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La mujer y el crimen
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Hace dos días se publicó un reportaje diciendo que la participación de la mujer en la vida delictiva estaba creciendo de manera abrumadora, sobre todo en el narcotráfico, donde las mujeres trabajaban, cuando jóvenes, como enganchadoras -o sea seduciendo futuros clientes-, o como "mulas" -llevando el producto de un lado a otro-, pero que con...
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La mujer y el crimen

Rafael Ruiz Harrell

Lunes 29 de enero de 2007 (01/02/07)
Reforma ver en reforma.com





Hace dos días se publicó un reportaje diciendo que la participación de la mujer en la vida delictiva estaba creciendo de manera abrumadora, sobre todo en el narcotráfico, donde las mujeres trabajaban, cuando jóvenes, como enganchadoras -o sea seduciendo futuros clientes-, o como "mulas" -llevando el producto de un lado a otro-, pero que con la edad, la experiencia que les dejaba el manejo de la economía familiar y el ascendiente que tenían sobre otros miembros de la banda, ya estaba ocupando puestos directivos y tomando decisiones importantes. En algunos casos, se decía, las mujeres lideraban las bandas.

Todo esto parecía más o menos razonable -incluso hay datos que lo confirman parcialmente-, pero que la participación de las mujeres en el narco hubiera aumentado, me parecía una afirmación muy poco creíble porque se la hacía descansar en una sola cifra: en el mundo del narcotráfico, se decía, el número de mujeres delincuentes había aumentado hasta llegar a representar el cinco por ciento. ¿El cinco por ciento? Si así fuera estaría muy por debajo de las proporciones que las mujeres representan en otros tipos de delitos.

MUJERES Y DELITOS

La única manera de precisar la proporción que representan las mujeres en los delitos más frecuentes es considerar su participación en el conjunto de los presuntos responsables. El dato se presta a varias objeciones, pero no hay otro más confiable ni más cercano al acto delictivo: las declaraciones de las víctimas sobre el sexo y edad de sus atacantes no son de fiar.

De 2000 al 2005 del total de personas a las que se les dictó auto de formal prisión en el DF, el 11.1 por ciento pertenecían al sexo femenino. En algunos crímenes la proporción era menor, como en el caso del homicidio doloso, en el cual su participación era de sólo el 5.1 por ciento o en el robo, donde ascendía a 7.5. Pero en otros superaba esa proporción. Así en el caso de las lesiones la participación femenina llegó al 15.9 por ciento; el allanamiento de morada a 17.3; el fraude a 18.7 y el despojo, que alcanzó la máxima del 29.5 por ciento.

La preferencia de las mujeres por delitos como el fraude y el abuso de confianza es relativamente constante, quizá porque en ellos la violencia está ausente. Parece contradecir la afirmación anterior su elevada participación en el delito de lesiones- también un factor constante-, mas en este caso debe señalarse dos cosas: las lesiones resultan o de un pleito entre dos mujeres o del maltrato que algunas mujeres le infligen a los menores.

HISTORIA Y EDADES

En los años setentas, la teoría advirtió que la mayor participación de la mujer en la vida económica, cultural y política de la comunidad, terminaría por traducirse en una mayor participación de la mujer en el crimen. La afirmación resultó verdadera sólo a medias: el número de las víctimas femeninas se ha multiplicado muy considerablemente desde entonces, pero por fortuna no ha ocurrido otro tanto con las delincuentes. Visto en números crudos, el número de mujeres delincuentes se ha quintuplicado en los últimos 35 años, digamos de 1970 a 2005, mas al ver la proporción que representa su acción de los delitos resueltos -o sea aquellos en los que se aprehendió a un presunto responsable-, se descubre que siguen un orden cíclico que responde muy puntualmente a las crisis económicas.

Así de 1960 a 1970, las mujeres delincuentes representaron el 6.3 por ciento del total. La crisis de finales del gobierno de Echeverría las llevó a 9.6 en 1975; 9.3 en 1980 y, de nuevo por las crisis de fines del gobierno de López Portillo, brincaron al 13.2 por ciento del total. Las crisis de la última década del siglo XX, conservaron alta la participación femenina en el crimen: en el 2000 fue de 13.9, pero la estabilidad económica empieza a restringir su participación y en el 2005 ya fue de sólo 9.6 por ciento.

Las crisis no afectan la manera en que se distribuye la participación femenina en el crimen por edades. Entre 2000 y 2005 en los presuntos responsables con 18 o 19 años de edad, el 9.4 por ciento fueron mujeres. A partir de ahí la proporción aumenta por grupos quinquenales de edad hasta llegar al 23.5 por ciento cuando tienen 60 o más.

El narcotráfico es por ahora el delito de moda y la causa de todos nuestros males. No es de extrañar que sólo por llamar la atención se destaquen como si fueran sorprendentes, circunstancias que son usuales en el resto de la criminalidad.
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