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Observaciones sobre indolaminas psicoactivas endógenas y conciencia :: Drogas México
autor

Guy Alfred Robert

Chamanismo mesoamericano y estados modificados de conciencia
Observaciones sobre indolaminas psicoactivas endógenas y conciencia
Enteógenos y Espiritualidad: Una Perspectiva Antropológica


Sociedad Franco-Mexicana de Etnopsicología A.C. (Apuntes documentales). “La imaginación no es un estado, es la propia existencia humana...” William BlakeRalph Metzner y Gunther Weil proponen en el editorial del volumen N6 de “The Psychedelic Review” [1965] cuatro modelos a seguir para el estudio y la investigación a profundidad de las drogas psiquedélicas [manifestadoras...
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Observaciones sobre indolaminas psicoactivas endógenas y conciencia

Guy Alfred Robert

Miércoles 1 de noviembre de 2006 (15/01/07)
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Sociedad Franco-Mexicana de Etnopsicología A.C. (Apuntes documentales).



“La imaginación no es un estado, es la propia existencia humana...”

William Blake

Ralph Metzner y Gunther Weil proponen en el editorial del volumen N6 de “The Psychedelic Review” [1965] cuatro modelos a seguir para el estudio y la investigación a profundidad de las drogas psiquedélicas [manifestadoras de la psique]: 1) El modelo religioso como una posibilidad obvia. El misticismo inducido por drogas ha sido documentado científicamente e investigado durante el último siglo por personas que van desde el famoso psicólogo norteamericano William James [1842-1910] pasando hasta Walter Pahnke [1931-1971] de la Universidad de Harvard [cfr. James 1902; James 1910; Pahnke 1966; Pahnke 1967; Pahnke; Richards 1966], e ilustrado por el uso del peyote en la Iglesia Nativo Americana; el uso de la ayahuasca en las Iglesias del Santo Daime, la Unio Do Vegetal y otras instituciones religiosas fundamentadas en los sacramentos psiquedélicos como parte explícita de sus rituales [cfr. Ott 1993]. 2) El modelo artístico que ha ganado ímpetu debido a la proliferación del arte psiquedélico y que incluye a la poesía, la pintura, la música, el cine, entre otros. Inspirado en experiencias psiquedélicas en términos del tipo de imaginería empleada y en la demarcación de nuevas técnicas de comunicación de los estados alterados de conciencia [EAC]1. 3) El modelo científico que es hasta el día de hoy uno de los menos explorados y en todo caso uno de los más emocionantes. Han surgido reportes de investigadores aislados acerca del uso de psiquedélicos para proveer introvisión [insight] experiencial dentro de algunos de los conceptos más abstrusos de la energía y la ciencia moderna. Habiendo sugerencias de que los psiquedélicos podrían proveer nuevas influencias y ventajas dentro del punto muerto de las investigaciones acerca de la percepción extrasensorial [ESP]. Siendo posible que las experiencias psiquedélicas puedan ayudar a acortar la brecha entre los constructos basados matemáticamente o el resultado de instrumentos de observación y de nuestra comprensión experiencial. 4) Finalmente el modelo espiritual en donde los psiquedélicos tienen una aplicación de lo más importante e interesante, como coadyuvantes en el desarrollo individual y social de estados superiores de conciencia. Posibilitando la liberación neurológica de las estructuras de rol y de las limitaciones del juego cultural, enfatizando un seguimiento de participación consciente dentro de la evolución humana. Este último punto tiene lazos con las antiguas tradiciones místicas denominadas esotéricas y las modernas filosofías para la obtención de estados superiores de conciencia [Metzner; Weil 1965].

Los hermanos Dennis J. McKenna y Terrence McKenna señalan en su libro “The Invisible Landscape: Mind Hallucinogens and the I Ching” [1975] que la interacción física del cerebro y la mente, y su potencial de manipulación a través de drogas alucinogénicas, podrían proveer una situación donde nuevas y radicales aproximaciones experimentales permitirían arrojar luz a problemas desde hace mucho tiempo no elucidados, problemas como la relación del metabolismo y la mente y la naturaleza molecular de la memoria y la rememoración. Esperando crear un modelo de la mente y sus parámetros que no sea reduccionista ni exclusivo de los fenómenos paranormales [cfr. McKenna; McKenna 1975].

Asumiendo que la vida y la mente se encuentran enraizadas en el fenómeno de un campo bioelectrónico2, ya que un corpúsculo es similar a un cuerpo vivo exceptuando para este último el continuo bioelectrónico de intercambio de energía y metabolismo. Se espera comprender la mecánica de las interrelaciones mutuas de la mente y la matriz orgánica en las junturas formativas submoleculares. Si la mente y sus contenidos, conscientes e inconscientes, residen en algún lugar en la estructura o dinámica de la matriz genética, entonces sería útil encontrar formas de potenciar este acceso a esas porciones del aparato genético en donde la mente “inconsciente”, personal y colectiva, se asientan. Es de conocimiento común, que numerosas técnicas de “expansión mental”, desde las drogas hasta el yoga, han sido utilizadas para acceder a porciones de la mente inconsciente para hacerlas accesibles a la mente para su contemplación consciente. Casi todas estas técnicas parecen involucrar la inducción de alguna alteración biofísica de las condiciones del organismo, y es posible que el cambio a nivel molecular y celular sea el mismo sin importar la técnica utilizada. Si, desde luego, algún mecanismo submolecular es capaz de revelar los dominios del inconsciente personal y colectivo, entonces la comprensión y la aplicación de dichos procesos serían de tremendo beneficio en la búsqueda de la liberación humana [cfr. McKenna; McKenna 1975].

Podría existir una conexión eventual entre los alucinógenos y el ADN. Puede ser que a un nivel desconocido del inconsciente, el codificador genético ADN sirva de puente hacia las memorias biológicas del conjunto de seres vivientes, un aura de percepción sin límite que se manifieste en la conciencia activa [cfr. Narby 1995].

Un estudio de las interacciones entre el LSD [u otras indolaminas3] y las macromoléculas como el ADN puede ser también pertinente en lo que concierne a la acción psicotomimética de tales drogas [cfr. Narby 1995]. Esta noción ha sido llevada más lejos por los hermanos McKenna en una especulación visionaria, pero ligeramente hermética: “Hemos especulado que la información contenida en el material neurogenético tal vez se había vuelto accesible a la conciencia gracias a un fenómeno de absorción modulado de RSE [resonancia del giro de los electrones], que tiene origen en los complejos superconductores de transferencias de cargas formados por la intercalación de triptaminas4 y de beta-carbolinas5 en el material genético. Hemos deducido que tanto el ADN neural como el ARN neural participaban en el proceso: la serotonina o en el caso de nuestra experiencia , las triptaminas metiladas introducidas exogénicamente se agregarían con preferencia al ARN membranáceo, abriendo el mecanismo obturador iónico y, simultáneamente , entrando en una transferencia de carga superconductora que resulta en una señal modulada de RSE; las beta-carbolinas podrían seguidamente pasar a través la membrana vía el canal iónico en ARN e intercalarse en el ADN neural [cfr. McKenna; McKenna 1975; Narby 1995].

Las triptaminas y las beta-carbolinas son dos clases de indolaminas encontradas en animales y plantas. Han sido implicadas en una gran variedad de funciones neurológicas y exhiben un amplio rango de actividad neurológica, las cuales dependen de sus configuraciones moleculares. Un subgrupo de beta-carbolinas ha sido hallado en algunas plantas [Perganum harmala y Baniesteropsis caapi entre otras] y se les conoce como “alcaloides harmala”. Algunas beta-carbolinas han sido halladas en tejidos y fluidos de mamíferos incluyendo a los humanos, en estos lugares también se piensa que se producen triptaminas endógenas como la serotonina6, la 5-metoxi-triptamina y la triptamina por sí misma. Las triptaminas metiladas psicoactivas como la dimetiltriptamina [DMT], la 5-metoxi-dimetiltriptamina [5-Meo-DMT] y la 5-hidroxi-dimetiltriptamina [bufotenina] han sido detectadas también en sujetos humanos normales, aunque su propósito biológico permanece aún siendo un misterio [cfr. Callaway 1993; Callaway 1999; McKenna; McKenna 1975].

La DMT existe endógenamente en el cuerpo humano y está presente en los reinos biológicos: Animae, Plantae y Fungi. Es una constituyente normal en humanos y otros mamíferos; reptiles; animales marinos; pastos y arvejas; sapos y ranas; hongos y mohos; cortezas, flores y raíces [cfr. Shulgin 1997; Strassman 2001]. El químico norteamericano Alexander Shulgin señala que la DMT se encuentra en todos lados y declara que se está llegando al punto en donde uno debería de reportar más bien en donde no se encuentra la DMT, en vez de en donde concurre [cfr. Shulgin 1997].

Las indolaminas psicoactivas no son sólo interesantes por los efectos exógenos que inducen sobre la mente humana, sino también por su ocurrencia natural en humanos. Los psiquiatras norteamericanos Humphrey Osmond y John R. Smythies en su hipótesis de la transmetilación, proponían que “esquizotoxinas” [venenos causantes de psicosis o esquizofrenia] endógenas eran responsables de los síntomas característicos de las psicosis alucinatorias, e iniciaron una era para la búsqueda de un fundamento químico de los estados indeseables de la mente. Después esta búsqueda se tornó confusa por el hecho de que estás sustancias fueron encontradas también de otro modo en sujetos humanos saludables, en añadidura a muchos otros animales del traspatio científico. En esos tiempos, las drogas psiquedélicas [manifestador de la psique] eran comúnmente referidas bajo un enfoque “psicotomimético” [mimetizador o productor de psicosis] y como “modelos de psicosis”, y resultaba difícil racionalizar u adjudicar una “función normal” a estas sustancias psiquedélicas endógenas. Desafortunadamente a estos investigadores, la idea del “sueño normal” nunca les cruzó por la mente como una “función posible” para la ocurrencia natural de sustancias psicoactivas endógenas dentro del sistema nervioso central [SNC] [cfr. Callaway 1993].

Las indolaminas como la serotonina, la melatonina7, la bufotenina, la DMT, la 5-MeO-DMT, y la triptamina son ejemplos bien conocidos de éste grupo. El precursor de estas indolaminas es el aminoácido triptófano [un aminoácido esencial obtenido a través de la dieta]. El enzima triptófano hidroxilasa le añade un grupo hidroxilo, produciendo 5-hidroxitriptófano [5-HTP]. El enzima 5-HTP descarboxilasa elimina un grupo carboxilo del 5-HTP, y el resultado es la serotonina [5-HT] [cfr. Callaway 1993; Callaway 1999; Carlson 1993; McKenna; McKenna 1975; Metzner 1963; Ott 1993; Pasantes; Sánchez; Tapia 1991; Stafford 1978; Strassman 2001].

La triptamina es un derivado de la descarboxilización del aminoácido esencial, triptófano. Dos arreglos moleculares de derivados triptamínicos resultan psicológicamente activos: los derivados alkil y derivados hidroxi [cfr. Metzner 1963].

El médico Rick Strassman condujo de 1990 a 1995 un estudio clínico aprobado por la Drug Enforcement Agency [DEA] de los Estados Unidos en la Universidad de Nuevo México en el cuál inyectó a sesenta voluntarios con DMT. Su detallado relato de esas sesiones es una fascinante investigación acerca de la mente humana y el potencial terapéutico de los psiquedélicos. La DMT es manufacturada en el cerebro humano y consistentemente produce experiencias cercanas a la muerte [ECC] y experiencias místicas. Muchos voluntarios reportaron encuentros convincentes con presencias no humanas inteligentes, especialmente “alienígenas”. La mayoría sintió que las sesiones fueron las experiencias más profundas de sus vidas. La investigación de Strassman conecta a la DMT con la glándula pineal, considerada por los Hindús como el séptimo chakra y por René Descartes como el asiento del alma. Strassman señala audazmente que la DMT segregada naturalmente por la glándula pineal, facilita el movimiento del alma dentro y fuera del cuerpo y que es una parte integral del nacimiento y las experiencias de muerte, asimismo como de los más altos estados de meditación y también de trascendencia sexual. Strassman también cree que las experiencias de abducciones alienígenas son a consecuencia de emisiones accidentales de DMT. Si la DMT es usada correctamente podría ser el disparador de un progreso notable en la exploración científica de las regiones más místicas de la mente y el alma humana [cfr. Strassman 2001].

La glándula pineal de los animales filogenéticamente más antiguos, como las lagartijas o los anfibios, es también denominada el “tercer” ojo. Al igual que los dos ojos que ven, el tercer ojo posee una lente, cornea, y retina. Es sensitiva a la luz y ayuda a regular la temperatura y la coloración de la piel –dos funciones básicas de supervivencia íntimamente relacionadas a la luz ambiental-. La melatonina, la hormona pineal primaria esta presente en las glándulas pineales primitivas. Como animales que hemos ascendido en la escalera evolutiva, la glándula pineal se desplazó hacia adentro, a mayor profundidad dentro del cerebro, se escondió removiéndose más de influencias externas. Mientras que la pineal del pájaro nos se asienta más en la superficie del cráneo, aún continua sensible a la luz exterior a causa de los delgados huesos circundantes. Los mamíferos, incluyendo a los humanos, la pineal ha sido enterrada en los lugares más apartados del cerebro y ya no es directamente sensible a la luz, por lo menos en adultos. Es interesante especular que mientras la glándula pineal asume un rol más “espiritual”, necesita de una mayor protección ambiental lograda a través de su profundo lugar en el cráneo. La glándula pineal humana se vuelve visible en el feto en desarrollo a las siete semanas, o a los cuarenta y nueve días, después de la concepción. Es de gran interés el encontrar que es también aproximadamente en este momento cuando uno puede observar claramente el indicador del género masculino o femenino. Antes de este tiempo, el sexo del feto es indeterminado y aún no se sabe. Así, de este modo, la glándula pineal y la diferenciación más importante de la humanidad, masculino y femenino aparecen al mismo tiempo. La glándula pineal actualmente no es parte del cerebro. Al contrario, se desarrolla de tejidos específicos en la cubierta externa de la boca fetal. De ahí migra al centro del cerebro, donde parece tener una de las mejores locaciones para asentarse. Hemos notado la proximidad pineal a los canales de fluidos cerebroespinales, lo que permite a sus secreciones un fácil acceso a los más profundos nichos del cerebro. Adicionalmente, se asienta a una proximidad estratégica de los centros cruciales de emoción y sensación del cerebro. Estos centros sensoriales y preceptúales han sido denominados colículos visuales y auditivos, pequeños montículos de tejido cerebral especializado. Estos son relevos de estación para la transmisión de datos sensoriales en sitios cerebrales involucrados con el registro y la interpretación. Esto es, los impulsos eléctricos que comienzan en los ojos y oídos deben pasar a través del colículo antes de experimentarlos en nuestras mentes como visión y sonido. La glándula pineal se suspende directamente sobre esos colículos, separados por un canal estrecho de fluido cerebroespinal. Cualquier secreción de la glándula pineal hacia ese fluido podría ordenarse encima del colículo en un momento. Adicionalmente, el cerebro límbico, o “emocional” rodea al pequeño cuerpo pineal. El sistema límbico es una colección de estructuras cerebrales íntimamente involucrada en la experiencia de sentimientos, tales como la felicidad, rabia, miedo, ansiedad, y placer. Por lo tanto, la glándula pineal también tiene acceso a los centros emocionales del cerebro [cfr. Strassman 2001].

Todas estas triptaminas y beta-carbolinas interactúan en el SNC. La DMT es un potente químico psiquedélico cuando es fumado o inyectado, pero es oralmente inactivo. Se sabe que sus efectos se instauran rápidamente siendo muy breves e intensos [cfr. Callaway 1993; McKenna; McKenna 1975; Metzner 1963; Ott 1993]. Uno podría decir que la DMT evoca un patrón de prueba psiquedélico transitorio, explotando con coloridas imaginerías. La 5-MeO-DMT comparte propiedades similares, pero desprovisto de imaginería visual en dosis efectivas. Sus efectos han sido como principalmente emotivos. La bufotenina comparte propiedades similares con las anteriores dos sustancias, especialmente en términos de su rápido inicio e intensa acción de corta duración. Sin embargo, en dosis efectivas, cualquier interés en su psicoactividad se pierde con el ruido fisiológico que elicita en el sistema serotoninérgico. Reportes iniciales sobre los efectos de la bufotenina en humanos indican claramente toxicidad más que psicoactividad, a través de su cualidad polar que aparentemente impide su pasaje significativo dentro del cerebro. Probablemente la psicoactividad de la bufotenina sea debida actualmente a su conversión enzimática a 5-MeO-DMT [cfr. Callaway 1993; Callaway 1999; McKenna; McKenna 1975; Metzner 1963; Ott 1993].

La actividad y el uso concurrente de triptaminas metiladas con beta-carbolinas ha sido empleado por pueblos indígenas de la Amazonia desde tiempos prehistóricos al menos desde hace unos 5000 años. La psicoactividad de estos alcaloides indólicos puede ser atribuida a su similaridad a aminas biogénicas producidas en el cerebro humano de forma regular [cfr. Callaway 1993; McKenna; McKenna 1975; Ott 1993].

La monoamino oxidasa tipo A [MAO-A] es una enzima que normalmente inactiva triptaminas, aunque ésta puede bloquearse químicamente para prevenir la destrucción de triptaminas y por lo tanto facilitar su actividad. Algunas de las antiguas drogas antidepresivas trabajaban de esta forma [cfr. Brailowsky 1995; Callaway 1993; Callaway 1999].

En general, aunque con algunas reservas, las beta-carbolinas pueden inhibir a esta enzima. Otro mecanismo de la inactivación triptamínica, particularmente para la serotonina, es por reconducción dentro de las vesículas presinápticas. Nuevas clases de antidepresivos actúan bloqueando esta conducción, y la actividad neuronal es facilitada por la prevención de la retirada de serotonina, y probablemente otras triptaminas, dentro de la neurona presináptica para almacenamiento y reciclaje. Ciertas beta-carbolinas endógenas pueden inhibir ésta reconducción de la serotonina. Estas dos rutas, el metabolismo MAO o la reconducción dentro de las vesículas presinápticas, explica la desactivación de triptaminas endógenas, algunas beta-carbolinas endógenas pueden inhibir ambas vías. La pinolina [6-metoxitetrahidro-beta-carbolina] y la tetra-hidro-beta-carbolina son buenos ejemplos de esto, ambas han demostrado poseer sitios específicos de ligadura en las glándula pineal, adrenales y áreas específicas del cerebro [cfr. Callaway 1993].

Las beta-carbolinas pueden también facilitar la transmisión neuronal de triptaminas exógenas. Por ejemplo en el Ayahuasca8, la harmalina y otras beta-carbolinas son extraídas de especies de Baniesteropisis spp. para promover la actividad de la DMT [obtenida de otras fuentes vegetales]. Químicamente la harmalina inhibe o bloquea la MAO9 por varias horas y permite a la DMT ser activa oralmente [cfr. Callaway 1993; Callaway 1999].

Para J.C. Callaway la harmalina, al igual que otros alcaloides harmala, no parecen poseer la clásica actividad psiquedélica [con actividad similar a la LSD, psilocibina, psilocina o mezcalina]. Afirmando que también en altas dosis [5 mg/kg], lo mejor que uno puede esperar de la harmalina puede ser una intensa náusea, diarrea y nistagma [cfr. Callaway 1993]. Mientras que Alexander Shulgin señala que 28g de semillas viables de Perganum harmala [una dosis considerable y peligrosa] hervidas y extractadas en agua durante varias horas producen una lasitud agradable, náuseas e imaginería hipnagógica diferentes a cualquier sustancia conocida. Aparentemente se observan visiones abstractas fractálicas y espirales que se fusionan de forma organizada en el ambiente con imágenes realistas en tonalidades verde y azul [cfr. Shulgin; Shulgin 1997].

En dosis de 0.5-1.0 mg/kg de harmalina [oral] es suficiente para bloquear la MAO por 4-6 horas sin demasiado ruido fisiológico encontrado en dosis mayores. Durante este tiempo, uno puede tomar DMT [0.5 mg/kg] o 5-MeO-DMT [0.1 mg/kg] oral para inducir un estado psiquedélico interesante que es similar, pero cualitativamente diferente, al de fumar ambas triptaminas solas. Fumar DMT o 5-MeO-DMT después de ingerir sólo harmalina genera un estado similar, pero distintivamente diferente, que dura un poco más y proporcionando mayor control de la volición que con la experiencia fumada [cfr. Callaway 1993; Callaway 1999].

Ya que estas triptaminas psicoactivas ocurren en humanos, es posible que su actividad sea promovida por acción de las beta-carbolinas endógenas para los procesos psicológicos normales [la producción de imaginería visual y emotiva en el sueño y estados afines]. La alteración periódica de la conciencia en el sueño puede ser también necesaria para el mantenimiento de la salud mental normal, ya que unos cuantos días de privación resultarán en un rango visual de fenómenos alucinatorios en el estado de vigilia. En una línea similar de pensamiento, la compensación del mecanismo del sueño [y otros EAC] podrían explicar ciertos aspectos alucinatorios de las psicosis. La premeditada inducción de un estado psiquedélico nos presenta otra opción que es probablemente una extensión de un deseo intrínseco, al menos de algunos que se saben. Tal experiencia ofrece el vislumbrar el alma como un estado del sueño temporal. Aunque parece bastante normal que algunos decidan inducirse dicho estado con el propósito de examinar la psique dentro de la estructura de un estado mental en vigilia [cfr. Callaway 1993].

J.C. Callaway hace referencia al neologismo “endohuasca” [literalmente Ayahuasca endógeno] aludiendo a su teoría acerca de que los orígenes de las visiones en sueños se suscitan dentro del marco de la interacción de triptaminas y beta-carbolinas cerebrales endógenas [cfr. Ott 1995]. Sugiriendo que las beta-carbolinas derivadas de la glándula pineal podrían mediar los sueños [y otros EACs]. Mientras los dudosos efectos de las beta-carbolinas según R. Strassman vierten algunas dudas sobre esta hipótesis, ciertamente las beta-carbolinas pineales podrían, por virtud de sus efectos propiciatorios de la DMT, estimular indirectamente la producción de sueños [y otros EACs vinculados a las experiencias místicas] [cfr. Strassman 2001].

T. McKenna interpreta que la mayoría de los fenómenos mecánico-cuánticos que experimentamos, aparte de nuestra conciencia en vigilia, son los sueños, las ensoñaciones, las visiones y las alucinaciones. Estos estados, al menos en un sentido restringido, ocurren cuando grandes cantidades de varias clases de radiación transferidos dentro del cuerpo son limitados por los sentidos. Luego nosotros vemos imágenes internas y procesos internos que son psicofísicos. Estos procesos se originan a un nivel mecánico-cuántico. Varios científicos han demostrado que hay correlatos mecánico-cuánticos para la alucinogénesis [u estados afines]. En otras palabras, si un átomo en el anillo molecular de un compuesto inactivo es cambiado, el compuesto deviene altamente activo. Esto es una prueba perfecta de la conexión dinámica en el nivel formativo entre la materia y la mente descrita mecánico-cuánticamente. Los estados alucinatorios pueden ser inducidos por una variedad de alucinógenos y anestésicos disociativos, y por experiencias como los ayunos y otras ordalías. Pero lo que hace a la familia de compuestos triptamínicos específicamente interesantes es la intensidad de las alucinaciones u visiones [fototropismos] y la concentración de actividad en la corteza visual. Hay una inmensa vivacidad de estos paisajes internos, como si la información fuese presentada tridimensionalmente y desplegada tetradimensionalmente, codificada como luz en una superficie en desarrollo. Cuando uno se confronta con estas dimensiones, uno se vuelve parte de una relación dinámica vinculada a la experiencia mientras se trata de decodificar lo que uno dice. Este fenómeno no es nuevo –la gente a hablado de dioses y demonios por mucho más tiempo de lo que la historia humana podría negar [cfr. McKenna 1983].

El antropólogo Jeremy Narby en su libro “La Serpiente Cósmica, el ADN y los Orígenes del Saber” [1995] plantea una hipótesis fascinante acerca de cómo se podrían producir las imágenes fototrópicas en los cerebros/mentes [conciencia] de usarios de triptaminas psicoactivas. El ácido desoxirribonucleico [ADN] emite fotones, es decir ondas electromagnéticas. Al inicio de la década de los ochenta, algunos investigadores demostraron, gracias a la puesta a punto de técnicas de medición sofisticadas, que las células de todos los seres vivientes emiten fotones a una tasa que llega hasta una centena de unidades por segundo y por centímetro cuadrado de superficie de tejido. Mostrando de igual forma que el ADN era la fuente de esas emisiones. La frecuencia de onda en la cual el ADN emite fotones, corresponde exactamente a la banda de luz visible: “Su distribución espectral varía al menos del infrarrojo [a unos 900 nanómetros] al ultravioleta [hasta cerca de 200 nanómetros]. El ADN emite lo que los investigadores denominan un “láser ultradébil”. Una fuente de luz coherente, como un láser, da una sensación de colores vivos, una luminiscencia tal como un sentimiento de profundidad holográfica. Las experiencias con sustancias psicotrópicas hablan invariablemente de luces vivas y coloreadas [fototropismos]. Los sujetos con experiencias visionarias describen colores más vivos, más intensos y más profundamente saturados que los que ellos perciben en vigilia o en sueños. La emisión altamente coherente de fotones provenientes del ADN podría explicar el aspecto luminiscente de las imágenes visionarias [alucinatorias], tanto como su apariencia tridimensional y holográfica. Esta conexión permite concebir un mecanismo neurológico para esta hipótesis: las moléculas de diferentes alucinógenos [mezcalina, psilocibina, dimetiltriptamina, nicotina, salvinorina A, etc.], activan sus respectivos receptores que desencadenan una cascada de reacciones electroquímicas al interior de las neuronas, llegando a la excitación del ADN y estimulando, entre otros, su emisión de ondas visibles, misma que los experimentadores perciben bajo formas de alucinaciones y/o fototropismos. Podría considerarse la posibilidad de un lazo entre la emisión de fotones por el ADN y la conciencia. La conciencia podría estar constituida por el campo electromagnético formado por el conjunto de esas emisiones, pero aún, comprendemos todavía muy poco respecto a las bases neurológicas de la conciencia [cfr. Narby 1995].

La psilocibina, la DMT y otros compuestos enteogénicos10 invocan al Logos11. Esto significa que actúan en los centros del lenguaje, por lo tanto un aspecto importante de la experiencia es el diálogo interno. Tan pronto como uno descubre esto acerca de la psilocibina y otras triptaminas en general, uno debe decidir si entrar o no en este diálogo y tratar de encontrarle un sentido a la señal entrante [cfr. McKenna 1983]. La psilocibina y la DMT crean una confrontación con una inteligencia alienígena y con complejos de información translingüistica extremadamente bizarra. Estas experiencias sugieren contundentemente que existe una habilidad latente del cuerpo/cerebro humano que está aún por descubrirse; sin embargo, una vez descubierta obviamente cae en el dominio común de la evolución cultural. Pareciese que el lenguaje es la sombra de esta habilidad o que esta habilidad fuese una extensión más allá del lenguaje [cfr. McKenna 1983].

J. Mabit señala que la verdad del conocimiento ancestral se encuentra en las profundidades de nuestras células, en el código genético, engramadas en las estructuras básicas de las zonas prehistóricas de nuestro cerebro como los son el rinencéfalo, el paleo-cerebro, los núcleos grises y lo que se considera clásicamente y en forma atrevida como vestigios atrofiados de nuestro pasado biológico [cfr. Mabit 1988].

Las triptaminas y betacarbolinas endógenas se encuentran en mayor cantidad en las porciones filogenéticamente más arcaicas de nuestro cerebro. La investigación en las últimas décadas ha extendido la comprensión científica de la complejidad y distribución de la serotonina en el cerebro humano y el sistema nervioso [SN]. Investigaciones actuales han localizado el efecto principal de la psilocibina y otras triptaminas psiquedélicas en un receptor específico de los doce o más que son receptivos a la serotonina. Los circuitos neurales que usan serotonina como su neurotransmisor principal han sido encontrados en el sistema límbico de los cerebros de mamíferos en el cual subyace nuestra vida emocional, especialmente las emociones básicas de los mamíferos [miedo, ira, afiliación]. Tales circuitos neurales se encuentran en la parte de la corteza cerebral, denominada cerebro reptiliano en el modelo del cerebro de Paul MacLean [hipótesis del cerebro trino]12. Estos hallazgos sugieren estar relacionados al sentido de nuestra propia percatación [conciencia], conciencia de nuestro legado evolutivo animal, y el sentido de conexión espiritual o la identificación con conciencias animales. Quizás más provocativamente, se ha encontrado que la serotonina es el principal neurotransmisor para el “sistema nervioso entérico”, un sistema con cien millones de neuronas distribuidas dentro y alrededor del tracto intestinal. Este sistema cerebral es neuronalmente casi completo e independiente de la corteza cerebral. Se piensa que evolutivamente es la parte más antigua de nuestro SN. El psicólogo Ralph Metzner especula que el rol de la serotonina en este sistema cerebral, y los posibles efectos de drogas psiquedélicas dentro del mismo, podrían ser el fundamento de experiencias de recuerdos evolutivos, instintos aumentados o de “nivel visceral”, y la curación de posibles perturbaciones psicosomáticas con psiquedélicos. La serotonina ha sido llamada un “regulador humoral”, trayendo a equilibrio a la ira y a la depresión. Quizás después, sea posible especular que la serotonina este involucrada en la “expansión la de conciencia”, el incremento de la conciencia y comprender que podría brindarnos una actitud emocional más balanceada. Quizá la serotonina sea el neurotransmisor de la inteligencia emocional y el balance. En adición a la acción de las triptaminas en los receptores de serotonina, podrían haber efectos indirectos de la psilocibina en los receptores de dopamina también. Algunos especulan que la dopamina es el neurotransmisor más involucrado en la experiencia del placer [cfr. Metzner 2004].

Se han identificado al menos siete tipos diferentes de receptores serotoninérgicos: 5-HT1A – 1B, 5-HT1D – 1F, 5-HT2A – 2C y 5-HT3. De ellos, los receptores 5-HT1B y 5-HT1D actúan como autorreceptores presinápticos. En los núcleos del rafe dorsal y medial los autorreceptores 5-HT1A actúan como autorreceptores en la membrana de dendritas y el soma. A excepción del receptor 5-HT3 que es ionotrópico, todos los demás son metabotrópicos. El receptor 5-HT3 controla un canal de cloro, lo cual significa que produce potenciales inhibitorios postsinápticos. Estos parecen intervenir en las náuseas y los vómitos, ya que sus antagonistas han resultado ser útiles para reducir los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia en el tratamiento del cáncer. Los farmacólogos han descubierto sustancias químicas exógenas que actúan como agonistas o antagonistas de algunos tipos de receptores 5-HT, pero no de todos [cfr. Carlson 1993].

El LSD a dosis extremadamente bajas, tiene muchos lugares de acción en el cerebro. Durante años los investigadores pensaron que sus efectos conductuales se producían por la estimulación de autorreceptores 5-HT localizados en las membranas somáticas y dendríticas en los núcleos del rafe. En este lugar, el LSD actúa como un antagonista serotoninérgico. Sin embargo, estudios más recientes han llegado a la conclusión de que el LSD también es un agonista directo de los receptores 5-HT2 en el prosencéfalo, y que esta acción es responsable de los efectos conductuales de esta droga. Otras sustancias químicas exógenas que actúan como agonistas 5-HT2 también tienen efectos alucinógenos [cfr. Carlson 1993]. Algunos estudios han mostrado que diferentes alucinógenos actúan de manera diversa sobre los receptores serotoninérgicos. Sin embargo, un estudio ha mostrado con precisión que la DMT estimulaba al receptor 5-HT1A y bloqueaba al receptor 5-HT2. Además una comprensión de los subtipos de receptores 5-HT [serotoninérgicos] ha originado una reevaluación de los antiguos datos sobre los efectos neuroendocrínicos de los agonistas y antagonistas del 5-HT. En efecto, con frecuencia se había afirmado, en el curso de los años 80s, que los alucinógenos actuaban sobre un receptor único. Por el momento todavía no se ha efectuado la determinación exacta de los receptores serotoninérgicos estimulados por la psilocibina [cfr. Narby 1995].

Podemos concluir que las drogas alucinógenas indolamínicas [endógenas y exógenas] interactúan con el sistema serotoninérgico en muchos niveles, desde el cambio intracelular en la señalización de senderos para la alteración de los patrones de descarga neuronal hasta la alteración de la expresión de un gen. Dada la complejidad del sistema serotoninérgico y sus múltiples roles conductuales, probablemente no sea sorprendente que los alucinógenos puedan elicitar efectos con dosis exquisitamente bajas. Dado el número de procesos cognitivos y conductuales en los cuales la serotonina se involucra, los alucinógenos indolamínicos son drogas con una posición única para ser utilizadas como herramientas para la comprensión del sistema serotoninérgico y sus implicaciones organísmicas [cfr. Nichols; Sanders-Bush 2001].

T. McKenna especula que compuestos químicos psicoactivos causaron la mutación en la dieta primigenia de los protohumanos [homínidos] influenciando la rápida reorganización de las capacidades de procesamiento de información del cerebro. Los alcaloides de plantas, específicamente los compuestos alucinogénicos como la psilocibina, la DMT y la harmalina, pudieron haber sido los factores químicos en la dieta protohumana que catalizaron la emergencia de la autorreflexión humana. La acción de los alucinógenos presentes en muchas plantas comunes acrecentó nuestra actividad de procesamiento de información, o sensitividad ambiental, de este modo se contribuyó a la expansión súbita del tamaño del cerebro humano. En una fase posterior de este mismo proceso, los alucinógenos actuaron como catalizadores en el desarrollo de la imaginación, alimentando la creación de estratagemas internas y esperanzas que muy bien pudieron haber hecho sinergia con la emergencia del lenguaje, la religión y la espiritualidad [cfr. McKenna 1992].

Las estructuras neuroanatómicas que constituyen el centro de los sistemas generadores de emoción del cerebro son idénticas a las que generan el estado basal de la conciencia. Estas estructuras filogenéticamente antiguas se hallan en las regiones profundas del cerebro, en las zonas intermedias y superior del tallo cerebral. Las estructuras cerebrales en cuestión incluyen el hipotálamo, el área ventral tegmental, los núcleos parabraquiales, las sustancia gris periacueductal, los núcleos del rafé, el núcleo locus coeruleus complejo, y la formación reticular clásica. Todas estas estructuras intervienen en la monitorización y la regulación de los estados viscerales. Los neuropsicoanalistas Mark Solms y Oliver Turnbull mencionan la existencia de cuatro sistemas básicos de comando de las emociones. Primero, está el sistema de “Búsqueda”, que va desde el área de transición entre el tallo cerebral y el cerebro anterior hasta los componentes límbicos de los lóbulos frontal y temporal. Es un sistema inespecífico de motivación, dedicado a buscar algo para satisfacer necesidades. El sistema de búsqueda está ligado al subsistema de placer/ansia, que involucra a los núcleos cercanos basales del cerebro anterior en especial el núcleo acumbens. Segundo, el sistema de “ira” comprende la amígdala [en el lóbulo temporal límbico] y el hipotálamo, y las estructuras superiores del tallo cerebral. Tercero, el sistema de “miedo” sigue una ruta muy similar. Cuarto, el sistema de “pánico” va hacia abajo del giro cingulado anterior [en el lóbulo frontal límbico] a las mismas estructuras del tallo cerebral: Todos estos sistemas emocionales [junto con el hipocampo, que está subordinado a la memoria episódica, y a partes del sistema visual] son muy activos durante el sueño paradójico y/o REM. ¿Pero cuál de ellos proporciona el “impulso primario” del soñar [u de otros EAC]? Se ha mencionado que un cierto grado de excitación es una precondición necesaria para soñar. Se ha dicho que dos estructuras del cerebro anterior son esenciales para la generación de los sueños [a saber, la unión occípito-témporo-parietal y la materia blanca frontal límbica]. En consecuencia, una de estas dos regiones, dijimos, probablemente contiene el “impulso primario” del soñar. A pesar de que la excitación es una precondición necesaria para soñar, no es una condición suficiente para producir sueños. Sabemos que es así porque los pacientes con daño en la unión occípito-témporo-parietal o en la materia frontal límbica no pueden soñar, no importa que tan excitados puedan estar durante el sueño [inclusive en el estado REM]. Las condiciones necesarias y suficientes para soñar son: 1) excitación del cerebro anterior y 2) integridad de la unión occípito-témporo-parietal y de la materia blanca frontal límbica. Entonces, ¿cuál de las últimas dos estructuras proporciona el impulso primario? Una manera de abordar esta pregunta es considerar que más hacen estas dos últimas estructuras. Por un lado, la unión occípito-témporo-parietal es fundamental en la generación de imágenes visuoespaciales, y por lo tanto no sorprende que pueda participar en el soñar –que es, después de todo, un tipo especial de imágenes visuoespaciales-. La materia blanca frontal límbica, por otro lado, no tiene función conocida que esté evidentemente relacionada con el soñar, aunque podría haber un vínculo con ésta si antes se tiene en cuenta un procedimiento quirúrgico común [cfr. Solms & Turnbull 2002].

Recientemente D. Silbersweig y colaboradores, utilizando métodos de tomografía por emisión de positrones, han estudiado a pacientes esquizofrénicos en el momento en que sufrían alucinaciones auditivas, y demostraron que las áreas que se “encienden” durante estas alucinaciones incluyen los núcleos subcorticales [tálamo y estriado], estructuras límbicas [especialmente el hipocampo] y regiones paralímbicas [corteza parahipocámpica y del cíngulo, así como corteza orbitofrontal], demostrando así de forma parcial [reduccionista] las bases biológicas de los procesos alucinatorios auditivos [cfr. De la Fuente 1998].

INTERPRETACIÓN TEÓRICA DE LOS ESTADOS MODIFICADOS DE CONCIENCIA:

El psiquiatra checoslovaco Stanislav Grof menciona que el análisis de este tipo de experiencias [o EACs] indican claramente que la reacción ante los agentes psicotropos son sumamente específicas, en función de la personalidad de los sujetos. Más que causar “psicosis tóxicas” inespecíficas, parecería que los psicotropos son poderosos catalizadores de los procesos mentales que activan material inconsciente de diversos niveles profundos de la personalidad. Muchos fenómenos observados durante las sesiones psiquedélicas son entendidos en términos psicológicos y psicodinámicos y tienen una estructura similar a la de los sueños [u otros EACs]. Después de detallados estudios analíticos se ha hecho evidente que los alucinógenos pueden llegar a ser un instrumento sin rival para los diagnósticos profundos de la personalidad. En el momento actual, S. Grof considera que los psicotropos son poderosos amplificadores o catalizadores inespecíficos de los procesos bioquímicos y fisiológicos del cerebro. Al crear una situación indiferenciada que facilita la emergencia de material inconsciente proveniente de diferentes niveles de la personalidad. Grof, bosqueja cuatro tipos o niveles principales de experiencias o vivencias movilizadas por los psicotropos, y los dominios correspondientes del inconsciente humano:

1.- Experiencias abstractas o estéticas:

Representan el nivel más superficial de las vivencias provocadas por alucinógenos. No revelan el inconsciente del sujeto ni tienen significación psicodinámica alguna. Los aspectos más importantes de estas vivencias se pueden explicar, en términos fisiológicos, como resultado de la estimulación química de los órganos sensoriales y reflejo de su estructura interna y de sus características funcionales.

2.- Experiencias psicodinámicas [biográficas]: Las experiencias de esta categoría se originan en el ámbito del inconsciente individual y en los campos de la personalidad que son accesibles en los estados de conciencia habituales. Se relacionan con recuerdos importantes, problemas emocionales, conflictos no resueltos y materiales reprimidos, provenientes de diversos periodos de la vida del individuo. La mayor parte de los fenómenos que se dan en este nivel pueden ser interpretados y comprendidos en términos psicodinámicos. Las experiencias psicodinámicas menos complicadas tienen la forma de un verdadero revivir de sucesos de muy alta importancia emocional y una nueva y vívida activación de recuerdos, sean traumáticos o excepcionalmente placenteros, provenientes de la infancia, la niñez o períodos posteriores de la vida. En este grupo los fenómenos más complicados representan la concreción pictórica de fantasías, la dramatización de deseos expresados en ensoñaciones diurnas; aparecen recuerdos-pantalla y complejas combinaciones de fantasía y realidad. Además, el nivel psicodinámico abarca diversas experiencias que contienen importante material inconsciente expresado en la forma críptica de un disfraz simbólico, deformaciones defensivas y alusiones metafóricas.

Los sistemas COEX [sistemas de experiencia condensada]:

S. Grof, define a un sistema COEX como una constelación específica de recuerdos consistentes en experiencias condensadas [y fantasías relacionadas con ellas] provenientes de diferentes períodos de la vida del individuo. Los recuerdos pertenecientes a un determinado sistema COEX tienen un tema básico similar o contienen elementos similares y se asocian con una fuerte carga emocional de la misma cualidad. Los estratos más profundos de éste sistema están representados por recuerdos vívidos y coloridos de vivencias habidas durante la infancia y la niñez. Los estratos más superficiales de un sistema tal están formados por recuerdos de experiencias similares de períodos posteriores, hasta llegar a la situación actual. Cada sistema COEX tiene un tema básico que impregna todos sus estratos y representa su común denominador; la naturaleza de estos temas varía considerablemente de una constelación COEX a otra. Diferentes estratos de un sistema pueden contener, por ejemplo, todos los recuerdos de las ocasiones en que un individuo se ha visto expuesto, en el pasado, situaciones humillantes y degradantes que han lesionado su auto estima. Los sistemas COEX individuales tienen relaciones fijas con ciertos mecanismos de defensa y están relacionados con síntomas clínicos específicos. El detalle de la relación recíproca entre las partes y aspectos individuales de los sistemas COEX concuerda básicamente, en la mayor parte de los casos, con el pensamiento freudiano; el elemento nuevo desde el punto de vista teórico es el concepto del sistema dinámico que, al integrarlos, organiza los componentes en una nítida unidad funcional. De acuerdo con la cualidad básica de la carga emocional, podemos diferenciar sistemas COEX negativos [que condensan experiencias emocionales displacenteras] y sistemas COEX positivos [que condensan experiencias emocionales placenteras y aspectos positivos de la vida pasada de un individuo]. Aunque hay ciertas interdependencias y superposiciones, los diferentes sistemas COEX pueden funcionar de manera relativamente autónoma. En una complicada interacción con el medio, influyen selectivamente sobre la percepción que tiene el sujeto de sí mismo y del mundo, sobre sus sentimientos, su ideación e incluso sobre muchos procesos somáticos.

3) Experiencias perinatales:

Las características básicas de estas experiencias se centran en los problemas biológicos del nacimiento, el dolor y sufrimiento físico, el envejecimiento, la enfermedad, la decrepitud, el morir, la muerte. Inevitablemente, el enfrentamiento demoledor con estos aspectos críticos de la existencia humana, la comprensión profunda de la fragilidad e la impermanencia del hombre como criatura biológica van acompañados de una angustiosa crisis existencial. Por mediación de esas experiencias, el individuo llega a darse cuenta de que, haga lo que haga en su vida, no puede evitar lo inevitable: tendrá que dejar este mundo desnudo de todo lo que ha acumulado y logrado y a lo cual ha estado emocionalmente apegado. La similitud entre el nacimiento y la muerte –la comprensión sobrecogedora de que el comienzo de la vida es lo mismo que su fin- es el principal problema filosófico que acompaña a las experiencias perinatales. La otra consecuencia importante del abrumador encuentro emocional y físico con el fenómeno de la muerte es la apertura de territorios de la experiencia espiritual y religiosa que parecen ser parte intrínseca de la personalidad humana y que son independientes de la formación y programación cultural y religiosa del individuo.

4) Experiencias transpersonales:

Estas experiencias sólo se dan en raras ocasiones en las primeras sesiones de terapia psicoanalítica, pero se hacen muy comunes en las sesiones psiquedélicas adelantadas, después de que el sujeto ha elaborado e integrado el material de los niveles psicodinámicos y perinatal. Después de la experiencia final de la muerte y el renacimiento del ego, los elementos transpersonales dominan las sesiones subsiguientes que los individuos hagan con psicotropos. El denominador común de este grupo de fenómenos, por demás rico y ramificado, la sensación del individuo de que su conciencia se expande más allá de los límites habituales del ego y de las limitaciones del tiempo espacio. A continuación se presenta una lista completa de las posibles vivencias y/o experiencias transpersonales: Vivencias embrionarias y fetales; vivencias ancestrales; vivencias colectivas y raciales, vivencias filogenéticas [evolutivas]; vivencias de encarnaciones pasadas, precognición; clarividencia, clariaudiencia; viajes por el tiempo; trascendencia del ego en las relaciones interpersonales; vivencia de la unidad dual; identificación con otras personas; identificación con el grupo y conciencia de grupo; identificación con animales; identificación con plantas; unidad con la vida y toda la creación, conciencia de la materia inorgánica; conciencia planetaria; conciencia extraplanetaria; vivencias extracorporales; “viajes” por clarividencia y clariaudiencia; “viajes espaciales” y telepatía; conciencia de los órganos; tejidos y células; vivencias espiritistas y de médium; vivencias de enfrentamientos con entidades espirituales suprahumanas; vivencias de otros universos y enfrentamientos con sus habitantes; vivencias arquetípicas y secuencias mitológicas complejas; vivencias de enfrentamientos con diversas deidades; comprensión intuitiva de símbolos universales; activación de los chakras y ascenso del poder de la serpiente [kundalini]; conciencia de la mente universal y el vacío supracósmico y metacósmico [Grof 1975; Grof 1980; Grof 1980].

Entrar en un EAC puede resultar a la vez excitante y turbador. Los pacientes que lo han hecho dan constancia repetidamente del descubrimiento de la percepción de diversas realidades. Los problemas que consideraban desde un único contexto empiezan a presentar múltiples connotaciones. Por ejemplo, un paciente que se encontraba muy deprimido a causa del dolor de espalda debido a un accidente laboral, que le impedía retornar a su trabajo como carpintero, trabajo que amaba y por el que sentía orgullo e identificación, notó, con gran sorpresa por su parte, que después de algunas experiencias con EAC podía empezar a separar a su “yo [self] trabajador” de sus otros “yos”. Podía seguir siendo un carpintero por dentro, mientras hacía otra cosa por fuera. Si bien en este caso concreto el cambio perceptual tuvo consecuencias positivas, la experiencia de despertar a las múltiples facetas de nuestra personalidad puede resultar confusa y temible. Sin la guía adecuada o un mal contexto, el proceso puede comportar resultados destructivos, sobre los que se debe advertir a quienes intenten tener tales experiencias sin la adecuada supervisión psicológica y psiquiátrica. Para muchas personas la experiencia de un EAC ha resultado desorientadora, amenazando su percepción del mundo y cuestionando a menudo sus sistemas fundamentales de creencias [cogniciones]. Para someterse a un EAC como técnica clínica, es pues indispensable disponer del apoyo y la guía pertinentes. Al interpretar las experiencias y los símbolos relacionados con las sesiones de EAC hay que extremar asimismo las precauciones, especialmente en lo referente a imágenes sensacionales o aterradoras. S. Freud descubrió que, en libre asociación, las mujeres tendían a describir relaciones sexuales con sus padres, si bien concluyo que se trataba de la expresión de deseos más que de realidades. Tal vez, de modo similar, mucho de nuestros pacientes hayan interpretado ciertas imágenes de EAC como significativas de experiencias tempranas de abusos por parte de un padre o de otra persona. De hecho, muchas de estas personas sufrieron abusos en su infancia pero, a pesar de ello, esta simbología en concreto podría originarse en otras causas, tales como alguna dependencia psíquica, la necesidad de ser amado, un mensaje de dolor corporal especialmente cuando las partes del cuerpo más asociadas con el castigo o la autoestima están sometidas a estrés, algún mito cultural de autoritarismo, o incluso un proceso arquetípico de historia genética. La captura a manos de extraterrestres es otra de las imágenes recurrentes en los EAC. Con independencia de la parte de realidad que pudiera haber en tales “recuerdos”, e incluso aún cuando los hechos se hubieran producido realmente, el objetivo de un EAC no consiste en solucionarlos, sino en desvelar recursos y caminos para la transformación. El beneficio último de la experiencia de EAC depende de la capacidad del paciente para activar un plan o una introspección que le conduzcan a un cambio positivo. Atribuir nuestro dolor o nuestra ansiedad a unos acontecimientos externos, que pueden o no haber ocurrido años o vidas atrás, sólo conduce al miedo, al fracaso y al aislamiento. En el caso de optar por la utilización en el ámbito terapéutico del EAC, éste deberá ser estructurado alrededor de una teoría sólida que presente expectativas razonables y aceptables. Algunos psicólogos se inclinan por basar el proceso en principios científicos. Por ejemplo, suelen presentar el proceso como una función de cambio de patrones cerebrales, poniendo de relieve que las diferentes realidades emergentes en un EAC pueden activar nuevas posibilidades perceptivas. Suele compararlo con un cambio de canal, con el que los mismos acontecimientos pueden ser vistos en diferentes niveles y desde una panorámica más amplia. Los pacientes aceptan habitualmente esta explicación, al menos al principio, pero una vez que han experimentado la sensación de “realidad”, normalmente no necesitan ya más explicaciones: su propia verdad se convierte en la mejor explicación. En la mayoría de los contextos terapéuticos es prudente ofrecer una explicación y disponer de material impreso para su utilización por los pacientes, sus familias y sus médicos [Lawlis 1996].

Experiencias místicas:

El psiquiatra estadounidense Walter Pahnke [1931-1971] señala que algunos investigadores que han experimentado con sustancias psicoactivas señalan la similitud entre las experiencias místicas espontáneas y las inducidas por drogas de acuerdo a la frecuencia con la cuál algunos sujetos utilizan el lenguaje místico y religioso para describir sus propias experiencias [Pahnke 1966]. Existen nueve características que se derivan del estudio de la literatura de experiencias místicas espontáneas reportadas a lo largo de la historia en todas las culturas y religiones. Al estudiar los sucesos de estas experiencias inusuales, se hizo un intento para extraer las características psicológicas universales derivadas de las experiencias místicas espontáneas y se describen experimentalmente también precisamente como psiquedélicas [manifestadoras de la psique]. Las nueve características enlistadas son las siguientes:

1)La unidad es un sentido cósmico de unidad obtenido de la trascendencia positiva del ego. Aunque el sentido usual de identidad o ego se desvanece, la conciencia y la memoria no se pierden; en lugar de, la persona se vuelve muy consciente de formar parte de una dimensión mucho más vasta y grandiosa que el mismo. Aparte de la ruta al “mundo interno” donde todas las impresiones sensoriales exteriores son dejadas atrás, la unidad puede experimentarse a través del mundo externo, por lo tanto una persona reporta que se siente parte de todo lo que es [objetos, otras personas, naturaleza o universo], o más simplemente que “todo es uno”.

2)La trascendencia del tiempo y el espacio significa que el sujeto siente a través del pasado, el presente y el futuro y más allá de las tres dimensiones ordinarias del espacio y de los dominios de la eternidad y el infinito.

3)Sentimiento de un profundo ánimo positivo que contiene los elementos de la felicidad, bendición, paz y amor en un grado desbordante de intensidad, comúnmente seguido de llanto.

4)Sentido de sacralidad irracional, intuitivo, aquietante como respuesta palpitante a un temor reverencial y maravilloso en la presencia de realidades inspiradoras. Los elementos esenciales son el temor, humildad y reverencia, pero en términos de la teología tradicional o la religión puede no necesariamente usarse esta descripción.

5)Cualidad noética, tal y como fue denominada por William James [1842-1910], es un sentimiento de introvisión [insight] o iluminación que es experimentada intuitivamente, en el nivel irracional teniendo tremenda fuerza en la certeza de la realidad. Este conocimiento no es un incremento de hechos, pero es una ganancia de introvisión acerca de cuestiones de filosofía de vida y sentido de valores.

6)El paradojismo se refiere a las contradicciones lógicas que se vuelven aparentes si las descripciones son analizadas estrictamente. Una persona podría darse cuenta experimentando, por ejemplo una “identidad de opuestos”, sin embargo, parece tener sentido en el momento, e inclusive después.

7)La Inefabilidad alegada significa que la experiencia es sentida más allá de las palabras, no verbal, indescriptible, aunque la mayoría de las personas que insisten en la inefabilidad en realidad elaboran intentos de comunicar la experiencia.

8)La transitoriedad significa que el clímax psiquedélico no perdura mucho en su intensidad total, pero en vez de ello pasa como un destello y permanece en la memoria.

9)Cambios positivos persistentes en las actitudes y conductas hacia uno mismo, otros, y la experiencia por sí misma [Pahnke 1967; Pahnke; Richards 1966].

El antropólogo español Josep María Ferigcla, señala que el estilo cognitivo propio de los EAC amplía la realidad -como mínimo- a dos dimensiones sincrónicas: la física u ordinaria, y la dimensión mágica, onírica, simbólica o alternativa que da especial coherencia y sentido a la primera. El mundo de los EAC se construye basándose en los procesos mentales dialógicos, de conversación consigo mismo. La mente habla consigo misma, el sujeto oye varias voces discutiendo entre sí dentro de él mismo, observa la guerra civil interior que todos albergamos pero, mantiene plena conciencia de la situación. El conocedor de estos tipos de EAC deben ser capaces de auto-organizar sus paisajes interiores, y para ello recurrirán al uso de metáforas que les permitan integrar [proyectando] el segundo elemento del diálogo interno: hablar con un espíritu, con un árbol, con dios. Por medio de este proceso, la realidad mental en EAC se convierte en teatro de acción de las grandes metáforas que configuran el sistema de valores de una sociedad y son los conocedores de estos EAC específicos quienes dan forma a las relaciones entre los diferentes elementos de la realidad, lo cual constituye la base dinámica o sistema sobre el que se apoya una cultura [Ferigcla 1999].

Para finalizar, el psicólogo norteamericano Timothy Leary [1920-1996], ex profesor de la Universidad de Harvard, define a la experiencia religiosa [u mística] como el descubrimiento subjetivo, incontrovertiblemente cierto y extático reducible a cuatro preguntas básicas que conciernen: 1) al último designio y poder; 2) la vida; 3) el hombre y 4) el ser. Se ha señalado que la ciencia ha tratado de proveer respuestas objetivas y externas a estas mismas cuestiones. Se ha considerado la hipótesis de que el ser humano podría volverse consciente directamente de los intercambios de energía y de los procesos biológicos para los cuales no tenemos preparación y entrenamiento. Drogas y alimentos psiquedélicos han sido propuestos como la llave de estos potenciales neurológicos, y los reportes subjetivos con sesiones de LSD [u otras drogas similares] han sido comparados con hallazgos recientes de las ciencias de la energía [Leary 1963].

NOTAS:

1.- Estado alterado de conciencia [EAC]: Cualquier estado(s) mental(es) inducido(s) por diversos medios o agentes –fisiológicos, psicológicos o farmacológicos- , susceptibles de ser reconocidos por el propio implicado o por un observador objetivo, representativos de una desviación suficiente del funcionamiento subjetivo o psicológico del implicado, en relación con las normas que regulan su actividad en estado de conciencia despierto y atento [cfr. Lawlis 1996].

Parece necesario hacer un breve acercamiento a los aspectos neurofisiológicos de los EAC. Es sabido que los hemisferios cerebrales en los procesos de la conciencia y la comunicación son diferentes. El hemisferio izquierdo [dominante para la mayoría de las personas] controla el razonamiento lógico, matemático y el lenguaje. También se caracteriza porque elabora formas analíticas y lineales –temporales- de raciocinio, para la interpretación de la realidad y la comprensión de sus fenómenos. En cambio, el hemisferio derecho se ocupa de los procesos sintéticos y convergentes. Juega un importante papel en la intuición y las emociones fuertes. Es unitario, integral e intemporal. Entonces según esto, existirían potencialmente dos modos de ver alternativos. Uno sería lógico, analítico y realista, y el otro, intuitivo, sintético y simbólico. A nuestro entender, la conciencia chamánica, por efecto o no de enteógenos, se acerca más a la intuición creativa que al juicio racional, a los símbolos que a los signos, al mundo de la afectividad que a la dimensión intelectual [cfr. Vergara 1996].

2.- Es importante establecer algunos postulados teóricos para explicar el significado de la lattice del espacio-tiempo. La mecánica cuántica actual ha desarrollado una concepción acerca de la estructura del espacio que nos va a servir de punto de partida para intentar explicar los estados modificados de conciencia. El concepto de lattice considera que la estructura fundamental del espacio es una red o matriz energética hipercompleja de absoluta coherencia y total simetría. A esta red se le denomina lattice y se considera que en su estado fundamental constituye el espacio mismo omniabarcante y penetrando todo lo conocido. La lattice permanece totalmente invisible hasta que alguna de sus porciones [por cualquier causa] altera su estado de coherencia. Una partícula elemental es precisamente una desorganización elemental de la lattice en cualquiera de sus localizaciones. Cualquier átomo o compuesto químico es una particular conformación estructural de la lattice con respecto a su estado fundamental de máxima coherencia. La concepción de lattice surgió de los estudios de cristalografía, porque la estructura de cualquier cristal es una lattice de alta coherencia que se asemeja a la lattice del espacio. A partir de Albert Einstein, el concepto de espacio ha sido inseparable del tiempo, por lo que la consideración de la lattice espacio-tiempo se refiere a ambos unificándolos. Si la lattice desapareciera el espacio y el tiempo harían lo mismo. Cualquier objeto “material” es en realidad una organización irrepetible de la estructura de la lattice. En su estado fundamental de total coherencia fuera de la misma lattice no existen ni objetos ni alteraciones temporales. Es únicamente cuando la lattice cambia su estructura fundamental que el tiempo transcurre y los objetos aparecen [cfr. Grinberg-Zyblerbaum 1988].

El cerebro humano es la conformación más compleja conocida de la estructura de la lattice [exceptuando la estructura fundamental de la lattice misma]. Cada una de las doce millones de neuronas del cerebro humano junto con todas sus conexiones anatómicas son otras tantas alteraciones de la estructura fundamental de la lattice. Cada vez que una neurona se activa y su membrana celular cambia su potencial de reposo produciendo cambios eléctricos y/o químicos de superficie, la lattice cambia su conformación. El conjunto de las modificaciones de la estructura de la lattice que resultan de toda la actividad del cerebro crea una alteración colosalmente compleja de la lattice. Esta alteración ocurre en todas las dimensiones del espacio y se le denomina campo neuronal. El campo neuronal de un cerebro vivo continuamente interactúa con la lattice produciendo en ellas conformaciones energéticas a las que denominamos imágenes visuales. En realidad, el campo neuronal y la lattice forman una unidad y es la misma lattice la que sirve de fundamento al campo neuronal. Sin embargo, por razones didácticas se habla de interacción del campo neuronal y lattice cuando se haga referencia al efecto que el cerebro tiene sobre la estructura de la lattice. El mundo que conocemos resulta de la interacción entre el campo neuronal y la lattice. Todos vemos un mundo similar porque la estructura de nuestros cerebros es muy parecida y por lo tanto, los campos neuronales que producimos son semejantes aunque irrepetibles y únicos en cada momento. Existen, sin embargo, diferentes niveles de interacción y prácticamente un infinito número de conformaciones que el campo neuronal puede adoptar. Las estructuras cerebrales que más se han utilizado durante la evolución son las más fijas estructural y energéticamente hablando. Esto explica la relativa fijeza de nuestra percepción visual. Al mismo tiempo, las estructuras cerebrales más nuevas, evolutivamente hablando, no tienen tal fijeza ni producen campos neuronales tan parecidos. Por ello, las creaciones intelectuales y el pensamiento son tan variables y con tanta capacidad de originalidad aunque ambos, el mundo visual y el mundo del pensamiento tienen el mismo origen en la interacción del campo neuronal y la lattice. De acuerdo a los estudios de la conciencia que indican que ésta posee valores discretos dando lugar a niveles cualitativamente diferenciados de la experiencia, es posible suponer que la interacción entre el campo neuronal y la lattice posee congruencia solamente con ciertas bandas o niveles mientras que otras no. Por ello existen mundos auditivos diferenciados de los visuales u olfatorios y niveles particulares que la conciencia mística oriental conoce tan bien. Algunos niveles de interacción solamente son accesibles después de un entrenamiento riguroso mientras que otros son más cotidianos y comunes. En todos los niveles, sin embargo, el cerebro afecta la estructura de la lattice [cfr. Grinberg-Zyblerbaum 1988].

3.- Indolamina: Subclase de monoaminas [cfr. Carlson 1993]. Las monoaminas son una clase de aminas biogénicas que incluye las indolaminas como la serotonina y las catecolaminas como la dopamina, la noradrenalina y la adrenalina [Carlson 1993]. Existen tres grupos de derivados indólicos relacionados a la serotonina: a) Derivados de triptamina simple: Serotonina, DMT, 5-MeO DMT, Psilocibina y Psilocina. b) Derivados indólicos tricíclicos [beta-carbolinas]: Harmina, tetrahidro-harmina y harmalina. c) Derivados indólicos complejos: LSD e ibogaína [cfr. McKenna; McKenna 1975].

4.- Triptamina: Un tipo de compuesto orgánico, Indol etilamina, común en plantas y el cuál forma el núcleo de muchos alcaloides psicoactivos, como la DMT, la psilocibina, la LSD y también del neurotransmisor serotonina y la neurohormona melatonina [cfr. Carlson 1993; Ott 1995].

Indol: 2,3 Benzopyrrole; un anillo doble heterocíclico unido con benceno y anillos pyrrolidine; los anillos indol forman el núcleo de muchos alcaloides, especialmente de compuestos psicoactivos; las beta-carbolinas, la LSD y triptaminas como la serotonina, la psilocibina y la DMT son alcaloides indólicos [cfr. Ott 1995].

5.- Beta-carbolina: Un compuesto tricíclico pirido [3,4-b] indol. Metabolitos comunes en plantas y animales, muchos alcaloides beta-carbolínicos tienen efectos sedativos. En pociones psicoactivas tipo Ayahuasca, las beta-carbolinas [especialmente harmina, d-leptaflorina y secundariamente harmalina] procedentes de la liana Baniesteropsis caapi [uno de los ingredientes principales del Ayahuasca] sirven como inhibidores de la enzima Monoamino-Oxidasa [MAO], de éste modo vuelven a la triptamina psicoactiva DMT oralmente activa, cuando sería ordinariamente metabolizada e inactivada por la MAO en el cuerpo del usuario [cfr. Ott 1995].

Las beta-carbolinas son una subclase de la familia indol, algunas beta-carbolinas son alucinogénicas, incluyendo la harmina, la harmalina, la tetrahidroharmina, y las 6-metoxi-harmina [cfr. McKenna 1992].

6.- Serotonina [5-HT]: Es un neurotransmisor indolamínico que ha recibido mucha atención experimental. Sus efectos conductuales son muy complejos. La serotonina interviene en la regulación de los estados de ánimo, en el control de la ingesta, el sueño y el arousal, así como en la regulación del dolor. Las neuronas serotoninérgicas están involucradas de alguna manera en el control de los sueños [cfr. Brailowsky 1995; Carlson 1993].

7.- Melatonina: Hormona secretada durante la noche por la glándula pineal; relacionada con los ritmos circadianos y estacionales [Carlson 1993].

8.- Ayahuasca: Literalmente “bejuco del alma” o “liana de los muertos”, nombre Quechua amazónico para la liana, Baniesteropsis caapi, y para una compleja gama de pociones psicoactivas chamánicas consistentes en extractos acuosos de la corteza de las especies relacionadas al género Malphaghiaceae [que contiene beta-carbolinas inhibidoras de la mono amino oxidasa]; y para otras plantas chamánicas [Psychotria viridis o Diplopterys cabrerana], particularmente las que contienen la triptamina DMT [cfr. Ott 1995].

9.- Monoamino oxidasa [MAO]. Clase de enzimas que destruyen a las monoaminas: dopamina, noradrenalina y serotonina entre otras [cfr. Brailowsky 1995; Carlson 1993].

Los inhibidores de la MAO [IMAO] aumentan las concentraciones de serotonina, norepinefrina y, en menor grado, de dopamina en el cerebro, bloqueando la degradación de estos neurotransmisores por la enzima MAO. Existen dos isoenzimas de la MAO, la MAO-A y la MAO-B. En el SNC, la MAO-A se encuentra presente en neuronas dopaminérgicas y noradrenérgicas, mientras que la MAO-B se localiza en neuronas serotoninérgicas. Los principales sustratos para la MAO-A son la adrenalina, la noradrenalina y la serotonina; mientras que para la MAO-B son la feniletilamina, la feniletanolamina, la tiramina y la benzilamina. Como en el caso de los antidepresivos tricíclicos, la acción terapeútica de los IMAO se debe a mecanismos secundarios a la inhibición de esta enzima. Después de varias semanas de tratamiento, los IMAO producen una reducción en el número de receptores adrenérgicos y serotononérgicos. Estos cambios son análogos a los producidos por los tricíclicos. Los IMAO pueden ser reversibles [por ejemplo, la moclobemida, la brofaroamina o las beta-carbolinas del ayahuasca] o irreversibles [por ejemplo, la fenelzina, la isocarboxasida, la tranilciclopromina o el deprenil]. También pueden dividirse los IMAO en derivados de la hidracina [por ejemplo, fenelzina e isocarboxasida] o no derivados de la hidracina, como la moclobemida. Como casi todos los medicamentos, los IMAO tienen efectos colaterales, algunos de los cuales suelen ser más severos que los de otros antidepresivos. Estos efectos indeseados incluyen mareos, resequedad de boca, constipación y edemas. Poco después de su introducción en la clínica se reportaron casos de cefaleas severas, secundarias a la hipertensión cerebrovascular grave. Estos cuadros clínicos se deben a que cuando los IMAO permanecen en el organismo sin metabolizarse, potencian de modo peligroso la acción de ciertas aminas simpaticomiméticas como la tiramina. Esta sustancia, que tiene una acción hipertensora, se encuentra en muchos alimentos y es normalmente destruida por la MAO, por lo que la inhibición de estas enzimas resulta en un aumento en los niveles circulantes de tiramina en el plasma. Un aumento en la concentración de esta amina en el plasma puede producir hipertensión, cefalea, palpitaciones, náusea, vómitos y sudoración profusa. Los alimentos que en combinación con los IMAO potencian estos efectos tiraminérgicos incluyen ciertos quesos fermentados, algunas carnes frías, habas, productos fermentados y algunos vinos. Por ello es necesario controlar el régimen alimenticio del usuario tratado con los IMAO. Existen nuevos IMAO [por ejemplo, la moclobemida] que son menos tóxicos y que no tienen los efectos tiramínicos de sus predecesores. Sin embargo, no hay datos de que la eficacia terapéutica de estos nuevos fármacos sea comparable a la de los inhibidores clásicos de la MAO, aún en uso, tales como la fenelcina, la iprionacida y la tranilcipromina [cfr. De la Fuente 1998].

Los buscadores de sensación no están subexcitados de manera crónica. En vez de ello, buscan y se excitan mediante intensa estimulación. Por ejemplo, los buscadores de sensación prefieren estímulos que causan una súbita reacción de orientación, una rápida caída [de 5 a 10 segundos] en el ritmo cardiaco y una tensión de la musculatura: una sacudida fisiológica para el sistema nervioso autónomo [SNA] cuando se encuentra ante estímulos novedosos, complejos o personalmente significativos. La preferencia de los buscadores de sensación por los estímulos que producen reacciones de orientación ayuda a explicar por qué prefieren, y buscan de manera activa, actividades como motociclismo, paracaidismo y correr desnudos en lugares públicos. Los sucesos bioquímicos en el cerebro determinan la manera en que reacciona la gente ante la estimulación ambiental, de modo que los investigadores estudiaron los vínculos entre los rasgos de búsqueda de sensación y los sucesos bioquímicos en el cerebro. El hallazgo más destacado consiste en que los buscadores de sensación tienen bajos niveles de MAO. La MAO es una enzima del sistema límbico que rompe los neurotransmisores cereberales como la dopamina y la serotonina. La dopamina contribuye a las experiencias de recompensa mediante eventos biológicamente significativos, como la comida y el sexo y, en consecuencia, facilita las conductas de aproximación. La serotonina contribuye a la inhibición biológica, o al sistema fisiológico de detención del cerebro, y por tanto inhibe las conductas de aproximación. Los buscadores de sensación tienden a tener niveles relativamente altos de dopamina; por ende, su bioquímica favorece el acercamiento, en comparación con la inhibición. Aunque las bases neurobiológicas de la búsqueda de sensación no son del todo claras surgieron tres conclusiones: 1) los buscadores de sensación tienen bajos niveles de MAO; 2) las enzimas MAO regulan, en parte, la disponibilidad cerebral de dopamina, serotonina y otros agentes biológicos, y 3) la dopamina cerebral regula tendencias de acercamiento, mientras que la serotonina cerebral las inhibe. También existe evidencia indirecta de que la búsqueda de sensación tiene una base genética [cfr. Reeve 2003].

A algunos científicos les interesa estudiar la herencia a través del ambiente. Se han hecho pruebas a sujetos para buscar diferencias en un gen en concreto llamado gen de la MAO-A, y se contrastó al gen con el modo en que se había criado a los sujetos de la investigación. Antes del extremo inicial del gen de la MAO-A se encuentra una región promotora que contiene una frase de treinta letras que se repite tres veces, tres veces y media, cuatro veces o cinco. Los genes que tienen repetida la versión repetida tres o cinco veces son mucho menos activos que los que la tienen repetida tres veces y media o cuatro. Se dividieron a los sujetos en los que tenían genes de la MAO-A con una actividad alta y en los que tenían los genes MAO-A con una actividad baja. Extraordinariamente, los sujetos con genes de la MAO-A de alta actividad eran virtualmente inmunes al efecto de los malos tratos. No se metían demasiado en líos, incluso aunque hubieran sufrido maltrato de pequeños. Los que tenían genes de baja actividad eran poco sociables si habían padecido malos tratos; y eran menos insociables que la media si no habían sido maltratados. Los hombres con genes de baja actividad que habían sido maltratados cometieron violaciones, robos y asaltos, cuatro veces más que la media. En otras palabras, no parece que experimentar malos tratos sea suficiente, hay que tener además el gen de baja actividad; o, al contrario, no es suficiente tener el gen de baja actividad, tiene uno que haber sufrido maltrato. La intervención del gen de la MAO-A no resultó demasiado sorprendente. Cuando se elimina ese gen en un ratón se provoca un comportamiento agresivo, y si se restaura el gen se reduce la agresividad [cfr. Ridley 2003].

10.- Enteogénicas, adj. Enteógeno, neol.: “Dios dentro de nosotros”: sustancias vegetales que cuando se ingieren, proporcionan una experiencia divina; en el pasado solían ser denominados “alucinógenos”, “psiquedélicos”, “psicotomiméticos”, etc., términos que pueden ser objetados seriamente. Un grupo encabezado por el estudioso de Grecia Carl A. P. Ruck propone “enteógenos” como una designación que llena por completo las necesidades expresivas y que además capta de manera notable las ricas resonancias culturales evocadas por dichas sustancias, muchas de ellas fúngicas, en vastas regiones del mundo durante la prehistoria y la protohistoria. Véase el Journal of Pasychedelic Drugs, vol. 11, núms. 1 y 2, enero-junio de 1979, pp. 145-146 (traducido en: R. Gordon Wasson, Albert Hofmann y Carl A. P. Ruck, El Camino a Eleusis. Una Solución al Enigma de los Misterios. Fondo de Cultura Económica, México, 1980, pp. 231-235). Nosotros apoyamos la adopción de esta palabra. A lo largo de vastas extensiones de Eurasia y América, el hombre primitivo descubrió las propiedades de tales sustancias y experimentó hacia ellas profundo respeto y aún reverencia; las rodeó con una barrera de secreto. Ahora estamos penetrando en ese secreto y deberíamos tratar a los enteógenos con la veneración de que tan merecedores se hicieron. Pues nos aventuramos en el conocimiento del papel que desempeñaron en la historia primitiva de las religiones, deberíamos llamarlos con un nombre que no se encuentre vulgarizado por el mal uso que de ellos hicieron los hippies [cfr. Hofmann; Ruck; Wasson 1980].

Para el antropólogo español Joseph María Ferigcla, el neologismo enteógeno (s), desde un punto de vista etnológico, es un concepto adecuado para referirse a las sustancias visionarias que el ser humano ha consumido a lo largo de toda su historia. Es preferible el término enteógeno(s) a cualquier otro propuesto hasta ahora (psiquedélicos, psicotomiméticos, psicodislépticos, alucinógenos, etc.). 1) Debido a que sus significaciones no cubren la completa gama de efectos psicodinámicos, fisiológicos y psicológicos que ejercen sobre la mente humana; 2) a las negativas connotaciones sociales que poseen; y 3) a la escasa captación de las notables resonancias culturales y expresivas que evocan dichas sustancias. En resumen, durante la historia de la humanidad siempre se han consumido enteógenos con una actitud de profundo respeto y con el objetivo de la autoinducción de estados chamánicos o extáticos que permitan el contacto con lo numinoso, trascendente y misterioso. Es decir, lo que se condensa en la categoría arquetípica de “divinidad” [cfr. Ferigcla 1999].

11.- Logos: La palabra como causa primaria de los antiguos filósofos griegos; razón; Divina Palabra inspirada [cfr. Ott 1995].

12.- Paul MacLean (1970) ha desarrollado un amplio y especulativo modelo neural sobre la emoción. Su modelo parte de un amplia gama de observaciones, que incluyen el estudio de las lesiones del sistema límbico en humanos, los mapas de las conductas elicitadas en monos mediante la estimulación cerebral y una interpretación de la literatura sobre la evolución del encéfalo en los vertebrados. Según MacLean, el encéfalo humano puede considerarse como un sistema de tres capas, y cada una de ellas marca un significativo avance en la evolución. La capa más antigua y profunda representa nuestra herencia encefálica reptiliana y aparece en la organización actual del tronco del encéfalo. Sirve para mediar actos altamente estereotipados que forman parte de un repertorio limitado, incluyendo acciones que han de realizarse para sobrevivir, como respirar y comer. Estas funciones pueden describirse como mantenimiento de rutina. Con el tiempo se desarrolló otra capa sobre el núcleo reptiliano; este sistema de dos capas se observa en algunos mamíferos inferiores. MacLean considera que esta capa adicional que esta tapa adicional se encarga de la conservación de la especie y del individuo, e incluye el aparato neural que media emociones, alimentación, escape y evitación del dolor, lucha y búsqueda del placer. Las estructuras relevantes de esta capa corresponden al sistema límbico. Con una mayor progresión de la evolución, aparece una tercera y última capa; supone la considerable elaboración de la corteza cerebral y proporciona el sustrato para el pensamiento racional, según este modelo especulativo. MacLean considera que su modelo proporciona una comprensión tanto de las características habituales de las respuestas emocionales en muchos animales como de los cambios evidentes en los animales progresivamente superiores. Para explicar la ventaja del desarrollo del sistema límbico, considera que la elaboración de estas estructuras ofrece al cerebro reptiliano libertad para superar la conducta estereotipada y flexibilidad aportada por las emociones. Muchos aspectos de esta especulación sugieren pensamientos interesantes sobre los aspectos naturales de las emociones, aunque no es todavía posible la valoración del alcance de este modelo [cfr. Rosenzweig, M.R.; Leiman, A.I. 1992].

13.- Fosfenos: Destellos luminosos, líneas o espirales percibidos con los ojos cerrados tras presión en los ojos o bajo la influencia de drogas visionarias [Ott 1995].

14.- Entópticos: Dentro del ojo; referente a la imaginería percibida con ojos cerrados [Ott 1995].

15.- Eidéticos: De o perteneciente a la vívida imaginería mental o perceptual. Frecuentemente el término es aplicado a la imaginería geométrica o arabesca con ojos cerrados y característica de los efectos de las drogas enteogénicas [Ott 1995].

16.-Fractálica: Tipo de formas geométricas que, entre otras propiedades, contienen una imagen de sí mismas en cada una de sus partes, se les llama ahora fractales, y hace más de una década que inundaron el mundo científico con un conjunto de nuevas reglas para enfrentarse con el reto de conocer y describir la naturaleza [Talanquer 1996].

17.- Sinestésica(s): Propio de la sinestesia. La sinestesia es una condición en la que la modalidad sensorial produce una sensación involuntaria en otra. El percepto vivenciado por los sujetos con sinestesia. Las sinestesias simples pueden también deberse al uso de alucinógenos tales como la LSD [Harrison 2001].

Sinestesia: Fenómeno perceptual característico de las drogas visionarias; en el cual la estimulación de un órgano sensorial evoca una percepción en otro; como: el “ver” sonidos o “escuchar” colores [Ott 1995].

REFERENCIAS:

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xibalba :
o sea que esta pagina es unicamente, para etnologos y demas "profesionales" de las "sutancias prohibidas"????????????????
15/11/2013 | 15:44
en Observaciones sobre indolaminas psicoactivas endógenas y conciencia
   
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