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Sacatito pal erizo [El Ángel Exterminador] :: Drogas México
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Plantean asignatura contra las adicciones
Sacatito pal erizo [El Ángel Exterminador]
Librarán guerra total contra el narcomenudeo


Un pacheco en cada hijo te dio Lo hizo Bill Clinton y lo secundó Ernesto Zedillo. Concedieron también que en algún momento de su existencia prendieron un chubi, aspiraron el humo y lo aguantaron hasta que sus pulmones no pudieron más. Después llegaron a los terrenos donde reposa la placidez y se maravillaron con...
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Sacatito pal erizo [El Ángel Exterminador]

Miércoles 10 de mayo de 2006 (03/08/11)
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Un pacheco en cada hijo te dio



Lo hizo Bill Clinton y lo secundó Ernesto Zedillo. Concedieron también que en algún momento de su existencia prendieron un chubi, aspiraron el humo y lo aguantaron hasta que sus pulmones no pudieron más. Después llegaron a los terrenos donde reposa la placidez y se maravillaron con la serie de emociones relacionadas con su cuerpo. Incluso la vida les pareció un lujo y les dieron ganas de reír sin motivo aparente, mientras el tiempo parecía una masa chiclosa que se estiraba y contraía, lejano de su lineal estructura.

Sin embargo, pese a que saben de su inocencia —y en lo oscurito hasta aceptan que puede ser una fuente de ingresos—, en las altas esferas del poder político tratan a la mariguana como si fuera el enemigo público número dos (el uno sigue siendo los terroristas). Y es que a la mota se le sigue relacionando directamente con el narcotráfico (con la coca y las tachas), y sus secuelas, algo tan absurdo como culpar a la Ford y a la Bacardí de tantas muertes en las carreteras.

En México se prendió una luz luego de que los actuales legisladores mandaron a Fox la iniciativa de ley para despenalizar el consumo. Don Chente la vetó y se las devolvió para que despenalizaran sólo a los farmacodependientes y no a todo el consumidor, algo que si bien no es un gran avance, sí es un oasis en la aridez del tema.

Pero aquí, más que nunca, hace sonar su sabiduría el sobado refrán que lamenta la cercanía de México con Estados Unidos. Y es que cada vez son mayores las coincidencias en la forma de enfrentar el problema de las drogas colmado de círculos viciosos.

En países donde la legalización es un hecho, como Holanda o Bélgica, no saben lo que es el macronarco y sus virtudes. También se ha demostrado, con cifras sin inflar, que al legalizar el consumo aumenta poco y disminuyen notablemente los crímenes y las muertes por sobredosis.

El caso es que ser grifo en México en el mayor de los casos te orilla a un exilio social, donde miles de consumidores han visto su existencia arruinada por la prohibición. Y es que un arresto o el dar “positivo” en alguna sustancia light, como la mariguana, puede tambalear una carrera o una vida familiar y no tendría que ser así.

Es un lugar común, que vale la pena recordar, la historia de cómo se llegó a esta situación, drama que han repetido hasta el cansancio decenas de investigadores. Resulta que luego de que terminara la prohibición para el consumo del alcohol (uno de los mayores fracasos en la política interna estadunidense que ocasionó muerte, asesinatos, nacimiento de mafias y una guerra sin cuartel), la mariguana se convirtió en el nuevo enemigo. Y como en la realidad no hay ni Superman que acabe con el demonio de la Yerbamala, el problema creció hasta convertirse en una mala copia del broncón que significó llevar el whisky a la clandestinidad.

En México, aunque por fortuna los gobiernos que precedieron al de mi general Calles nunca se atrevieron a prohibir el chupe, en algún momento de la relación bilateral sí copiaron los métodos para atacar el consumo con el agravante de que se le agregaron condimentos regionales, como la corrupción y la extorsión.

Así, la realidad es que el único pacheco que se la pasa bien en México es José Emilio, pues los otros, los consumidores de la cannabis, viven en constante temor de ser descubiertos por la familia, los jefes en el trabajo, y en el peor de los casos, por cualquier elemento de alguna corporación policiaca que, literalmente, sabe que se va a rayar si descubre que su detenido porta droga. Con el argumento de la prohibición, te obligarán a realizar colectas de varios miles de pesos entre los familiares; te llevarán a una minigira por cajeros automáticos o te obligarán a que les dones tu tele, tu estéreo casero o lo que sea tu viciosa voluntad. Altos cochupos para las bajas pasiones policiacas.

En Estados Unidos se ha llegado al absurdo de confiscar casas, cuentas bancarias o automóviles a alguien que cometa el delito menor de cargar, transportar o tener para su consumo dosis considerables de droga.

Si Fox entiende cosas tan elementales como el que “caballo que alcanza gana”, no creemos que le cueste mucho trabajo comprender que invertir en robocops sólo aumentará la violencia y brutalidad de los dos bandos. Y si legaliza la mariguana, ésta continuará siendo un vicio más como fumar, beber o comer tacos de suadero.

No hay nada peor para la humanidad que las leyes prohibicionistas. Pero si ya van a prohibir, pues que incluyan en su canasta básica el Prozac, nomás para que vean lo que se siente.

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