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El último cigarro [columna Mirón de Palo]
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[...tal vez seamos los primeros en inaugurar una nueva forma de convivir afuera de los bares, los cafés o los restaurantes...] Hacía mucho tiempo que no veía yo un espectáculo similar. De hecho, creo que fue durante mi último viaje a Europa, justo cuando en España acababa de entrar en vigor la nueva...
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El último cigarro [columna Mirón de Palo]

Pedro Lara

Miércoles 9 de abril de 2008 (04/06/08)
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[...tal vez seamos los primeros en inaugurar una nueva forma de convivir afuera de los bares, los cafés o los restaurantes...]



Hacía mucho tiempo que no veía yo un espectáculo similar. De hecho, creo que fue durante mi último viaje a Europa, justo cuando en España acababa de entrar en vigor la nueva ley antitabaco, y la gente aún no se acostumbraba a evitar fumar en casi cualquier sitio.

 

 

En aquella ocasión, si mal no recuerdo, andaba yo en babosa trashumancia por las Ramblas barcelonesas. Como ya estaba anocheciendo, decidí buscar algún lugar donde descansar las piernas, mientras, simultáneamente, conseguía refrescar las neuronas. Convencido de ello, me adentré en el viejo Barrio Gótico, creyendo que, como en otros tiempos, encontraría algún lugar agradable donde tomar una cervecita mientras me fumaba un cigarrillo. Pero, ¡oh, sorpresa!, lo que descubrí entonces quedaría para siempre guardado en mi memoria, pensando quizá que se trataba de una auténtica curiosidad turística, una especie de anuncio de 'Cuando el destino nos alcance' en versión ibérica, pero sin saber que muy pronto esa misma escena la vería repetirse en mi ciudad: en una concurrida calle, conocida sobre todo por sus tiendas, bares y cafés, la gente se agrupaba frente a los diferentes locales, dispuesta a convivir con propios y extraños en torno a las bracitas diminutas y humeantes de unos cuantos 'pitillos', gruñendo y maldiciendo por no poder hacerlo en otro sitio que no fuera en medio de la calle.

 

Este fin de semana, sin embargo, a miles de kilómetros de Ciudad Condal, lo vi repetirse en una especie de extraño déjˆ vu. Gente que no se conocía, unida por el vicio fraternal de todos los chacuacos, despotricando ante la prohibición de consumir tabaco junto con una copa o un buen tarro de cerveza, devolviéndole su verdadero sentido a esa calificación de 'fumadores sociales', mientras algunos expresaban su inconformidad o invitaban francamente a la conspiración y a la desobediencia civil: "¡Deberíamos ampararnos!". "Un buen drink no es lo mismo sin un buen cigarro. ¡Me lleva la...!". O incluso: "¿Por qué no nos juntamos todos aquí afuera y llenamos el cielo con señales de humo? ¡Tal vez vengan refuerzos!".

 

Definitivamente, parece que con la puesta en marcha de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores a muchos nos ha llegado la hora de afrontar el durísimo dilema shakespeariano de 'fumar o no fumar'; so pena de acabar frente a la maquiavélica sonrisa de algún juez o, en el peor de los casos, que la necedad nos conduzca directos a codearnos, durante 36 horas, con individuos variopintos de cuestionable fineza. ¿Y todo por culpa de nuestro herido orgullo de fumadores?

 

¿Qué les puedo decir? Primero, que la citada ley me parece un acierto, incluso a pesar de que yo mismo sea fumador, quizá no demasiado apasionado, lo confieso, pero sí cautivo de hacer donitas de humo, al mismo tiempo le voy dando sorbos a una deliciosa taza de café o entablo una sabrosa charla con algunos amigos... Pero, ni modo, ¡qué se le va a hacer!

 

Sea como sea, los fumadores seguramente podremos recordar, no sin un cierto orgullo de laureados combatientes, los tiempos en los que nos reuníamos para beber y fumar al mismo tiempo y en un mismo lugar. E incluso, muy probablemente, hasta podremos contarlo -al igual que yo lo hago con ustedes- como una experiencia digna de viejas aventuras o tiempos que se añoran.

 

A fin de cuentas, lo más importante de todo es que fumar siga siendo una elección y quienes no fuman puedan mantenerse a salvo de nuestros malos humos -los humos del tabaco, por supuesto-, sin que nadie atente contra la salud de nadie.

 

Tal vez, con algo de suerte, hasta seamos la última generación que consiguió disfrutar de la ahora ya extinta libertad de fumar en sitios públicos. Pero, sobre todo, tal vez seamos los primeros en inaugurar una nueva forma de convivir afuera de los bares, los cafés o los restaurantes, aunque sólo sea mientras nos dura la congoja de haber tenido que dejar nuestra costumbre de fumar en las charlas de café, en las noches de antro o en esa invaluable y grata sobremesa que consiguió, por lo menos entre nosotros, hacer verdad el dicho popular de que 'después de un taco, hay que probar un buen tabaco'.

 

El tiempo pasa, la gente cambia, la vida sigue. ¡Compartamos el último cigarro!

 

 

 

Moraleja:

 

¿Alguien tiene fuego?...

 

 

© Pedro Lara y Malo. laraymalo@hotmail.com

 

 

 

 


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