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Drogodependencias, las implicaciones de asumir una sociedad de riesgos
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Centros de Integración Juvenil (discurso en conferencia)Según las investigaciones y encuestas realizadas para conocer el estado actual delconsumo de drogas en casi todos los países industrializados, entre ellos España (OED,2001), se registra un incremento constante, principalmente de sustancias estimulantes del Sistema Nervioso Central del organismo, como el caso de las drogas...
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Drogodependencias, las implicaciones de asumir una sociedad de riesgos

Alejandro Sánchez Guerrero

Jueves 6 de febrero de 2003 (06/02/07)
Centros de Integración Juvenil



(discurso en conferencia)

Según las investigaciones y encuestas realizadas para conocer el estado actual delconsumo de drogas en casi todos los países industrializados, entre ellos España (OED,2001), se registra un incremento constante, principalmente de sustancias estimulantes del Sistema Nervioso Central del organismo, como el caso de las drogas de síntesis y cocaína, las cuales se han ido colocando entre las más preferidas por los sectores más jóvenes y utilizadas comúnmente en espacios nocturnos y de ocio (PNsD,2000) además de que han desplazando gradualmente a otro tipo de drogas caracterizadas por sus propiedades depresoras y por los deterioros físicos asociados.

Desde las políticas del estado, las estrategias para reducir la demanda en el consumo de este tipo de drogas, ha sido muy variado; durante muchos años las políticas que han predominado son aquellas que promueven los programas libres de drogas, cuya meta es disminuir la frecuencia o incidencia del consumo de drogas através de buscar el abstencionismo (tolerancia cero), pero desde hace un par dedécadas se ha venido configurando una estrategia alternativa a la cual se le ha denominado Programas de Reducción de Daños y Riesgos “también conocida como limitación de daños, reducción de riesgos o minimización de los daños”, la cual puede catalogarse como una política social caracterizada por promover un conjunto de medidas sociosanitarias individuales y colectivas que establecen como objetivo inmediato disminuir o paliar los efectos dañinos del consumo de drogas y los riesgosasociados.

Desde la posición institucional que promueve este tipo de medidas, se suele decirque para poder entender los Programas de Reducción de Daños y Riesgos, es necesario primeramente diferenciar entre las causas y efectos del uso de drogas, o lostipos de conducta habitual o dudosa de provocar resultados específicos. Desde esta perspectiva, riesgo es un término utilizado para describir la posibilidad que tiene la conducta de consumir drogas, de ocasionar diferentes consecuencias. Por su parte daño y beneficio, son términos complementarios empleados para explicar sí una consecuencia concreta es vista como negativa (indeseable) o positiva (deseable). ¿En qué medida se podría decir que esta manera de entender los riesgos bajo esta perspectiva de las políticas en drogodependencias constituye una forma de institucionalización de mismo concepto? Si duda, para poder contestar a esta interrogante, resultaría inadecuado restringir el análisis del concepto de riesgo sólo al discurso elaborado al interior de los expertos sobre las drogodependencias, ya que algo que ha venido siendo una constante de este campo de conocimiento es su baja o nula reflexividad de las teorías que procuran fundamentarle.

De manera general, podemos incluir en nuestra definición de riesgo la perspectiva de Ulrick Beck, quien dice que “[...] es el enfoque moderno de la previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana, las diversas consecuencias no deseadas que la modernidad radicalizada” (Beck, 2002). Nos encontramos en un momento en el cual es prácticamente imposible continuar sosteniendo al interior de las políticas de salud pública (como en muchos otros ámbitos) ideas de control, certidumbre o seguridad, que habían sido tan fundamentales en épocas anteriormente, y no es que lo hallan dejado de ser, lo cierto es que han dejado, en mucho de ayudar a comprender varias formas contemporáneas de orden individual, grupal y colectivas, algunas tan diferentes a las que estábamos habituados a conocer.

Continuamente y aunque nos sea imposible percibirlo al mundo lo estamos transformado y nosotros con él; pero lo que generalmente nos resulta más difícil de reconocer y, en consecuencia, de proceder es sobre la necesidad de transformar las instituciones sobre las cuales se soportan y fundamentan. Un mundo moderno que legitima su económica, política, tecnológica en una lógica dicotómica / binaria y, auncuando su operancia se disuelve ante nuestros pies, aun así nos aferramos a la seguridad percibida de pisar sobre terreno conocido, la apertura que exige la transformación global de la sociedad cosmopolita y el surgimiento de fundamentalismos,representan unos de las mayores consecuencias originadas por las pretensiones del proyecto modernizador.

Según Anthony Giddens continuamente nos alejamos de los parámetros que conforman las sociedades tradicionales, las cuales son uno de los últimos reductos donde son posibles de observar un conjunto de símbolos y prácticas que se resisten a las transformaciones que sufren las instituciones encargadas de moderar la interacción social (Giddens, 1993), sin embargo, terminan por transformarse o, lo que es más común, desaparecen. Lo distintivo de una sociedad tradicional es que define una especie de verdad (Giddens, 2002,) marca el cómo son las cosas, sin necesidad de cuestionar el por qué son así. Otra distinción es que dentro de toda tradición existe uno o varios erudito(s), sacerdote(s), sabio(s) o como quiera que se le nombre, quienes guardan una posición y/o poder por su capacidad de interpretar la verdad a partir de determinados símbolos rituales.

Dos cuestiones importantes se deben tener en cuenta aquí: a) Esas personalidades tradicionales no son iguales al experto (sistema de expertos); y, b) Contra ellas, fue contra quienes arremetió el proyecto ilustrado, por lainfluencia de su poder de conocimiento. Pero lejos de que la tradición desaparezca, se regenera a gran escala y en versiones diferentes; sobreviven aunque para ello tengan que vaciar su contenido, que mejor ejemplo que la comercialización de los folklorismos. Desaparecidas o no, transformadas, vacías y comercializadas o no, Anthony Giddens nos dice que no se puedenegar la importancia que tienen las tradiciones: dar sentido al ritual, a la ceremonia ya la repetición. El lugar que deja vacante la tradición (sea por su desaparición o su transformación), da lugar a nuevas dinámicas de interacción social; entre ellas a unmargen de mayor libertad y autonomía, pero también a una mayor desestructuraciónde las actividades de la vida cotidiana, que encuentran una compensación en el aumento de las adicciones (no sólo a sustancias psicoactivas) y estilos compulsivos de actuar, pensar e, incluso, imaginar.

Giddens, identifica entre tradición y adicción un par de importantes paralelismos para poder comprenderlas de forma distinta a la habitual: por un lado, ambas tienen que ver con la influencia en el pasado sobre el presente: “El adicto es siervo del pasado, pero porque no puede romper con lo que al principio eran hábitos de vida libremente escogidos” (Giddens, 2000), y por otro parte, la repetición es en ambas un factor indispensable: “La adicción entra en juego cuando la elección que debieraestar impulsada por la autonomía, es trastocada por la ansiedad” (Giddens, 2000).

En resumen: en tanto que en las formas de vida cercanas a determinadas tradiciones, elsujeto se encuentra adscrito a un contexto delimitado mediante creencias y sentimientos colectivos compartidos, por el contrario en las formas de vida se desarrollan con la carencia de tales factores tradicionales, el sujeto rige su presente como el único medio de vencer la ansiedad que le causa la incertidumbre del futuro; en una sociedad que exige, entre otras muchas cosas, precisamente la conquista de ese futuro, su mirada está siempre dirigida hacia delante, nunca ni hacia atrás ni hacia el momento que mira. Esta necesidad de avance con fines de ejercer un control sobre lo venidero en lavida de los sujetos, da lugar de manera constante a lo que podemos entender como momentos decisivos, que “[...] son aquellos en que los individuos se ven llamados a tomar decisiones especialmente determinantes para sus ambiciones o, más en general, para sus vidas futuras” (Giddens, 1995).

La seguridad percibida en lo estático, se ve trastocado por la percepción de riesgo que implica el movimiento, los cambios implican riesgos, y el cambio se ha incorporado a nuestra estructura ontológica. Las decisiones toman un sentido distinto, se convierten en una función transcendental enla vida cotidiana, pero la toma de decisiones implica, aunque no siempre de forma totalmente consciente, una alta posibilidad de que las cosas no resulten como mejorse esperaba, por ello, según Giddens (1995) los momentos decisivos ponen de manifiesto riesgos de graves consecuencias para el individuo, comparables a los que caracterizan la actividad colectiva. ¿Cómo saber cuándo una decisión ha sido correcta, o por lo menos, cuándo implicará menos consecuencias negativas? Resulta casiimposible calcular con una con exactitud el riesgo, pues incluso en circunstancias de riesgo relativamente limitadas, se dan siempre resultados no pretendidos ni previstos.

Al analizar el riesgo, se cae en la cuenta de que esta noción no se relaciona con la pretensión de mantener un total control sobre lo que pueda suceder, ni garantiza una seguridad, sino que es una forma de reconocer una capacidad cada vez más mermada sobre ese control y la imposibilidad contemporánea de afirmar la certeza total dealgo. De ahí la importancia de centrar la atención de las drogodependencias en una controlabilidad limitada, lo cual exige el abandono de una perspectiva hegemónica,sobre todo cuando esta se caracteriza por la linealidad y unilateralidad de su acción,como actualmente se sigue sosteniendo desde otros dispositivos de atención que conviven de distinta forma con los Programas de Reducción de Daños y Riesgos.

Por otro lado, es importante ubicar esta discusión en un contexto de globalización en el cual los impactos en los avances científicos, tecnológicos y del pensamiento racional han marcado nuestros estilos de vida, cuyos orígenes pueden rastrearseen la Europa de los siglos XVII y XVIII. Periodo histórico que también se ha caracterizado, entre otras cosas, por la constante necesidad por forjar nuevos constructos lingüísticos para designar las modificaciones o alteraciones que se han ido haciendo anuestro entorno físico o simbólico.

El concepto de riesgo, tal y como lo conocemos actualmente, según Anthony Giddens (2000), parece haber tomado cuerpo en los siglos XVI y XVIII por la necesidad de los exploradores europeos de la época pordesignar las incertidumbres que los acompañaban en sus viajes por mares aun no del todo conocidos, por la necesidad de designar a ese algo a lo cual se enfrentaban sin las suficientes certezas de saber lo que es, de tal formas que el concepto de riesgollegó al ingles (risk) derivación del francés (risque) y procedente del español, portugués e italiano, países que tenían una fuerte tradición marítima. Incluso durante la Edad Media, según Giddens la designación del riesgo, era prácticamente inexistente, reservándose algunas nociones cercanas a contextos de extrema marginalidad.Por tanto podemos decir que el riesgo es una noción acuñada bajo el manto de la modernidad, asignada, en primer término a una cuestión espacial (ligada a la interacción humana con la naturaleza) y de manera posterior a una cuestión temporal (cambios y fluctuaciones financieras, p. ej.). Separación que descubre claramente caracteres modernos al crear “espacios vacíos” al fomentar las relaciones entre los“ausentes” localizados a distancia de cualquier situación de interacción cara a cara.

El potencial de la noción de riesgo para designar ideas de probabilidad e incertidumbre se han desplazado a casi todos los ámbitos de nuestras vidas, un riesgo que se desentiende y toma distancia de las amenazas y los peligros, porque responde a una necesidad de representar algo distinto a eso. Actualmente existe un constante interés institucional por calcular y determinar el riesgo implicado en muchas de las acciones cotidianas, pero también existe un punto ciego que no permite admitir que el riesgo nunca puede se calculable, aun en circunstancias de riesgo delimitadas, que no se libran de representar algún grado de resultados no pretendidos o imprevistos; incluso en las incursiones aéreas tecnológicamente precisas que realiza la OTAN se suele aceptar cierto margen de error los cuales se les llama “efectos colaterales” tomando forma concreta en el asesinato de civiles de cualquier edad. En la constitución de los conceptos se suelen almacenar parte de la historia de los contextos que los ven nacer; el lugar simbólico que hoy ocupa el riesgo en nuestra cognición, anteriormente en una época premoderna (tradicional, diría Giddens 1993y 2000) ese lugar estaba designado al destino, la suerte o la voluntad, pero la innovación, tan característica de la modernidad, se encarga de recordar su doble filo: va de la seguridad al peligro ó de la fiabilidad al riesgo.

Por una parte, el desarrollo de las instituciones sociales y su expansión mundial han creado mayores oportunidades. Pero por otro lado, existe la amenaza constante de un desequilibrio por el tipo de relaciones de productivas, bélicas y ambientales por el estilo de vida que la modernidad requiere. Ante este panorama, se establecen como objetivos, por una parte, el minimizar o paliar los efectos no deseados e incrementar o extremizar los riesgos económicos y empresariales que son finalmente la fuerza motriz (Giddens, 2000) de la economía globalizada. En este sentido sería más indicado y correcto teóricamente, si se nos permite expresarlo así, que cuando aludimos a la disminución de factores de riesgo, lo que generamos está más cercano a la fiabilidad (trust) que a la seguridad; en otras palabras,las acciones que se desprenden de los Programa de Reducción de Daños y Riesgos dirigidas por una determinada perspectiva de un sistema de expertos de un espacio público que accede a asumir cierto margen de riesgos, lo que hace es garantizar que determinados perfiles y/o conductas (factores de protección) tienen menos probabilidades de acceder al daño, lo cual es lo mismo que sostener que con base en determinado conocimiento, se establece determinada situación de fiabilidad, donde el sujeto puede estar ante la capacidad de recocer las alternativas y contrastar el riegoque corre la decisión tomada y las responsabilidades implicadas que tendrá que asumir por tal decisión.

Mucho de lo anterior sirve para comprender por qué actualmente, y de manera particular en los países mas desarrollados, se está impulsando con cada vez mayor fuerza una ética de autorrealización y logro individual: “Elegir, decidir y configurar”, dice Ulrich Beck, individuos que aspiran a ser autores de suvida, creadores de su identidad son las características centrales de nuestra era. La tesis central de algunos de los últimos libros de Ulrich Beck sobre la sociedad de riesgo (1997) y su posterior replanteamiento de sus formas globales (2002), ayuda de manera importante a comprender un poco más algunas de las manifestaciones del mundo contemporáneo: la situación de riesgo global, es decir, la forma en quecada uno de los riesgos mundiales que afectan a cada sujeto, independientemente del lugar donde resida o cualquier posición jerárquica que se ocupe; a lo largo del siglo XX consolidamos una situación de riesgo permanente como nunca antes en la historia lo habíamos estado.

Pero también no debe dejarse de reconocer que este riesgoen su mayor parte es manufacturado, esto es, creado por el impacto mismo de nuestro conocimiento creciente del mundo en contraste con otros tipos de riesgos decarácter externo, que se experimentan como algo totalmente ajeno. Sería ingenuo desligar este estado de incertidumbre a los cambios que observamos todos los díasen la forma en que interactuamos con otros. Ramón Ramos (1999), que se puede suponer que nos encontramos ante un riesgo cuando: Hay una exposición consciente a daños; Los daños, en alguna manera son dimensiones, son considerados eventuales; y, tal situación es producto y objeto dedecisiones. Por su parte daño es todo aquello que supone menoscabo, detrimento o pérdi-da de algo valorado positivamente, es decir, de un bien que se tiene. Si el riesgo hace siempre referencia a la eventualidad de un daño, entonces lo que está en riesgo es siempre un bien, aunque lo que inmediatamente se tematice sea su daño. Ramos diceque según sea concebido y valorado ese bien, se comprende que la conducta de riesgo pueda consistir en evitación o adopción.

En el primer caso, el riesgo llama a evitar algo; en el segundo, anuncia una oportunidad. Por ello, nos dice, la semántica del riesgo se desliza entre los polos de lo negativo (a evitar) y lo positivo (a adoptar), la alarma y el reto. Todo depende de cómo se precise el bien cuyo daño se arriesga y decómo se sitúe en un sistema de valores. Al daño se sabe que se está expuesto. Esto no significa elección, pues tal situaciónpuede ser la consecuencia de decisiones de otros. Dice Ramos (1999) que por ello no podemos hablar propiamente de riesgo si algo es conceptualmente como tal, es decir, si se presenta consecuentemente con una exposición a eventuales daños que se abre a la decisión.

Por lo tanto la realidad u objetividad de los riesgos no es otra cosa que la asunción consciente de que tal es el caso: para lo que unos es un riesgo de un cierto tipo, para otros o no lo es o responde a un tipo distinto, recordemos la práctica del jumping que se ha extendido a muchos países, una actividad de alto riesgo que no cualquiera estaría dispuesto a realizar. Pero, ¿cómo es que se traducen o integran estas nociones, en estrategias deintervención como son los Programas de Reducción de Daños y Riesgos, particular-mente en lo que hacen a las drogodependencias? En primer término tenemos que distinguir que todo esto se ha hecho acercando el lenguaje del riesgo a un lenguaje probabilístico centrado en los resultados delas acciones individuales. Esta perspectiva del riesgo opaca la dimensión global de la percepción del riesgo (Cfr. Douglas, 1996).

Dentro de los marcos conceptuales quese han construido para direccionar los Programas de Reducción de Daños y Riesgos han partido de individuos, sin pretender dar cuenta de la posición del individuo enesa abstracción a la que solemos llamar sociedad, ni restituir a la noción de riesgo su valor como estrategia social y configurativa de un nuevo orden de interacción global. Ante el análisis del riesgo referido al consumo de sustancias con propiedades psicoactivas, hasta qué punto la opinión del sistema de expertos se encuentra influida por una expectativa o aceptación de carácter público. Cada organización social o colectividad a lo largo de la historia ha estado dispuesta a aceptar o evitar determinados riesgos, “valores comunes conducen a miedos comunes” dice Mary Douglas (1996).

De forma general, así como todo individuo está dispuesto a aceptar riesgos, en función casi siempre a una adhesión a una determinada forma de sociedad, cada esta donación está dispuesto a tolerar ciertos riesgos para sus ciudadanos en función a los parámetros internacionalmente permitidos, ejemplo de esto último, son las restricciones en los niveles de las sustancias tóxicas del tabaco como la nicotina y el alquitrán permitidos, entre otros de los más importantes, en el consumo de tabaco de los países europeos. Sin embargo, la práctica habitual de fumar puede considerarse el resultado secuencial de un momento decisivo de cualquier sujeto, pero el sentido de esta práctica puede ser polisémico en cuanto a su interpretación: por un lado, podría interpretarse desde la responsabilidad del sujeto, como dice Giddens: “Fumar a pesar de los riesgos conocidos que ello comporta, puede demostrar cierto envalentamiento que supone para ciertas personas una recompensa psicológica”; pero por otro lado, se encuentran aquellas posiciones que se manifiestan por una responsabilidad compartida entre el fumador y las transnacionales que comercializan el tabaco,centrando su argumentación en el nulo o poco conocimiento sobre el potencial adictivo de la nicotina en el momento decisivo. Esto resulta sumamente importante a la hora de establecer un margen en la aceptación de riesgos sobre los cuales un programa de intervención está dispuesto a actuar.

Pero cómo establecer los criterios más válidos para definir o determinar el margen de riesgo más adecuado, cuando el estudio de las complejidades nos demuestranla existencia borrosa de toda interacción física y simbólica. El punto de vista técnico, utilizado por el sistema de expertos (Giddens, 1993)favorece la disminución del margen de riesgos aceptados o tolerados (mayor percepción de riesgos). Si bien esto lo justifican por asumir un conocimiento “científico”, concluye, entre otras cosas, que ciertos individuos, o mejor dicho ciertasconductas, por el hecho de haber rebasado los límites permitidos para su sistema, y que con ellos se legitima una actuación, hace necesario que se incluyan indicadores de análisis cultural que nos aporten reactivos válidos lo más acertadamente posible, buscando ante todo un equilibrio donde nuestra noción de riesgo y la pueden o pudieran mantener los actores a quien se dirige la intervención confluya en un continuo ejercicio de reflexividad; dirigirnos a realizar una intervención en drogodependencias que se aleje gradualmente de la pretensión objetiva de la ciencia ilustrada y la sustituya por una perspectiva sensible que reconozca en todo momentos que nuestro conocimiento se genera, desde lo que Jesús Ibáñez (1994) llamaba una epistemología de segundo orden “en vez del conocimiento del objeto, conocimiento del conocimiento del objeto”, sustituyendo el presupuesto de objetividad por el presupuesto de reflexividad: a lo cual referimos como objeto (las drogodependencias) es, enparte, producto de la actividad objetivadora del sujeto (sistema de expertos); y en elcaso en que el objeto ejerza también una actividad objetivadora, como lo hacen los“objetos” vivos y hablantes con quienes intervenimos, reconozcamos que el conocimiento de este objeto, siempre transformable y modificable, es el producto del enfrentamiento entre las actividades objetivadoras del sujeto (quienes nos encontramos de este lado de la mirada, sin ser, por lo general concientes de ello) y del objeto (quienes se encuentran del otro lado, observándose, en tanto que nos observan).

Continuar identificando los Programas de Reducción de Daños y Riesgos con laspretensiones ilustradas de la objetividad (epistemología de primer orden: aquella realidad que fuera e independiente de nosotros, podemos descubrir), sería utilizar estos dispositivos de intervención sólo para legitimar una práctica y volver a las formas morales sobre las que se basa la seguridad que ofrece la visión moderna de la ciencia; sería volver a aceptar que la intervención en drogodependencias sólo es posible por la imposición de una forma hegemónica de mirar al mundo sobre otra (perdiendo el terreno reflexivo ganado con los Programas de Reducción de Daños y Riesgos en tanto su distancia con programas de otro tipo); proceder de tal forma sería continuar consolidando la historia moderna de lo mórbido a través de una sutil manifestación del ejercicio del saber poder (Foucault, 1976).

Bibliografía

1. BECK, U. (2002). La sociedad del riesgo global, Madrid: Siglo XXI.

2. DOUGLAS, M. (1996). La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales, Bar-celona: Paidos.

3. COLLIN, M. (2002). Estado Alterado. La historia de la cultura del éxtasis y del acidhouse, Barcelona: Alba Editorial.

4. COURTWRIGHT, D. (2002). Las drogas y la formación del mundo moderno, Bar-celona: Paidos.

5. FOUCAULT, M. (1975). Vigilar y castigar, Madrid: Siglo XXI.

6. GIDDENS, A. (1993). Consecuencia de la modernidad, Madrid: Alianza Editorial.

7. (1995). Modernidad e identidad del Yo, Barcelona: Península.

8. (2000). Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas,Madrid: Taurus.

9. PLANNACIONAL DEDROGAS(2000). Salir de marcha y consumo de drogas, Ma-drid: Ministerio del Interior ( PND).

10. OBSERVATORIOESPAÑOL DEDROGODEPENDENCIAS, Informe No. 4, Marzo 2001.

11. RAMOS, R. (1999). “Prometeo y las flores del mal: el problema del riesgo en lasociología contemporánea” en Ramos, R y García Selgas (comp.) Globalización,reflexividad y riesgo, Madrid: CIS.




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