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Prohibir es mejor que legalizar?
En San Pedro Garza,
La noche oscura del alma [Montreal]


Los narcotraficantes llegaron a vivir a este municipio hace 20 años y habían buscado un pacto de no violencia, hasta que MONTERREY, NL.- Era una escena que contrastaba. La ametralladora del hummer artillado cubría la retaguardia del convoy militar en la plaza principal de San Pedro Garza García. Una boda se celebraba en la parroquia de...
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En San Pedro Garza,

Alejandro Suverza

Jueves 14 de junio de 2007 (14/06/07)
El Universal ver en eluniversal.com.mx

Los narcotraficantes llegaron a vivir a este municipio hace 20 años y habían buscado un pacto de no violencia, hasta que



MONTERREY, NL.- Era una escena que contrastaba. La ametralladora del hummer artillado cubría la retaguardia del convoy militar en la plaza principal de San Pedro Garza García. Una boda se celebraba en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. La pareja que representaba a la más alta clase regiomontana contraía nupcias entre mil 200 alcatraces como parte de un arreglo floral que casi costó 3 mil dólares. Smokings y vestidos largos lucían frente a siluetas verde olivo que armadas se apostaban en las aceras o se camuflaban debajo de algún árbol. Camionetas blindadas y autos BMW se mezclaban con los vehículos militares.

 

 

Un soldado insistía en que no estaban aquí por el casorio, pero a una calle de ahí se ubicaba la sede de la policía de San Pedro Garza García que apenas hace un par de semanas fue atacada por un comando armado que baleó y lanzó una granada. Por eso, se habían tomado las precauciones necesarias. El cuerpo antibombas había revisado minuciosamente la iglesia en la que la nobleza regia unía sus lazos.

 

"Ya no es el pueblo tranquilo de antes, tenemos miedo de que avienten algo, no los militares, sino los malos", suspiró una mujer ajuariada, mientras miraba salir a los últimos invitados de la boda. El jefe del convoy seguía negando que estaban ahí por el festejo y decía antes de ordenar la retirada: "No sé qué hacemos aquí, ya sabe que nosotros siempre andamos en la sierra, pero órdenes, son órdenes".

 

Hace unos meses una boda como esta sería algo común en este municipio donde viven al menos 20 de las familias más adineradas del país y el metro cuadrado cuesta almenos entre 700 u 800 dólares. Al pueblo de San Pedro Garza García lo llamaban el Dorado Mexicano, cuna de los corporativos Cemex, la cementera más grande del mundo. Femsa, la embotelladora número uno de América Latina. Grupo Alfa, la más importante en fabricación de motores a nivel mundial. Vitro, la segunda vidriera en el mundo y Gruma, el monopolio de la tortilla. Y territorio de grandes familias mexicanas.

 

Lo que no se sabía era que los narcotraficantes llegaron a vivir a este municipio hace 20 años y habían buscado un pacto de no violencia a cambio de establecer a sus familias, de tener sus hijos en las mejores escuelas. San Pedro era el entorno ideal para pasar desapercibidos.

 

Las amas de casa fueron las primeras en darse cuenta y las sospechas se hicieron realidad en agosto de 2001, cuando un narcotraficante sinaloense y su familia fueron detenidos al huir con 6 millones de dólares. Meses atrás, las autoridades habían recibido denuncias ciudadanas que reportaban la entrada y la salida de vehículos con placas de Sinaloa.

 

Cuando los vecinos comenzaron a ver gente extraña, lo que describían en sus llamadas era que no los conocían, que nunca los saludaban, que no interactuaban, que en sus casas ponían garages con puertas eléctricas que subían y bajaban sin dejar ver nada hacia adentro. Que entraban y salían muchos vehículos. Decían que parecían como del "norte", de Sinaloa, Sonora y Chihuahua.

 

Era imposible que la gente no supiera quién vivía ahí. "Desgraciadamente vivimos en una sociedad materialista en la que las familias de San Pedro, la gente estaba pendiente con quién se iba a casar su hija, tenía que ser un buen partido. Y si veían que traía lana, pues lo que piensa es que ha de ser bueno y esa es la confusión que se produce", dice Gilberto Marcos, presidente de la Federación de Colonias Metropolitanas.

 

La explicación de la violencia es San Pedro Garza García. Todos los caminos apuntan allí. El propio ex alcalde panista, Alejandro Páez había reconocido en 2005 que los capos de la mafia habían elegido esa zona como un "dormitorio" para sus familias. "Dado el nivel socioeconómico que hay en San Pedro, una persona que gasta mucho y tiene hábitos de consumo opulentos pasa desapercibida y eso, hizo más atractivo a San Pedro". Incluso, cuando la aprehensión del narcotraficante en la colonia Hacienda El Rosario, el entonces gobernador del estado, Fernando Canales Clariond, aceptó que la hija del capo detenido era compañera de colegio de su propia hija cuando se le cuestionó que eran íntimas amigas.

 

Siempre hubo muertos en Nuevo León, pero antes las ejecuciones se daban a las afueras de la ciudad de Monterrey, dice el coordinador de Criminalística de Campo de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León, Héctor Manuel Valdez. Hoy el círculo se ha cerrado, los asesinatos están aquí y las jornadas de trabajo se han extendido hasta más de 12 horas, como aquel día en el que tuvieron que recoger casi 700 casquillos. El grupo de periciales está preparado con 300 bolsas de plástico para recoger los cadáveres que estiman deje este año la guerra del narco.

 

El municipio tiene un pasado turbio que ahora comienza a cobrar facturas. La historia de San Pedro Garza García va paralela con las ejecuciones en el estado. En la guerra del narcotráfico más de 80 personas han sido asesinadas, entre ellas 25 policías y un diputado local. Más 50 desaparecidos, entre ellos dos periodistas. De acuerdo con informes periciales, se han disparado casi 7 mil tiros, equivalente a 250 kilos de plomo. Durante los últimos meses, ha habido un enfrentamiento por semana y no ha habido "un martes sin muerto" -la tesis se comprueba con el legislador asesinado anteayer en plena luz del día-, asegura el coordinador de prensa de la Procuraduría General de Justicia del Estado, Obed Campos.

 

La tesis policial es que el cártel del Golfo se instaló en San Pedro Garza García y gobernó durante muchos años en el estado, hasta que "alguien" dio entrada al cártel de Sinaloa tras la huida de prisión de Joaquín Loera Guzmán, quien recibió manga ancha para entrar en la zona a cambio de acabar con sus contrincantes y sus zetas. Un comandante de la Preventiva que recorre la zona metropolitana de Monterrey asegura que los cárteles han "trabajado" en Nuevo León desde hace 30 años y nunca hubo problema: "No sé si por una concesión o no, pero algo pasó, porque las cosas se complicaron".

 

"Parece que lo que se dio aquí fue una especie de pacto con los cárteles para que sus hijos vinieran a estudiar, pero alguien en algún momento dejó entrar a otro grupo y comenzó la matazón", dice Gilberto Marcos.

 

San Pedro Garza García llegó a tener un policía por cada mil habitantes cuando algunas ciudades de México tienen uno por cada 100 mil. No había robos, ni asaltos, no había narcomenudeo, dice el expresidente municipal Mauricio Fernández. Era el orgullo del poderío regio tras el arribo del empresariado a una zona en la que antes sólo había monte y las vacas pastaban en lo que ahora es la plaza principal. "Era una sociedad exigente con la cultura de que eres un servidor, no una autoridad. Tenía la mejor policía del país".

 

Recuerda que el cártel comenzó a comprar a los policías, a pesar de que San Pedro se jactaba de tener la policía más profesional de todo el país. Incluso con entrenamiento en Israel. Una especie de grupo Swat. "Por eso comenzaron a matarlos. Todas las corporaciones están infiltradas y a veces en una misma patrulla van policías que trabajan para las dos bandas", dice el presidente de colonias de ese barrio.

 

Aquí la gente lo que se pelea no es el territorio, sino la traición. Y la ruta porque es la conexión directa con Laredo, dice el ex edil Fernández. Pero Monterrey siempre fue importante para el negocio de los cárteles, no sólo en tránsito, sino en almacenamiento de droga en bodegas, y fue fácil camuflarse por la opulencia del lugar.

 

Un informe de la Procuraduría General de la República, publicado en marzo pasado por EL UNIVERSAL, describía a Monterrey y su zona metropolitana como estratégicos porque conectan con importantes puntos de tránsito, y señala a Santa Catarina, municipio limítrofe con San Pedro Garza García, como el lugar de las bodegas que se utilizan para almacenar la droga que se venderá en México o se trasladará a EU.

 

La situación se ha modificado tanto en Nuevo León que cuando ocurre un hecho sangriento y alguno de los agredidos continúa con vida, la Cruz Verde exige que varias patrullas los escolten hacia el hospital, dice el coordinador de ese servicio, Óscar Boytes.

 

Hoy al Manual de Autoprotección Ciudadana de San Pedro Garza García se agregarán recomendaciones de qué hacer en caso de un tiroteo, según Gilberto Marcos.

 

Hoy los homicidios por arma de fuego ocupan el primer lugar, cuando hace tres años era el arma blanca.

 

Pero aun así los residentes no se van, resisten. Otros más alarmados han traído al ex alcalde de Palermo que acabó con la mafia italiana. "Necesitamos a alguien que tenga el suficiente producto de gallina para enfrentar el narco con fuerza y voluntad", dice Gilberto Marcos.


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