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Chamanismo mesoamericano y estados modificados de conciencia


Dedicado a los participantes en el Taller Drogas y Reducción del Daño, Biblioteca Cannábica del Parque México. Reportando desde la 6a Conferencia Nacional...Oakland California, EE UU, a 10 de noviembre 2006Ahora estoy viendo la TV. Frente a mí Azar, un amigo que Dave me presentó en la calle hace una hora. Es “de color”, y...
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Oakland y Harm Reduction

Ricardo Sala

Viernes 10 de noviembre de 2006 (15/01/07)
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Dedicado a los participantes en el Taller Drogas y Reducción del Daño, Biblioteca Cannábica del Parque México. Reportando desde la 6a Conferencia Nacional sobre Reducción del Daño en California, EEUU



Oakland California, EE UU, a 10 de noviembre 2006

Ahora estoy viendo la TV. Frente a mí Azar, un amigo que Dave me presentó en la calle hace una hora. Es “de color”, y cuando se nos acercó sobre la banqueta pude atisbar una inseguridad de estúpido prejuicio racial. Fue solo una ráfaga de temor infundado; inmediatamente me sumergió la curiosidad por conocer de cerca a esta raza sin caucásico, sin latino y sin americano. Sus dientes blancos brillaron en media luna junto con un cuerpo de disposición ajena a mi lenguaje, pero relajada, amistosa. Como la mía, supongo.

Hablamos sobre drogas. Es de lo que se suele hablar en el tipo de comunidades que frecuento. En esta ocasión sobre marijuana, meth, crack. Amigos que venden, hábitos que uno ha aprendido a controlar, o con los que uno está batallando. De pronto Dave saca el tema de la Harm Reduction Conference que estoy atendiendo. Oh! Sounds interesting, dice Azar.

En la televisión sale Dave Chappelle. Es un negro que ya hemos visto en la tele y el cine en México, flaco y bruto porque actúa como bruto, aunque seguramente no lo es. Hace como un año Comedy Central, el canal de cable para el cual había trabajado por cosa de dos años, le ofreció “fifty million dollars” para la siguiente sesión. Dave Chappelle aceptó, y a la mitad de la temporada,—según el chisme a la mitad misma de uno de los programas—decidió abandonarlo todo. Por miedo, dicen. Miedo de perder el control de su situación profesional, miedo de que una broma fuera a convertirse en una obligada fuente de ingresos. O miedo “a estar perpetuando el racismo” porque el público se reía del estereotipo.

Las drogas y Dave Chappelle. “Political and ratial undertones”. “Pop culture referents”. “People’s stereotypes”. Drogas junto con prostitución, políticas y raza, los medios, la guerra. Actúa como un payaso. Hace un año otro amigo gringo me contó el esketch de un comediante negro que ahora pienso debe ser Chapelle. Por alguna razón el personaje recibe de un policía una explicación sobre los efectos de diferentes drogas otorgada por un policía. El policía exhibe una muestra de drogas confiscadas sobre la mesa, y el personaje negro se acerca más cada vez, con los ojos abiertos más cada vez. “Ah, así que para eso sirve la cocaína”. Y continúa haciendo preguntas y comentarios sobre las diferentes drogas, con morbo, finalmente evidenciando que el suyo es el caso estereotípico del “junkie”.

Otra muestra de humor “pacheco”, por no decir de inspiración psicodélica, es a mi parecer la hora del “adult swim”. La hora del nado para adultos es el momento que las albercas destinan exclusivamente a los adultos. En nuestro caso así le han llamado a las caricaturas que se proyectan en el canal de caricaturas a las altas horas cuando los niños ya deben estar en la cama: Futurama, South Park En South Park hay un personaje definitivamente pacheco, aunque las regulaciones impiden que su pachequez sea demasiado evidente, me explica Dave.

Le llamo larga distancia a mi mujer para que platique con Azar. Para que ella escuche el acento y el lingo anglo con que él y otros de Oakland se comunican. Pero él es tierno con ella. Le dice que yo soy una gran persona y que ya desea conocerla: “can’t wait to meet you”. No actúa como el pandillero vendedor de drogas que anhelo conocer en persona y presentarle a Valeria. No lo es. Azar trabaja para el gobierno local, colocando “tickets” a los autos que sobrepasan su límite de estacionamiento y vaciando los parquímetros de las monedas que ha de entregar con cuentas claras a los funcionarios que deben ser sus superiores. Nada ilegal.

Los que sí rayan en la ilegalidad aquí en Oakland son los centros de distribución de marihuana médica. Son solo para pacientes registrados a quienes un médico proporcionó una prescripción que expresamente autoriza la marihuana como medicamento. Al terminar su conferencia me acerqué a Dale para aceptar su propuesta de guiarnos hacia uno de estos “medical cannabis clubs”. Y ahí comenzó mi excursión por Oaksterdam.

Oakland más Ámsterdam, el nombre Oaksterdam aplica para unas tres o cuatro cuadras en el centro donde se encuentran “coffee shops” donde se vende café, parafernalia cannábica y en ocasiones marihuana. Oficialmente la marihuana se distribuye solo a credencializados, y la credencial solo se otorga contra prescripción médica anual y confirmada, todo de acuerdo a un estricto control de marihuana médica.

En esta ciudad satélite de San Francisco, del otro lado del Bay Bridge y a mitad del camino que va a Berkeley, se celebra la Sexta “National Harm Reduction Conference”. Tras diez años, la conferencia regresó a la ciudad que la vio nacer en 1996. Hoy fue el primer día. Dave me acompañó a pie para mostrarme la ruta más conveniente, al lado del lago, y pude llegar antes de las 10:00 para un registro tranquilo y a tiempo. La última cuadra estuvimos siguiendo a una mujer “de color” que resultó acudía a la misma conferencia en el Marriot Oakland Convention Center. Traía la cabeza tapizada de esos botones con anuncios que se ensartan en la ropa, sujetadas a una gorra. Todos promocionando Harm Reduction, seguramente.

La sesión plenaria inició con Paula Santiago presentando a un músico miembro de la comunidad Nativo Americana. El músico de rasgos indígenas en parte similares a nuestros aztecas nos pidió levantarnos de nuestras sillas, por respeto a los ancestros de estas tierras. Cantó y habló al ritmo de una curiosa caña percusiva. Una oración que purificaba el evento, un ritual de inicio donde todos aprendimos frases de saludo y honor con raíces ancestrales en este mismo lugar de la “West Coast”. Una oración para llevar a la salud de nuestras comunidades lo que aprendamos en esta Conferencia.

Habló el “abuelo” de los programas de intercambio de agujas, quien leyó un “post” recientemente subido por él en algún foro de internet – muestra del papel que está cumpliendo este medio digital y horizontal en el movimiento. Habló Alex Graw. Es curioso el entusiasmo conque los gringos encienden estos eventos: aplausos y gritos en medio de un ámbito multirracial. La Conferencia Nacional anterior se efectuó hace un par de años en Nueva Orleans; Alex recién había vuelto a la ciudad y recordaba a todos que tras el huracán ese ya no es el mismo lugar.

Estos y otros detalles producen un aire de auto-asistencialismo y solidaridad.

La conferencia se titula “The politics and the personal”. Toman y dejan el micrófono rápidamente unos cinco actores de la “reducción del daño” en Oakland. Uno, usuario, denomina su movimiento “Junkies for Justice”. El ayuda de/para usuarios de drogas es personal y es político, afirma.

Otro avisa que “haremos” del SIDA y del HIV la prioridad en el próximo congreso. Hace dos días se efectuaron las elecciones intermedias y los congresos se han renovado al parecer a favor de los demócratas y del movimiento. (Oakland es el noveno distrito congresional.)

Una mujer celebra que Rumsfeld acaba de renunciar. “Rumsfeld is out!” $250 billones de dólares dedicados a la guerra hubieran podido invertirse mucho mejor. Todos sabemos a qué tipo de inversión se refiere: los programas de Harm Reduction como los que a duras penas y con poco financiamiento se llevan a cabo en Oakland.

Otra mujer (ellas predominan) nos recuerda que el SIDA y el HIV son 100% prevenibles, a pesar del estigma. Y 100% tratables. Pero la gente debe hacerse las pruebas. Se debe seguir combatiendo el Estado de Emergencia declarado en el 97 y 98; se ha determinado que el índice de contagiados en una población (¿cualquiera?) debe mantenerse abajo del 3% o de otra forma la escalada exponencial sale de control. En la población blanca el índice de HIV es 0.2%; en la negra es 2%. “Public awareness” es la meta número uno: un público percatado de esta realidad. Los recursos son la número dos.

Pasa al frente, micrófono en mano y desplazándose a pasos entre el pánel formal y nosotros su auditorio, la médica Sylvester, tras una ovación de reconocimiento a algún mérito que desconozco pero imagino. Debemos tratar a la gente en el lugar donde está. En inglés la frase la he escuchado varias veces: “Treat people where they’re at”. Habla de este declarado “estado de emergencia”. Más bien existen “estados de emergencia”, sugiere. Y lo que los hace de emergencia no es la condición de salud, sino la falta de acceso a asistencia, ya sea médica o cualquiera. A nosotros su auditorio, los asistentes a esta sesión plenaria inicial de la Conferencia, nos define como “los que hacemos que no haya estados de emergencia”. Nuestra acción incluye hablar con legisladores, con funcionarios, con jueces, con directores de hospitales y de iglesias. En nosotros está mejorar la educación. Caray, a ella en su carrera médica le proporcionaron en total tan solo ocho horas de entrenamiento formal sobre adicciones. Siendo que las adicciones representan el problema de salud número uno en los Estados Unidos.

Desley de Casa Segura. En Portland (en Oregón, al norte de California) comenzaron con Harm Reduction no brindando tratamiento ni prevención, sino vivienda (“housing”), y asistencia para evitar los problemas que mantienen a las personas sin poder echar raíz en la vivienda –tal como el abuso de drogas, etcétera.

Le sigo platicando al amigo de Dave sobre la conferencia, y está interesadísimo. Me pregunto si él es de los que se podrían beneficiar de los programas locales de Harm Reduction. No creo, aunque tal vez sería feliz colaborando en ellos. Resulta llamarse Azar. “Raza al revés”, me explica, en un pésimo pero entendible español. La televisión la hemos estado apagando y prendiendo según la intensidad de nuestras conversaciones. A veces los dejo con las pláticas sobre sus amigos en común para escribir en la laptop que conseguí prestada. Dave y Azar hablan sobre la renacida moda de la patineta. Azar vino a recoger una patineta originalmente de Dave, que éste le otorga junto con un montón de calcomanías de escatos. Por casualidad la tele muestra un especial sobre patineta, donde sale la figura número uno del deporte urbano desde los tiempos de la primera moda. Inmediatamente lo reconocen. Me muestran una foto de Azar sonriendo junto con este hombre figura. Una de las razones por la que mis nuevos amigos gustan más de Oakland que de San Francisco es la facilidad de las instalaciones públicas para patinar.

(¿Será publicidad el especial sobre patineta? Las compañías que fabrican estos implementos deportivos tratan de encontrar el equilibrio entre el descaro publicitario y la fidelidad más íntima con sus clientes.)

A las dos de la tarde busco el salón donde se efectuará la “breakout session” sobre marihuana médica y reducción del daño. Me encuentro una cara conocida. Es Jag, de la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies. Por descuido no leí que él es uno de los ponentes. Jag ordena los materiales que repartirá entre los asistentes, entre ellos ejemplares de la más reciente revista de MAPS. Le agradezco los libros que su asociación donó para la Biblioteca Cannábica. (También por descuido no he encontrado el tiempo para colocar los ejemplares dedicados a La Pirámide.)

Expone Dale Gieringer, de NORML California, habitante de Oakland y miembro del comité de la “Medida Z”. 50% del uso de marihuana médica es para aliviar el dolor crónico. Por ejemplo el de la espina dorsal. Los potenciales médicos vienen en cuatro categorías; entre éstas sus acciones como imuno-modulador, como antidepresivo y como ansiolítico. Sirve en ocasiones para el tratamiento de ADD y al parecer de esquizofrenia.

Sirve también como sustituto de otras drogas incluyendo alcohol. Dale menciona el trabajo de un Dr. Nikerita y la proposición 215 como ilusrtaciones. Los avances en facilitación legal de marihuana médica no han incrementado como se podría creer el uso o abuso entre adolescentes y jóvenes. Tal vez, explica Dale, a los chavos “no les prende” consumir algo ya considerado medicamento. Existen 200 clubs de cannabis médico; la mitad de éstos en el área de Los Ángeles.

Habla Jag Davies de MAPS. 24 estados cuentan con programas de algún tipo de marihuana legal. Las investigaciones de MAPS y otros han demostrado que las pipas de agua no reducen los tóxicos significativamente. El mejor suministro es mediante vaporizadores. Pero hay obstrucción del gobierno federal para la investigación de los alcances y las limitaciones de la marihuana médica. La FDA y la DEA restringen el acceso a material legal para investigación, a una sola productora me parece que en el Mississippi. Escasa marihuana y de mala calidad.

Habla Amanda E. Reiman. Es una académica con estudios de post doctorado en Berkeley. Con el rigor de la metodología estandarizada Amanda ha realizado encuestas entre dueños/administradores de “dispensaries” (¿’despensas’?), así como entre usuarios, con el cuidado de mantener los anonimatos. Un beneficio que ella ve en estos clubes de marihuana médica es la multiplicidad de servicios sociales. Para empezar, la población es diversa. 74% masculina, 25% femenina; diversidad de edad; curiosamente 18% Nativos Americanos, 75% con seguro médico aunque sea del Estado.

La mitad de los credencializados en los clubes de la “Bay Area” (cercanos a San Francisco) sustituyen alcohol con marihuana, y otro alto porcentaje substituye drogas de prescripción para evitar sus efectos colaterales. Expone Amanda que entre los servicios adicionales proporcionados por algunos clubes hay Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. En esos AA se ha desarrollado el término “marijuana maintenance” en referencia a la alternativa para abstenerse del alcohol. Otros servicios adicionales: clubes de mujeres o de veteranos, de pacientes de enfermedades particulares tales como cáncer y sida, de escritores o de “crochet”, bingo, acceso a internet, clases para cosechar o sobre leyes, lecciones sobre vaporización, activismo para población marginal, consejería terapéutica e incluso, en un caso, cuidado del perro mientras se recibe la atención: “doggie day care”.

Es el turno de Philippe G. Lucas, fundador y director de un club similar en Canadá, el Vancouver Island Compassion Society. El país de más al norte cuenta con 1300 usuarios legales en total, y Philippe es uno de ellos. Más tarde, cuando Dale nos lleve al club, la seguridad será exacerbada (nos dejarán afuera mientras llaman por teléfono para verificarnos) y Philippe presumirá su flamante tarjeta de usuario legal canadiense. Su “card” explicita la cantidad de materia que se le autoriza portar en cualquier momento, así como la que puede producir en su domicilio. Y viene el domicilio, cosa que le desagrada. “¡Si la pierdo quien la encuentre podría ir a robarme para abastecerse!”

Philippe: Hace mucha falta la investigación. Se requiere investigación científica en los aspectos demográficos, sociológicos y clínicos. A los clubes y centros sugiere mantener un registro apropiado. La transparencia, contra lo que pudiera parecer, ayuda: este canadiense ya tuvo un problema con la ley y el juez otorgó la inocencia basándose en la claridad de las intensiones. Además, los pacientes aman el acto de registrarse. Un club debe diferenciarse del mercado negro brindando servicios tales como: información sobre el origen de la hierba proporcionada (solamente orgánica en su caso), sobre métodos de producción, sobre la subespecie más útil para un padecimiento en particular El expendio de Phil otorga una orientación de cuarenta minutos. Es un club de compasión. Se debe autoimponer la regulación. Esto se llama también “distribución basada en la comunidad”. Es una contribución social, al contrario de una simple distribución.

En la sesión de preguntas y respuestas creo que es Amanda quien contesta que 70% de los clubes brindan servicios de salud. Otro comentario, de Phil o Dale: hay investigaciones que indican que el humo puede incluso ser “anticancerígeno”.

Éste fue el primer día en la Conferencia, estimados foristas. Al terminar esa sesión salimos con Dale, visitamos el club y visitamos “Oaksterdam”. Regresé a la casa de mis nuevos amigos, platiqué con Dave y Azar, y vimos televisión. El día anterior a mi salida obtuve de un colega mexicano excelentes recomendaciones sobre la “Bay Area”. Me llegó a comentar que Oakland es fea y no hay nada que ver en ella. No he conocido sus más peligrosos barrios en los extremos este y oeste, pero hasta ahora Oakland con su lago y con sus centros de asistencia y con su cultura Oaksterdam me ha parecido más que disfrutable. No he conocido sus calles en patineta aún, pero he conocido a su gente. Viva representación de la gente gringa que vemos en la tele.


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