades artísticas, recreativas y culturales buscan gestionar sus necesidades, vivir mejor y resolver sus problemas, entre ellos regularizar sus tierras.

 

Hay cientos de miles de tesis y libros que itentan explicar la pobreza urbana desde distintas aristas. Todos ellos se podrían resumir en falta de oportunidades. Tomás, un chico de la Gabriel estudia en el Colegio de Bachilleres. Al preguntarle qué planeaba hacer después de terminar la escuela, respondió, con un gesto entre preocupado, amargo e irremediable, que ojalá pudiera seguir estudiando. A él le gustaría ser piloto aviador. Pero es consciente de que las oportunidades no abundan por estos lugares que siempre son carne fresca para los políticos. Más aún, la situación se ve recrudecida por la falta de servicios públicos. Las escuelas, son escasas; el aguardiente, el chemo y la piedra, no. ¿Qué puedes hacer en la Gabriel? Las canchas de fútbol rápido y el Polvorín los administran dos organizaciones. Se reservan el derecho de admisión, la mayor parte de las veces. Antes de jugar tienes qué formar un club de fútbol. Los nombres Pumas y Aguilas han de ser recurrentes. En la Grabiel, como le llaman por acá, no hay bibliotecas y las áreas verdes no existen. Los servicios de salud son insuficientes, las escuelas están lejos y los sueldos son miserables. De la chingada. Y, encima, nos dicen que avanzamos. De la chingada. Ser un joven en la Grabiel está de la chingada. "Aunque nos las arreglamos, al chile".

 

"Acá lo que rifa es la piedra. La pinche roca. Te prende. Nomás por eso. Te sientes dueño del mundo". El crack se ha popularizado en la Ciudad de México. Es una droga barata y con toda la cocaína que anda en las calles desde que la vigilancia en la frontera gringa se reforzó, resulta bastante fácil conseguirla. En Gabriel Hernández, según opiniones de varios jóvenes del lugar, conseguir la piedra es tan fácil como comprar dulces.

 

Todo mundo habla mal de la Gabriel Hernández. Este barrio tiene un estigma sobre sí. A todas las personas a quienes les conté que planeabamos hacer algo aquí, me dieron un consejo: ¡regrésate temprano! ¡sal de allí mientras haya sol! Nada pasó. Todavía sigo vivo e indignado. No me pasó nada. Cuestión de suerte. El barrio es violento.

El trabajo desarrollado por Convive fue la oportunidad para conocer a gente que se organiza y que desea acondicionar su comunidad para convertirla en un mejor lugar para vivir. Conocí sus opiniones respecto a la violencia, el riesgo y las drogas.

 

La opinión que los habitantes de Gabriel Hernández tienen sobre las drogas no varia mucho. Las drogas son malas y los drogadictos, rateros, dicen. Pero sólo consideran drogas a las ilícitas y casi no se hace mención del alcohol, droga lícita que ocasiona cientos de muertes anuales y que se encuentra estrechamente vinculada a la violencia intrafamiliar. Sin embargo, entre los vecinos de Gabriel Hernández había una fuerte disposición a escuchar y a expresar sus opiniones respecto a las drogas, mismas que, esperamos, hayan variado un poco o un mucho del habitual cliché.

 

La proyección, como ya se mencionó, fue el resultado de dos meses de trabajo en la Gabriel. Allí, en el auditorio Carmén Serdán, Convive impartió talleres de gestión de riesgo. Un grupo organizado de vecinos acudían a los talleres y charlas. Con su ayuda se consiguió coordinar el evento. Les sugerimos a los vecinos la proyección del documental para reforzar las herramientas adquiridas en los talleres. Su respuesta fue positiva.

 

El documental de Constantino es ágil. Su lenguaje coloquial y ágil, de la banda, hizo que varios chicos del lugar se acercaran. 15 minutos de "pinches hijos de su pinche puta pinche madre" por cuenta del Pra, bastaron para que todos los vecinos pusieran atención. El Pra narraba sus experiencias con el PVC. Al testimonio del Pra siguieron los de muchos otros. Casi todos los chavos banda que Constantino entrevistó decían haber vivido en un entorno violento. Constantino Miranda recogió testimonios en su barrio, en Naucalpan, antes de que el crack se popularizara entre la banda. En aquél entonces, menciona Constantino, la banda le hacía al PVC, la mota y el alcohol. Hoy es diferente. El crack está en todos lados. El documental terminó después de una hora.

 

Constantino fue el primero en tomar la palabra. "Yo estoy aquí para platicar. No les puedo decir mucho sobre las drogas y el aspecto médico, no me corresponde. Pero sí contarles mi experiencia al realizar este video. Yo vengo de una colonia marginada y jodida como esta, pero del otro lado del cerro y más allá, de Naucalpan." Constantino esperó a que los vecinos respondieran. Nadie se animaba. Pero un niño de alrededor de 11 años levantó la mano y pidió la palabra. "Quiero que me cuentes tu experiencia". Constantino relató los problemas a los que se enfrentó, los problemas de financiamiento, reconocimiento, etc, para cerrar con un emocionado "Al final, cuando ví el documental dije 'está chido'. El video fue una forma de hacer otra cosa en lugar de meterme chemo."

 

Las personas comenzaron a participar. Constantino respondió un par de preguntas más y siguió el turno de Daniel Hernández, un joven psicólogo de los Centros de Integración Juvenil que accedió a colaborar con nosotros. Daniel destacó el aspecto médico de las drogas, síntomas que presentan los consumidores de alcohol, mota y piedra, así como factores de riesgo y protección. Tras la intervención de Daniel, las preguntas y opinio9nes abundaron. "¿cómo puedo ayudar a alguien que sufre un problema de adicción?", "¿las drogas destruyen?", "Las drogas no siempre son un problema si las sabes controlar" "¿Cómo me doy cuenta que ya perdí el control de la droga, que la droga ya me domina?" preguntaban. Después fue el turno de Daniel Sárraga, psicólogo del Instituto de Asistencia e Integración Social quien representó la postura del Gobierno del D.F. antes las drogas. Daniel destacó el aspecto social. También anunció las acciones gratuitas y los convenios que el GDF ha firmado con centros de rehabilitación para ofrecer tratamientos gratuitos.

 

A pesar del frío, el debate se prolongó casi una hora más. Los invitados, que Convive llevó a petición y sugerencia de los vecinos de la Grabiel, hablaron sobre drogas. Los vecinos, también. Muchos de ellos tomaban notas. Al final, recogimos la basura y continuó el debate, pero de una manera más personal. Los vecinosse acercaban a Daniel, Constantino, etc, para convivir. Todos estábamos animados. Los vecinos decían que habría que ayudar a los chemos en lugar de condenarlos. También destacaban que la policía no era necesariamente la solución, sino parte del problema. Una verdadera solución al abuso de drogas se resuelve en la familia, decían. Todos tenían ánimos de hacer algo. al final llegaron los aplausos que, de paso, calentaban las manos.

 

Parece que cumplimos con nuestro objetivo. Muy diminuto en comparación con esta pinche Ciudad llena de crack, luces y hoyos negros.




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