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Narco: trato distinto
Firman Convenio de Colaboración CDHDF-Colectivo por una política integ
VI.


Necesaria, una discusión seria, abierta y desprejuiciada sobre un tema tabú: CDHDF Comentan el libro Las redes del narcomenudeo de Carlos Alberto Zamudio Angles La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y el Colectivo por una Política Integral hacía...

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Firman Convenio de Colaboración CDHDF-Colectivo por una política integral hacia las drogas

Martes 16 de octubre de 2012 (16/10/12)
ver en cdhdf.org.mx






Necesaria, una discusión seria, abierta y desprejuiciada sobre un tema tabú: CDHDF

Comentan el libro Las redes del narcomenudeo de Carlos Alberto Zamudio Angles

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y el Colectivo por una Política Integral hacía las Drogas (CuPIHD) firmaron un Convenio Marco de Colaboración con el objetivo de generar una aproximación al tema de las drogas desde la perspectiva de derechos humanos.

Durante la firma, el Ombudsman capitalino, Luis González Placencia, destacó que como en muchos temas tabú, lo importante es poder abrirse a la información, de manera tal que la gente pueda tomar decisiones a partir de esto.

Indicó que el estigma que hay en el tema de consumo, ha impedido que los usuarios de drogas asuman esta tarea de hacer una discusión seria, abierta, desprejuiciada, sobre lo que significa ser consumidor.

Explicó que este tema se ha visto desde el punto de vista criminal, que tiende a ver en el consumo de drogas una parte de la cadena relacionada con el tráfico y que por lo tanto debe ser atendida desde la perspectiva del sistema penal, en tanto que la visión del consumo de drogas como enfermedad se identifica con una posición autoritaria, “en ambos casos, el punto de convergencia es el autoritarismo, con una víctima que es el consumidor”.

Señaló la relevancia de aportar un enfoque que elimine los prejuicios que están alrededor del uso de drogas y verlo como un fenómeno de consumo como muchos otros que hay hoy en el mundo globalizado.

Planteó la necesidad de preguntarse cómo ciertos discursos terminan estigmatizando a la persona que consume, y existen miradas que contribuyen a la degradación de las propias sustancias, a que se incremente su valor de cambio en el mercado negro y a generar violencia.

Consideró que la discusión sobre este asunto no se puede ver aislada de toda la cuestión de seguridad y la violencia que se vive hoy, de manera que celebró la posibilidad de hacerlo con una Organización como CuPIHD.

El Convenio da un enfoque de derechos humanos a las políticas asociadas a la prevención de las adicciones y a la persecución de los delitos asociados a las drogas. Se llevarán a cabo acciones de difusión, conferencias y presentación de diagnósticos, publicación de materiales, y de manera central, investigaciones. Así, la CDHDF prevé publicar en 2013 un Informe Especial sobre política de drogas y Derechos Humanos en el Distrito Federal.

En tanto, el Presidente de CuPIHD, Jorge Hernández Tinajero, destacó la apertura de la CDHDF para abordar un tema “largamente ocultado por muchas razones en nuestra sociedad”. Dijo que la relación de la sociedad con las drogas no se limita a una relación de delincuentes con víctimas, “es un mundo que nos afecta a todos seamos usuarios de drogas o no”.

Apuntó que nadie ha considerado, ni el movimiento de derechos humanos ha considerado de manera seria cuál es el papel del usuario de drogas, cuál es su circunstancia frente a la ley, su circunstancia frente a las instituciones, las que en teoría están encargadas de ayudarle: de salud, de justicia.

Opinó que hay una cultura de discriminación hacia los consumidores y ni siquiera están contemplados dentro de los grupos vulnerables, “cuando es necesario se les trata como si fueran enfermos, incapaces de decidir sobre ellos mismos y el Estado tiene que tomar control sobre sus vidas, o bien se les considera delincuentes, se les persigue, se les extorsiona”.

Dijo que en el fondo se les criminaliza por ejercer un derecho, ya que en México no está penalizado el consumo de drogas, sino los actos consustanciales al mismo, “si alguien quiere ejercer este derecho no tiene más camino que el de cometer delitos: comprar en el mercado negro, cultivar, transportar, poseer, transmitir, todos eso verbos que están enumerados en la ley y que hacen que el usuario sea considerado un delincuente a los ojos de la sociedad”.

Expuso la pertinencia de entrar a un debate más pleno y ver alternativas a estrategias que han probado una y otra vez que son fallidas, que no han detenido el uso de drogas, que no han detenido el delito asociado a ellas cuando es el caso, ni contribuido a una mejor administración de justicia. “Es el momento que la ciudad de México dé muestra de una actitud distinta hacia un viejo problema”.

Anunció que próximamente presentarán una Encuesta de usuarios de drogas ilegales en el Distrito Federal, sobre su relación con las instituciones, sobre el proceso de consumo, cuánto gastan, en qué se gasta. También publicarán un cómic didáctico para adolescentes con la idea de eliminar los prejuicios y las viejas fórmulas sobre el uso de drogas.

Luego de la firma de Convenio se comentó el libro Las redes del narcomenudeo del etnólogo Carlos Zamudio, investigador en el CuPIHD, quien relata cómo se reproducen el consumo y el comercio de drogas ilícitas entre jóvenes y barrios marginados.

El autor señaló que cada vez es más común encontrar el consumo de drogas en todo tipo de espacios, de ahí que se cuestionó cómo es que se reproduce este fenómeno, cuando hay tantas voluntades, sobre todo políticas, queriendo evitar que esto ocurra.

Expuso que en las comunidades la venta de droga puede ser ampliamente tolerada, mucho más de lo que se tolera el consumo, “al consumidor se le sigue viendo como un delincuente que bajo el efecto de la droga puede violentarse y violentar a sus vecinos, afectar a sus hijos e hijas; mientras que el vendedor es visto como un comerciante más”.

Detalló que los usuarios y vendedores se vinculan con las distintas policías y autoridades, la Policía Preventiva, por los rondines que hace, sabe dónde se venden y consumen drogas, y si son corruptos esperan a que los compradores salgan del punto de venta para extorsionarlos o llevarlos ante el Ministerio Público.

Apuntó que en el libro señala cómo es que en las poblaciones que históricamente se han sentido desatendidas por las autoridades es que crece más fácil esa ética informal, ese ethos informal en el cual luego se logran adscribir los actos ilegales como es el del comercio de drogas.

Por su parte, el Consejero de la CDHDF, José Antonio Caballero, expuso que el autor relata una historia de estigmas, como la marginación, ya que su investigación se interna en el fenómeno de las drogas dentro de Iztapalapa, recreando el día a día de distintas vidas, advirtiendo problemas y su impacto dentro de la sociedad, “donde parece que podemos voltear hacia otro lado y pretender que no existen”.

Consideró que al concluir la lectura del libro la perspectiva se encamina a que las políticas en la actualidad parecen ciegas: “llevamos 50 años tratando de resolver las cosas con las mismas recetas, y en lugar de resolver se empeoran, familias desintegradas, jóvenes sin alternativas, perseguidos por el Estado; es tiempo de reformar distinguiendo los fenómenos que tratamos de regular infructuosamente”, concluyó. Necesaria, una discusión seria, abierta y desprejuiciada sobre un tema tabú: CDHDF

Comentan el libro Las redes del narcomenudeo de Carlos Alberto Zamudio Angles

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y el Colectivo por una Política Integral hacía las Drogas (CuPIHD) firmaron un Convenio Marco de Colaboración con el objetivo de generar una aproximación al tema de las drogas desde la perspectiva de derechos humanos.

Durante la firma, el Ombudsman capitalino, Luis González Placencia, destacó que como en muchos temas tabú, lo importante es poder abrirse a la información, de manera tal que la gente pueda tomar decisiones a partir de esto.

Indicó que el estigma que hay en el tema de consumo, ha impedido que los usuarios de drogas asuman esta tarea de hacer una discusión seria, abierta, desprejuiciada, sobre lo que significa ser consumidor.

Explicó que este tema se ha visto desde el punto de vista criminal, que tiende a ver en el consumo de drogas una parte de la cadena relacionada con el tráfico y que por lo tanto debe ser atendida desde la perspectiva del sistema penal, en tanto que la visión del consumo de drogas como enfermedad se identifica con una posición autoritaria, “en ambos casos, el punto de convergencia es el autoritarismo, con una víctima que es el consumidor”.

Señaló la relevancia de aportar un enfoque que elimine los prejuicios que están alrededor del uso de drogas y verlo como un fenómeno de consumo como muchos otros que hay hoy en el mundo globalizado.

Planteó la necesidad de preguntarse cómo ciertos discursos terminan estigmatizando a la persona que consume, y existen miradas que contribuyen a la degradación de las propias sustancias, a que se incremente su valor de cambio en el mercado negro y a generar violencia.

Consideró que la discusión sobre este asunto no se puede ver aislada de toda la cuestión de seguridad y la violencia que se vive hoy, de manera que celebró la posibilidad de hacerlo con una Organización como CuPIHD.

El Convenio da un enfoque de derechos humanos a las políticas asociadas a la prevención de las adicciones y a la persecución de los delitos asociados a las drogas. Se llevarán a cabo acciones de difusión, conferencias y presentación de diagnósticos, publicación de materiales, y de manera central, investigaciones. Así, la CDHDF prevé publicar en 2013 un Informe Especial sobre política de drogas y Derechos Humanos en el Distrito Federal.

En tanto, el Presidente de CuPIHD, Jorge Hernández Tinajero, destacó la apertura de la CDHDF para abordar un tema “largamente ocultado por muchas razones en nuestra sociedad”. Dijo que la relación de la sociedad con las drogas no se limita a una relación de delincuentes con víctimas, “es un mundo que nos afecta a todos seamos usuarios de drogas o no”.

Apuntó que nadie ha considerado, ni el movimiento de derechos humanos ha considerado de manera seria cuál es el papel del usuario de drogas, cuál es su circunstancia frente a la ley, su circunstancia frente a las instituciones, las que en teoría están encargadas de ayudarle: de salud, de justicia.

Opinó que hay una cultura de discriminación hacia los consumidores y ni siquiera están contemplados dentro de los grupos vulnerables, “cuando es necesario se les trata como si fueran enfermos, incapaces de decidir sobre ellos mismos y el Estado tiene que tomar control sobre sus vidas, o bien se les considera delincuentes, se les persigue, se les extorsiona”.

Dijo que en el fondo se les criminaliza por ejercer un derecho, ya que en México no está penalizado el consumo de drogas, sino los actos consustanciales al mismo, “si alguien quiere ejercer este derecho no tiene más camino que el de cometer delitos: comprar en el mercado negro, cultivar, transportar, poseer, transmitir, todos esos verbos que están enumerados en la ley y que hacen que el usuario sea considerado un delincuente a los ojos de la sociedad”.

Expuso la pertinencia de entrar a un debate más pleno y ver alternativas a estrategias que han probado una y otra vez que son fallidas, que no han detenido el uso de drogas, que no han detenido el delito asociado a ellas cuando es el caso, ni contribuido a una mejor administración de justicia. “Es el momento que la ciudad de México dé muestra de una actitud distinta hacia un viejo problema”.

Anunció que próximamente presentarán una Encuesta de usuarios de drogas ilegales en el Distrito Federal, sobre su relación con las instituciones, sobre el proceso de consumo, cuánto gastan, en qué se gasta. También publicarán un cómic didáctico para adolescentes con la idea de eliminar los prejuicios y las viejas fórmulas sobre el uso de drogas.

Luego de la firma de Convenio se comentó el libro Las redes del narcomenudeo del etnólogo Carlos Zamudio, investigador en el CuPIHD, quien relata cómo se reproducen el consumo y el comercio de drogas ilícitas entre jóvenes y barrios marginados.

El autor señaló que cada vez es más común encontrar el consumo de drogas en todo tipo de espacios, de ahí que se cuestionó cómo es que se reproduce este fenómeno, cuando hay tantas voluntades, sobre todo políticas, queriendo evitar que esto ocurra.

Expuso que en las comunidades la venta de droga puede ser ampliamente tolerada, mucho más de lo que se tolera el consumo, “al consumidor se le sigue viendo como un delincuente que bajo el efecto de la droga puede violentarse y violentar a sus vecinos, afectar a sus hijos e hijas; mientras que el vendedor es visto como un comerciante más”.

Detalló que los usuarios y vendedores se vinculan con las distintas policías y autoridades, la Policía Preventiva, por los rondines que hace, sabe dónde se venden y consumen drogas, y si son corruptos esperan a que los compradores salgan del punto de venta para extorsionarlos o llevarlos ante el Ministerio Público.

Apuntó que en el libro señala cómo es que en las poblaciones que históricamente se han sentido desatendidas por las autoridades es que crece más fácil esa ética informal, ese ethos informal en el cual luego se logran adscribir los actos ilegales como es el del comercio de drogas.

Por su parte, el Consejero de la CDHDF, José Antonio Caballero, expuso que el autor relata una historia de estigmas, como la marginación, ya que su investigación se interna en el fenómeno de las drogas dentro de Iztapalapa, recreando el día a día de distintas vidas, advirtiendo problemas y su impacto dentro de la sociedad, “donde parece que podemos voltear hacia otro lado y pretender que no existen”.

Consideró que al concluir la lectura del libro la perspectiva se encamina a que las políticas en la actualidad parecen ciegas: “llevamos 50 años tratando de resolver las cosas con las mismas recetas, y en lugar de resolver se empeoran, familias desintegradas, jóvenes sin alternativas, perseguidos por el Estado; es tiempo de reformar distinguiendo los fenómenos que tratamos de regular infructuosamente”, concluyó.

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Jonás Sartre :
Los usuarios de drogas tienden a ser estigmatizados por amplias capas de la sociedad, la intergación de estos como sujetos de derecho como <identidades psicoactivas> nos permite visibilarar un Estado incluyente y donde la formación de ciudadanos que se relacioan con diferentes actores y bajo los mecanismos de las redes del Estado con dignidad y reconocimiento dará paso a la conformación de mejores ciudadanos y de una sociedad cada vez mas justa.
25/10/2012 | 13:18
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