Las cuentas que hizo el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, son dramáticas: ocho muertes cuesta cada tonelada de cocaína que tiene como destino final Estados Unidos.
Es un precio que no puede medirse en dólares, pero que habla del drama que está viviendo Centroamérica.
Es un alto costo asociado a la guerra contra las drogas, pero no es el único.
Desde hace algunos años las alarmas internacionales se centraron en un pequeño país africano, Guinea Bissau. El lugar es el ejemplo más acabado del estado fallido y de imperio criminal. Las Naciones Unidas inclusive tienen montado un proyecto para desmantelar al ejército, que ya fue reclutado por los narcotraficantes.
Guinea Bissau es el puerto de llegada de drogas provenientes sobre todo de Colombia. Los bandidos desde ahí la despachan a Europa, generando un negocio de varios millones de dólares, desde uno de los lugares más empobrecidos y violentos del mundo.