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EL reciente hallazgo de restos de marihuana depositados junto al cuerpo momificado de un hombre prehistórico de hace 2.800 años (por tanto del 800 antes de Cristo aproximadamente) en el oasis de Turpan (región de Xinjiang Uygur, noroeste de China) ha despertado una gran expectación. La noticia, tratada con excesivo sensacionalismo, alude a un...
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Los orígenes del consumo de drogas

Elsa Guerra Doce

Jueves 4 de enero de 2007 (06/02/07)
El Norte de Castilla ver en nortecastilla.es





EL reciente hallazgo de restos de marihuana depositados junto al cuerpo momificado de un hombre prehistórico de hace 2.800 años (por tanto del 800 antes de Cristo aproximadamente) en el oasis de Turpan (región de Xinjiang Uygur, noroeste de China) ha despertado una gran expectación. La noticia, tratada con excesivo sensacionalismo, alude a un hecho no muy frecuente en el registro arqueológico, pero no por ello excepcional ya que existen evidencias similares para momentos mucho más antiguos incluso, tanto en ese país como en otros territorios. De hecho, a pesar de que la información de la que se hacen eco los media señala que la marihuana no era una sustancia conocida por las antiguas civilizaciones chinas, disponemos de testimonios que indican lo contrario.

El Cannabis es una planta originaria de Asia Central que pronto se difundió por las regiones aledañas. Comenzó a cultivarse en China desde fechas muy tempranas. Se han descubierto restos textiles de cáñamo en varios yacimientos arqueológicos del Neolítico y, en opinión de algunos arqueólogos, las culturas de Yang-shao (provincia de Henan) y Lung-shan (provincia de Shandong), que se desarrollaron entre el 4000 y el 2000 antes de Cristo en la zona oriental de China, decoraban sus cerámicas con impresiones de cuerdas hechas con esta planta. Aparte de su empleo como fuente de fibra, pronto comenzaron a explotarse las propiedades estupefacientes de hojas y resina, y a consumirse las semillas como alimento. Algunos de los más antiguos tratados médicos, como el Pen Tsao o el Nei Ching, alaban las virtudes terapéuticas del cannabis y sabemos de un médico del siglo III antes de Cristo que empleaba hachís disuelto en vino como anestesia. Otros textos atribuyen a la planta propiedades mágico-religiosas y, así, en el 'Manual de las cinco vísceras', del siglo VI de nuestra era, se aconseja la ingestión de las inflorescencias del cáñamo para convocar apariciones demoníacas.

También en Europa la relación del hombre con el cannabis se remonta a la Prehistoria. Desde el Neolítico en adelante se empleó en la confección de cuerdas y de tejidos. Asimismo se han hallado restos vegetales de esta especie en yacimientos arqueológicos dispersos por todo el continente. Muchas veces no es fácil determinar si la presencia del cáñamo allí se debe a la explotación de sus propiedades oleaginosas y alimenticias, o bien si fue utilizado como droga. En este sentido debemos tener presente que varias tumbas europeas han deparado este tipo de evidencias lo que podría indicar que la inhalación de los vapores procedentes de la combustión de la marihuana durante las ceremonias sepulcrales era una práctica frecuente entre los asistentes para entrar en un estado de trance. Quizás el ejemplo más ilustrativo de esta costumbre proviene de la tumba siberiana de Pazyryk, fechada en el siglo IV antes de Cristo. Entre las diversas pertenencias de la pareja escita allí inhumada, se recuperaron un par de braseros en cuyo interior aparecieron semillas de marihuana entre piedras quemadas, y el armazón de una cabaña. Este hallazgo viene a confirmar el relato del historiador griego Herodoto quien un siglo antes había descrito las costumbres fúnebres de los escitas en los siguientes términos: Los escitas toman la semilla del susodicho cáñamo, se deslizan bajo los toldos de lana y, acto seguido, arrojan la semilla sobre las piedras candentes. A medida que la van arrojando, la semilla exhala un perfume y produce tanto vapor que ningún brasero griego podría superar semejante cantidad de humo. Entonces los escitas, encantados con el baño de vapor, prorrumpen en gritos de alegría. Esto les sirve de baño, pues resulta que jamás se lavan el cuerpo con agua (Herodoto, Historia, IV, 75, 1-2)

Aparte de la marihuana, las gentes prehistóricas europeas hicieron uso de otras muchas drogas vegetales con fines religiosos y medicinales, principalmente. Son muchos los yacimientos arqueológicos que han deparado restos de plantas con propiedades psicoactivas como adormidera -la planta del opio-, cornezuelo de centeno -un hongo parasitario del pasto y los cereales del que se obtiene LSD-, o especies de la familia de las solanaceae como beleño y estramonio, que siglos después serían ingredientes comunes en los llamados 'ungüentos de las brujas'. Si bien no siempre se debe relacionar la aparición de estas plantas con su explotación como drogas, en ocasiones esta práctica resulta innegable. Gracias al avance de las técnicas analíticas es posible detectar la presencia de drogas en los utensilios prehistóricos que sirvieron para su preparación y consumo. Igualmente, los metabolitos de estas sustancias quedan fijados en los huesos de sus consumidores, hecho que ha podido comprobarse en individuos prehistóricos. Además, son numerosos los pasajes de textos de autores grecolatinos y de las grandes civilizaciones de la antigüedad que aluden a esta costumbre. Disponemos, pues, de un nutrido cuerpo de evidencias que ilustran que el consumo de drogas no debió de ser infrecuente entre las comunidades de la Prehistoria.

La importancia del hallazgo de Turpan, por tanto, no radica en su singularidad sino en su significado cultural. No está de más recordar que se trata de un personaje de alto rango como sugieren el collar de turquesas y las joyas de oro y bronce depositados junto al cadáver, y las piezas que aún portaba en sus manos (un hacha de bronce y una vara adornada con tiras de cobre). De hecho, son tumbas y contextos religiosos los más proclives a entregar restos de drogas vegetales, lo que podría ser indicativo de su empleo como parte de los rituales allí celebrados. Y no parece casual que sean, precisamente, los sepulcros de individuos socialmente destacados, como es el caso que nos ocupa, los que suelan albergar este tipo de evidencias. ¿Quizás el empleo de drogas en la antigüedad fue privilegio exclusivo de las minorías hegemónicas?


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