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Marihuana: Ángel o Demonio?
Malverde. Un bandido generoso
Narcotráfico


Artículo de 1996 sobre la historia de la devoción a Jésus Malverde como fenómeno de religiosidad popular [Los corridos del final del artículo no fueron agregados]Allí por la Avenida Independencia, en Culiacán, Sinaloa, está la ermita de Jesús Malverde, el bandido generoso. Él hace milagros ayuda a los necesitados y se cuenta que el es el...
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Malverde. Un bandido generoso

Sergio López Sánchez

Lunes 1 de julio de 1996 (09/02/07)
Fronteras Artículo de 1996 sobre la historia de la devoción a Jésus Malverde como fenómeno de religiosidad popular



[Los corridos del final del artículo no fueron agregados]

Allí por la Avenida Independencia, en Culiacán, Sinaloa, está la ermita de Jesús Malverde, el bandido generoso. Él hace milagros ayuda a los necesitados y se cuenta que el es el santo patrono del narcotráfico. Allí, cerquita del palacio de gobierno, están las piedras, las muletas, las veladoras, las fotos, las flores vivas y las de papel, las cruces hechas con monedas, los milagros de latón, los crucifijos de todas formas y tamaños, las trenzas de pelo natural, el zapato ortopédico, el ramo de la novia agradecida, la radiografía, las cartas desde Los Ángeles y las de Colombia. Allí, en ese centro ceremonial está la Guadalupana, la bandera nacional, el mapa de México, el de Sinaloa, los exvotos de oro, plata, cobre, mármol, madera y acrílico.

Los campesinos llevan frascos con el primer arroz de la cosecha. También hay fríjol, espigas de trigo, habas. Si la pesca del camarón fue buena, varios ejemplares gigantescos de exportación, enrojecen sumergidos en formol. Según el decir local, Malverde es el santo de la mafia, luego entonces debería haber frascos con coca y mota como ofrenda. No se encuentran ni en época de cosecha. Lo que si se puede ver, ocasionalmente, ya que la ermita no es muy grande y la tienen que vaciar cada tantos meses, son las piedras de oro y plata que algún gomero agradecido trajo como ofrenda.

El féretro solemne en la espera de difunto menesteroso no falta, igual que la silla de ruedas para quien la necesite y los alteros de lámina de cartón para los damnificados de algún ciclón. ¡Que esperancitas que esto se viera en Catedral. Dios quisiera! Acaso y con suerte, se encuentra un conjunto norteño, o mejor y más caro, la banda tocando La india bonita o El niño perdido. Y si el que paga la música no está pateado por las musas del folclor, pide la última cumbia, el nuevo éxito de Lucerito o, ya de perdis, una de Chalino Sánchez, aquel cantante que aparecía armado en sus dieciséis casetes y al que dicen que mataron los narcos. Preferido por los devotos, a lo mejor porque era asiduo a la capilla y uno de sus discos se llama El bandido generoso.

La vendimia, está dentro y fuera del templo sin que Jesús Malverde los arroje con sus chivas a otro lado: la máquina de vender coca colas llegó primero y después las de pecsis. También están en venta los casetes de los corridos que cantan Los Jilgueritos de Malverde y Los Halcones de Malverde, los escapularios y las medallas de oro y plata a doble cara. –Malverde y la virgen de Guadalupe-, la oración de Malverde, los botones de Malverde, las veladoras de Malverde, las fotos de Malverde, el busto en yeso de Malverde. También encontramos la mesa de las velas, la de los bustos, la de los retratos y portarretratos; los tacos de tripa y carne asada y enseguida la carreta de las jícamas y pepinos con sal y limón.

Más afuera, alrededor de la ermita, todo es Maderas Malverde, Clutch y Frenos Malverde, Cocos Malverde y etcétera Malverde. Hasta hay un restaurante de una cadena reconocida en todo el noroeste y visitado por empleados del gobierno, que se conoce por choteo como Chics Malverde. En la última visita, percibimos desde lejos la presencia de una enorme M de neón sostenida de un altísimo obelisco. A distancia pensamos que era la nueva publicidad de la ermita, pero no, ahí se expenden las famosas hamburguesas McDonalds. ¡Líbranos, Jesús Malverde de las recetas de Martha Chapa y del imperialismo culinario, con los camarones y los arroces que tu magnificencia recibe!

Del nacimiento del mito. ¿Quién es Malverde? Poco o nada se ha podido encontrar para documentar la vida de este santón. Su figura es inasible: nunca, como se verá después, se le ha podido pescar. L leyenda de su vida y milagros se acrecienta con el paso del tiempo y por ende el culto que se le rinde, que es como una nueva religión bastante alejada de la ortodoxia ritual t teológica de la Iglesia Católica. Por cada milagro concedido le lleva usted una piedra, un retrato o cualquier testimonio, una vez recibida la gracia. También dicen que como el era ladrón, primero hay que ir a la ermita, robarle una piedra y no devolvérsela hasta que te conceda el milagro, que va desde conseguir que el Cessna –ese caballo alado- se haga invisible a los radares y puedas pelarte a los Estados Unido, tramitar el título de abogado, acomodar el cargamento que se recibió, que no te pesquen los de la per-judicial, que le salve a su abuelito o que la novia de el sí anhelado. ¡Jesús Malverde, con tu poder infinito, as que mi abioneta como tu cabayo se haga invisible y no me liquen!

De cómo se registran los robos de Jesús Mazo. Según la tradición y fechas registradas, el bandido generoso nació en 1870, bajo el nombre de Jesús Mazo. Siete años después llega a la gobernatura de Sinaloa un amigo personal de Porfirio Díaz: Francisco Cañedo, y permanece durante siete periodos administrativos, hasta el día de su muerte, en 1909. La modernidad porfirista llegó a Sinaloa con la punta de fierro –el Ferrocarril Occidental de México- y se dice que Jesús Malverde trabajó en su construcción y también en la del Ferrocarril Sud Pacífico, que llegó a Culiacán desde el norte en 1905. Entre la llegada de un tren y otro, Sinaloa se llenó de grandes haciendas. Las había azucareras y también henequeneras. Los trapiches producían azúcar, panocha, miel de caña, alcohol y mucho aguardiente. El testimonio dice que la injusticia y la desigualdad social eran muy grandes. Por todo el país surgieron los fuera de la ley. Se afirma como cosa cierta que los padres de Malverde murieron del hambre a que los sometieron los hacendados, asunto que motivó a Jesús a robar a los ricos para dar a los pobres. Mientras tantose dedicaba a la albañilería para mantenerse, ya que el fruto de sus fechorías nunca fue a sus alforjas. En la capital, Don Porfirio batallaba con Chucho el Roto. En Sinaloa, Cañedo se enfrentaba con Heraclio Bernal. En Sonora, Teresa Urrea, La Anta de Caborca, provocaba el alzamiento de los tarahumaras, quienes al grito de “Viva el gran poder de dios” desafiaban al gobierno federal. En Culiacán se dice que la primera vez que nuestro santón cometió un hurto, repartió pesos oro en las casas pobres, que pasó en su corcel tirando las monedas a las puertas de los humildes y que a la mañana siguiente el gobierno mandó detener a quien fuera al mercado a comprar con esas monedas. A mediodía ya estaba la cárcel llena y los tuvieron que dejar ir a todos, “porque eran un chingo” y que además les devolvieron el dinero. También aseveran que la gente le decía El Jinete de la Divina Providencia, pero que los ricos afectados por sus malandanzas le decían el mal-verde, por identificarlo con el diablo y porque se cubría con hojas de plátano para ocultarse entre los matorrales. Que así lo nombraban porque al malo se le asociaba con ese color. Como aquel corrido de Los Caballos que Corrieron: “El que corrió el alazán le decían el diablo verde”. La leyenda registra que cierto día el gobernador Cañedo retó a Malverde: “T e concedo el indulto si también a mí te animas a robarme”. Como Malverde era albañil, conocía muy bien por dentro las casas de los adinerados de Culiacán. Así es que aceptó el reto y la noche convenida se escurrió entre las paredes logrando robarle su espada al general y a carbón anotó en una pared: “Aquí estuvo Jesús M”. ¿Quién fue el firmante que se asjudicó el hecho delictivo: Jesús Mazo, el malo, el maligno, el ladrón desconocido, mal-verde? Todos supieron que era el jinete de la divina providencia. ¡Porque eso de robarle la espada al general Cañedo! Otros dicen que fue el propio Cañedo quien , divertido, con el sentido del humor que lo caracterizaba, dejó correr la leyenda de que Malverede le robaba todas las noches, con recado de por medio y que era un ánima, porque ni los perros de las casas lo sentían. Que así le convenía decir para mantener a raya a sus amigos los hacendados que abusaban mucho de sus trabajadores y a los cuales no les podía reclamar ni meter en cintura, porque políticamente no procedía. Pero también se oye que en verdad le molestó mucho lo del robo de la espada y que ofreció cincuenta pesos oro de recompensa a quien lo entregara vivo o muerto.

De cómo fueron las siete muertes de Malverde. Después de veinte años de robos es asesinado Malverde. De su muerte hay muchas versiones. Que el compadre le llevó de comer y cuando estaba descuidado le cortó a machetazos las dos piernas y fue a delatarlo. Que los del gobierno lo ahorcaron en un mezquite. Que los de la acordada –policía de la época- lograron darle algunos balazos y que Malverde logró huir y esconderse dentro de un horno de pan. Que en verdad murió en el monte padeciendo una enfermedad contagiosa y que después el gobierno le mandó balacear y colgar para atribuirse la aprehensión. Que a lo mejor el compadre traidor le dio un machetazo en el cuello y que salió corriendo a avisarle a todo mundo que había matado a Malverde. Pero me crea usted o no, resultó que al tercer día de muerto Malverde, su compadre iba cruzando el Puente Negro, cuando se cayó al río y murió ahogado. “Porque matar a un compadre era ofender al eterno”. El bandido generoso de Culiacán murió según la tradición, el 3 de mayo de 1909. Con el nombre de Cristo, Malverde falleció el meritito día de la Santa Cruz, que es también el día de los albañiles. Ese era su destino. Y luego vienen las interpretaciones de los hechos: que robarle la espada a un general es como robarle su virilidad; que morir dentro de un horno de pan es como regresar a la madre, como la vieja costumbre prehispánica de sepultar a los difuntos “en el vientre oscuro y fresco de una vasija de barro”, y que por eso los monumentos de la tumba original tenían forma de hornacinas. También se dice que la prohibición del entierro y del rito funerario no tenían fundamento ético ni legal y que ese mismo problema ya lo planteaba Sofócles en su tragedia Antífona en la que Creonte, el tirano, termina destrozado por prohibir darle sepultura al hermano de Antífona. Que de cualquier manera murió por martirio gracias a la traición, igual que Cristo y que Heraclio Bernal. En casi todas las versiones aparece un Cañedo vengativo y cruel que prohíbe darle cristiana sepultura so pena de muerte a quien lo intentara. Que el nueve es el número perfecto porque encierra al tres, tres veces: el compadre murió a los tres días y Cañedo a los treinta y tres. Que se sumamos el 3 de la fecha en que murió Malverde, el 5 que corresponde a mayo por ser el quinto mes, y 19 que se suma del año 1909, tendremos en total otro 9. Número que se asocia simbólicamente pero con la creación , pero no la individual sino la de la multitud. Que en realidad Malverde es una trasposición de la vida de Heraclio Bernal, otro fuera de la ley cuyas correrías en el sur del estado le dieron sus buenos dolores de cabeza a Cañedo, quien ofreció una recompensa de diez mil pesos por entregarlo vivo o muerto.

Donde se habla la muerte de Cañedo. El 5 de junio de 1909, a los treinta y tres días del asesinato de Malverde, murió Francisco Cañedo. Una mañana salió en pantuflas a visitar a un pariente enfermo. Cruzó a la húmeda plazuela Rosales y a su regreso ya venía resfriado. La historia consigna sus palabras: “Es una gripita, dijo el señor gobernador”. Pero resultó ser una pulmonía cuata. Se pidieron medicinas a Estados Unidos pero no llegaron a tiempo. Cinco eminentes doctores embalsamaron su cuerpo, dejándolo listo para los funerales que duraron tres días. Luego llegó el telegrama de Don Porfirio Díaz. A su sepelio asistió gente de sur y norte del estado. Ocho soldados de infantería sacaron el féretro del salón Rojo del Palacio de Gobierno y lo colocaron en lujosa carroza funeraria tirada por cuatro corceles negros bellamente enjalbegados y se enfilaron a catedral para de ahí partir al Panteón de San Juan Nepomuceno. Mientras, en otro lado de la ciudad, Malverde, sin embalsamar, sin servicios religiosos y sin ser declarado Benemérito del Estado se convertía en carroña y servía de alimento a los zopilotes, colgado de un mezquite.

Donde se cuenta el primer milagro que se hizo. Unos dicen que un lechero que venía del lado de la costa perdió su único sustento: una vaca. Desesperado prometió al ánima de Malverde que si le recuperaba el animal, cada vez que pasara por ahí, de lejos, porque estaba prohibido enterrarlo, le lanzaría una piedra y así poco a poco iría cubriendo su cuerpo dándole sepultura. Más tardó el lechero en agacharse y recoger la piedra que en oír el muuuu del animal. También cuentan que fue una ancianita quien por este medio recuperó al animal perdido y que en agradecimiento, a escondidas, recogió los restos del bandido generoso y les dio cristiana sepultura en el Panteón de San Juan, el mismo donde está enterrado Cañedo. Vaya usted a saber, señor lector, qué hay de verdad en toda esta historia. El caso es que Malverde encuentra todo lo que se pierde y el piedrero se acrecentaba día con día , a la par que su fama traspasaba fronteras y dislocaba conciencias religiosas.

De cuando nuestra ánima generosa inicia su peregrinar. Así estaban las cosas. Cañedo sepultado bajo la amnesia oficial de la posrevolución, mientras que el bandido prerrevolucionario Jesús Malverde atraía con sus misterios y portentos a quienes no encontraban auxilio en la iglesia católica. Entonces llega Alfonso G. Calderón para ser gobernador de Sinaloa (1975-1980) y no quiso irse sin deja dos obras magnas en la capital: la Casa de la Cultura (actualmente Centro Cultural Genaro Estrada de DIFOCUR) y el Centro Sinaloa, proyecto que implicaba reurbanizar varias hectáreas de terreno donde se ubicaría la nueva Universidad Administrativa en sustitución del antiguo Palacio de Gobierno. El Centro Sinaloa sería construido en los terrenos aledaños al ferrocarril, justo en medio donde se encontraba el difunto bandolero. Al presentarse el proyecto fueron varias las polémicas que levantó el asunto: el desalojo de los habitantes de la colonia Ruiz Cortines y el cambio de lugar de la tumba de Malverde. Comenzó a correr la pregunta: ¿Y de Malverde que? “¿Qué sería de la tumba de Malverde? –se pregunta Francisco Gil Leyva, en su columna de El Sol de Sinaloa. ¿Permanecerá en el lugar que ha ocupado? ¿Los restos serán trasladados en solemne procesión a otro lugar de la ciudad? Son interrogantes que se formulan los millares de vecinos que durante décadas han rendido culto a la memoria de Malverde, a su alma hacedora de milagros, y se formulan porque ven que el propósito de construir un nuevo Palacio de Gobierno en la colonia Ruiz Cortines sigue adelante, así como la remodelación urbana de la zona. “Para los fieles de Malverde su tumba –ese montículo de piedras que se halla en los antiguos terrenos del ferrocarril- es como el Santo Sepulcro, dicho sea sin el ánimo de proferir blasfemia. Para ellos es tumba es intocable. Para ellos en un santuario de los tiempos modernos. “¿Cómo resolverán el problema ()? ¿Erigirán un mausoleo, cuyo cuidado y preservación dará nacimiento a una novísima orden: la Orden de los Caballeros Custodios de la tumba de Malverde el bienamado? “¿Qué será de Malverde? No descartes la idea, paisano, de que sea en un plebiscito donde tenga que dirimirse la cuestión. “No la descartes, paisano”. En el asunto d elos colonos, que organizaron marchas y mítines con el apoyo de los universitarios, todo terminó en la expropiación de los terrenos, la indemnización de afectados y la fundación de la nueva colonia Ruiz Cortines allí nomás tras la lomita, en el último de los siete círculos de los confines de ninguna parte. El problema de la tumba de Malverde fue quizá el más escandaloso. Resultaba más fácil cambiar de domicilio a unos cuantos centenares de personas que al bandido generoso. Fue entonces cuando entró al quite la iglesia católica: “Desde que salió lo de Malverde –escribe Monseñor Barraza y Motta a Francisco Gil Leyva en respuesta al artículo arriba citado-, quise mandarle unas líneas y hasta ahora me doy tiempo. Cuando el líder de la devoción a Malverde, Roberto González Mata, me dijo que era inminente la desaparición de su sepulcro, le dije que estaba a su disposición el jardín oriente del templo del Carmen. Quedó, porque se vio así, complacido y le pareció óptima la proposición. Aún está en pie si aún lo desean. Pero ya pasó tiempo () y como ya no ha vuelto, pienso que buscaría otra iglesia para el mismo fin y pudo haberlo conseguido, aunque tengo mis dudas, debido a que a los padrecitos actuales, Malverde les importa un cacahuate y González Mata un pito”. De modo que otra vez Malverde se escurrió a galope y no se dejó captar por la Iglesia Católica. Entre tanto, la tumba seguía allí, frente al ferrocarril, y había que tumbarla para que el Centro Sinaloa se hiciera realidad. “La vida en su avalancha la arrastró”, pero nadie supo a ciencia cierta hacia donde. Cuando demolieron el sepulcro, que fue al atardecer, sucedieron cosas extrañas. Dicen que Culiacán entero estaba allí. El gobernador obrero acostumbraba ponerse un casco y guantes de carnaza para dar el banderazo que inauguraba la construcción de alguna carretera o cualquier obra pública. Pero está vez no realizó el rito y testifican que cuando llegó a confundirse entre la multitud, las piedras empezaron a saltar cual palomitas de maíz, como si quisieran lapidar a quien, sacrílego, quería mudar lo inamovible. Otros cuentan que el conductor de la motoconformadora no quería arrasar el montículo de piedras y los monumentos funerarios y las flores de papel y las veladoras que encendidas daban testimonio de fe. Los más, aseguran que se tuvo que emborrachar para darse valor, que el gentío le gritaba que no profanara el lugar, pero que iba hacer el pobre, si ese era su trabajo y que se echaba otro trago, y que lloraba, y que a cada momento el cielo se enrojecía más en aquel infausto atardecer y que de nuevo el hombre acudía a la botella y que tenía miedo y que de pronto, como quien se engaña a sí mismo, sin pensarlo, monta la máquina y como un jinete en brioso caballo de acero se deja ir sobre la tumba, que la motoconformadora echaba un humaderón y que se acercaba cada vez más y más, pero ¿Qué crees? Al tocar la tumba, que se rompe la cuchilla de acero de la Motorota. Se hizo noche mientras trajeron otra máquina que también se descompuso. La gente se reía. Pero a la tercera venció la máquina sobre la superstición , apagando con su arrastre las veladoras y confundiendo con la tierra, las piedras, las flores, el monumento, el monte y los muchos años de agradecimiento. Cada luz que se acababa era un milagro arribando a la hora del olvido. “La negra noche tendió su manto” y todos volvieron a sus casas. Allá arriba en el cielo, Venus, el señor del alba, brillaba como una espuela de plata. Y si no me crees, me dijeron que todo esto lo habían publicado en El Noroeste, allí debe estar todo. Neta. Es más, el compa de motoconformadora se murió al tercer día de un infarto, ¡pobre! No quedó nada más que un llano grandísimo, desde la Canasta hasta el boulevard Zapata. Ya no s epodía saber en que lugar exactamente estuvo la tumba de Malverde. Todos los puntos de referencia como bodegas, árboles, matorros, el viejo camino hacia la costa y las casas de la colonia, todos habían desparecido. El terreno se empezó a fraccionar y poco a poco se levantó la gigantesca y nueva Unidad Administrativa de casi cien por cien metros y que costó 1300 millones de ancianos pesos. Tampoco faltó el chistoso que dijera que el gobierno estaba construido, fundado, erigido, cimentado en la tumba de un ladrón, sólo que esta era mucho más grande y que lo cabrón ahora estaba en llevar no piedras sino rocas para ofrendarlas sobre la azotea de la casa de los nuevos bandidos. Pero ya saben como es la gente de habladora. Para resarcir la perdida, en 1980 el gobierno construyó una ermita aledaña al nuevo recinto gubernamental. Una moderna construcción sin el color y sabor particulares de nuestros panteones vino a sustituir el antiguo lugar sagrado. La idea de horno de pan se cambió por una composición abstracta de cubos de cemento armada a modo de pirámide que contiene ahora las veladoras, fotografías, muletas, crucifijos, banderas nacionales y demás ofrendas. Dos cruces de metal y una campana complementan el diseño abstracto. Con el escándalo de la desaparición y posterior remoción d ela tumba, el mito de Malverde cobró nuevo auge. Fue entonces cuando apareció Eligio González Léon –reemplazando al líder de la devoción González Mata-, un ranchero afamado que quedó muy mal herido de cuatro balazos, presente lo tengo yo, un 23 de abril de 1973. Malverde –es bien sabido- milagrosamente salvó aquella vida que se 2debatía dramáticamente entre la vida y la muerte”, según registró el periódico El Debate. Se dice que en agradecimiento y con su propio dinero, Eligio inició el techado de la ermita y que poco a poco ha ido erigiendo la construcción que conocemos actualmente. Se dice también que con las limosnas recabadas ha donado unas 600 sillas de ruedas y regalado como 7 mil 800 sepelios a la gente de las rancherías de Sinaloa, y se ha visto como de allí han salido materiales de construcción, medicina y alimentos para los damnificados de las catástrofes climatológicas. Allí entra un dineral, y todo se redistribuye, pues como dice el corrido del Apóstol de Malverde: Eligio hace el bien sin distinción. Una especie de Seguro Social de la clase pobre baja.

Si a Jesús, no a Malverde. Para 1981 es una multitud la que asiste a la nueva ermita. El renacimiento del mito de Malverde causó indignación en los católicos beatos. El 28 d ejunio, Sergio Morales dice en Noroeste que Malverde “es un perturbador de almas, un ladrón del reino de dios y un supuesto Luzbel que vuelve a disputar la omnipotencia del creador”. Al día siguiente, en el mismo periódico, que ha seguido de cerca el devenir del asunto del bandido generoso, Ulises Cisneros responde: “Para escudriñar someramente el mito de Malverede hay que ir a sus causas. Bien es sabido que el hombre, desde sus inicios, demanda la concreción de sus interrogantes que su medio ambiente le plantea () Es palpable que, a lo largo del siglo, en el anide la premisa de satisfacer su espiritualidad, de calmar sus ansiedades con la esperanza, el amor, Dios o la amistad; y que al no encontrar la respuesta en las múltiples puertas que consulte, opte por aquella que la haya resuelto mejor sus insatisfacciones. En es apuerta deposita su confianza e imaginación, y la sitúa en un nivel más rico al volverse práctica común entre sus congéneres: el mito”.

Malverde revisitado. 14 de junio 1984, día del sagrado corazón de Jesús. El santuario está lleno de gente que reza. Afuera la orquesta del Cahi Anaya toca valsecitos. El castillo espera la hora de ser encendido y elevarse entre fuegos rumbo al cielo. Entretanto, en lo de Malverde se celebra el día de su santo. Hay más gente que en el santuario y más fuegos pirotécnicos. Están la banda, conjuntos norteños, vendedores de aguas frescas y elotes asados. Se cierra la calle. Lega una procesión. Un mundo impresionante de gente en está atmósfera llena de milagros y de negocios a costa de esa fe. Acude gente de todas las clases, pagan música, le tocan sus corridos y le cantan al bandido-santón-héroe-mártir. Por allá alguien toma cerveza junto a varios niños que juegan a los caballitos. Dentro, de rodillas, un anciano mira fijamente la imagen de yeso y pintura de aceite, la toca, llora, se desmaya, sus parientes le ayudan, toma agua bendita, se santigua, implora, reza, agradece y se va feliz. Afuera los problemas se van al cielo tomando la forma de un cohete.

De cómo Malverde regresa de ultratumba. Unos días después, el Centro Sinaloa poco a poco va erigiendo otra ciudad. La verticalidad de los nuevos edificios deja atrás aquellas perspectivas valleras tan cercanas al paisaje del horizonte. Los terrenos aún baldíos reverdecen cada época de lluvias: el zacate, el bledo, las higuerillas, edenizan esos lotes vírgenes por segunda vez. Así fue aquello por un corto tiempo, hasta que un día, en una de esas fracciones de tierra apareció un hueco entre la hierba. En un radio de varios metros a la redonda todo el monte se había secado y hecho polvo. Con el calorón de el verano toda la cera –que había impregnado el terreno durante décadas de devoción- afloró marchitando la vegetación y haciendo emerger de manera evidente la ubicación de la verdadera y original tumba de Malverde: una mancha grasienta y negra impregnada de recuerdos y creencias. Y ni modo que eso fuera truco. Malverde, comentan, quería que se le venerara exactamente donde Cañedo lo mandó matar y no donde Eligio le seguía el rollo al gobierno. Con esto, la cosa se complicó un poco por la parte ritual de la veneración. De un día para otro la tumba original – a cien metros de la que regentea Eligio- se empezó a llenar de nuevamente de milenarias piedras que le llevan los devotos ortodoxos. Mientras, en la nueva ermita los prodigios se revelan en forma de fotografías como testimonio moderno y heterodoxo del portentoso poder del Jesús local, dejando atrás las costumbre de las piedras. Entre tanto, cuentan que Malverde ya tiene nuevas suscursales: la que está en la sierra de Badiraguato, Sinaloa, y la de Los Ángeles, California. La modernidad llegó a la tumba y ahora en vez de ser una son dos: ortodoxos y heterodoxos. Y hasta andan inventando que también en Calí, Colombia, tiene su ermita. Nomás eso nos falta, que luego digan que es de allá.


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